Historias

Anécdota viajera: En busca del atardecer

Annie Navia

Arquitecta de profesión, viajera por vocación y soñadora a tiempo completo. Creo en el viajar como parte del aprendizaje sobre otras culturas. Escribo solo para recordar y compartir aquellas experiencias que enriquecen mis viajes y alimentan mi vida.

Érase una vez una linda princesa (cómo todas las princesas), que en su vida había besado muchos sapos. Está bien, no tantos, pero si varios… Hasta que por fin encontró su príncipe azul. Después de ser novios, libre y espontáneamente decidieron casarse y ser felices por… (¿por cuánto es que era?) bueno, por lo menos por un buen tiempo. Vivían en un reino muy lejano, pero cómo todo cuento de hadas tiene su lado oscuro… les confieso que la princesa era yo (linda eso sí) y el sapo (perdón, el príncipe azul) era mi esposo. Vivíamos en Barcelona cuando aconteció nuestro tercer aniversario.

Atardecer en Venecia – Foto Annie Navia

A mí siempre me han gustado las sorpresas y consentir a aquellos a quienes amo, así que para esta fecha quería algo diferente y romántico, ¡muy romántico! Con mucho esfuerzo le regalé una escapada de un fin de semana a Venecia. Yo ya conocía la ciudad, así que pude pensar en cada detalle para que nuestro itinerario fuera perfecto. Para el primer día programé una ruta que rematara en la Iglesia de “Santa María de la Salute” para ver el atardecer. Aunque estábamos cansados porque habíamos dormido poco, caminamos sin parar, recorrimos los canales, atravesamos sus puentes, visitamos iglesias y nos besamos en cada esquina… (esto no es cierto, pero suena bien). Ya comenzaba a caer el sol, y mi plan iba bien, estaríamos justo a tiempo donde quería para ver el atardecer más romántico de mi vida, seguro nos abrazaríamos y nos juraríamos amor eterno. Llegamos a nuestro destino y nos sentamos en el piso, yo estaba muy emocionada, no importaba que ya hubieran pasado tres años, aún me sudaban las manos, mi corazón se aceleraba y de repente solo sucedió… me tomó las manos como lo había soñado, me miró a los ojos fijamente y me dijo: Anita… voy a dormir 15 minutos, me besó y se acostó. Yo no podía creerlo… pero en ese entonces el amor me daba para mucho, así que mientras contemplé ese hermoso atardecer sola, cuidé su sueño. Cuando se despertó, caminamos por las pequeñas calles y entonces soltó una de sus apreciaciones y me dice: ¿Anita, no te parece que Venecia es muy romántica? No sé porque, pero yo solo recordé el atardecer de ese día.

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