Opinión

Año nuevo vida… ¿Nueva?

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Se acabó el 2020, año que, para muchos, fue una verdadera “mierda”. Por supuesto, todo depende de dónde se mire y quién lo mire. Si bien es cierto, la llegada del Covid-19 ha generado todo tipo de cambios, también es cierto que el haber salido vivos de esa situación es una gran fortuna. Lo que sucede es que, y aunque parezca algo religioso, una gran mayoría de personas no suelen fijarse en esos pequeños detalles que da la vida, Dios, los dioses, la madre tierra o quien sea, como, por ejemplo: vivir, respirar, comer, tener a sus seres queridos vivos, conservar un trabajo, no tener bombas sobre la cabeza, entre otras.

Lo anterior no quiere decir que tengamos que ver las cosas color de rosa ya que lo que está sucediendo no es para nada color de rosa. Primero, e insisto que es realmente preocupante, el calentamiento global crece a pasos agigantados; sí, el enemigo invisible ahora es más visible que antes, pero, el ser humano no lo quiere ver.

Segundo, la pandemia tiene unos componentes que son bastante inquietantes y no me refiero únicamente al tema de morir por la misma sino al control que los gobiernos están aplicando sobre las poblaciones. Aunque de eso no vamos a hablar.

Ahora bien, según las estadísticas el 2020 cierra con 1,8 millones de muertos en todo el mundo, solo por Covid-19 por supuesto. Ahí es donde, definitivamente, deberíamos sentirnos afortunados de no hacer parte de estas estadísticas.

Por otro lado, nos encontramos que en países como Colombia el año nuevo arrancó con masacre de 2 de enero, con hospitales atiborrados, con una cantidad abrumadora de infectados y otro gran número de gente a punto de morir; del mismo modo, inició con un aumento salarial que, como siempre, no alcanza para ni para el papel higiénico, así como con personas quemadas con pólvora y con cientos de heridos por riñas de fin de año.

No obstante, no podemos decir que estas manifestaciones de ignorancia son propias de nuestro país, no, Francia, USA, Canadá y otros países también tienen un sin número de situaciones en donde las personas cometen todo tipo de imprudencias y desobediencias que comprometen sus vidas y la de los demás.

Por supuesto, no es sencillo pretender que las cosas marchen como deberían marchar. Menos con todo lo que está pasando y que, indiscutiblemente, difícilmente cambiará, ya que el año nuevo y su vida nueva no es más que un imaginario de esos que nos gusta hacernos para poder sobrevivir a esta dura realidad.

En efecto, el hambre, la falta de oportunidades, la mala calidad de vida, la delincuencia y todo lo que conlleva a la dictadura de los gobiernos disfrazada de democracia en muchos lugares del mundo en donde realmente priman los intereses personales por encima de los colectivos, son el augurio de un posible colapso de todos esos pueblos sometidos, ignorantes y mendigos.

En efecto, el exceso, el afán de compra, el no tener mayores preocupaciones que comprar el último juego o celular y todos los efectos de las sociedades consumistas, son el augurio de un posible colapso de todos esos pueblos sometidos a un sistema, ignorante y ávidos de tener.

Y si le sumamos la pandemia y toda la desinformación que gira alrededor de la misma, entre ellas los efectos secundarios que posiblemente van a causar las vacunas que se crearon en medio de una carrera que, más parece una fórmula para satisfacer las demandas del mercado y el lado experimental que para contrarrestar verdaderamente a la pandemia o los productos milagrosos que ahora dicen ser la salvación, la cosa parece ponerse más oscura.

Como sea, vivimos en la eterna dicotomía del agradecer las cosas buenas de la vida y el no perder la noción de la realidad en ese agradecimiento. Dicho en otras palabras, luchamos para no perdernos en el fanatismo del positivismo, ni sucumbir en el pesimismo aforado por lo que se vive.

Sí, muchos de nosotros seguimos siendo afortunados al tener a los nuestros con vida y sanos todos; somos afortunados de tener un trabajo un techo y, sobre todo, de poder salir a trabajar o a recrearnos; pero, el año nuevo vida nueva en estos tiempos extraños, no deja de ser la folclórica letra de una canción que tiene los efectos de un placebo en esa esperanza que tenemos año tras año.

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