Opinión

Carta abierta al presidente Abelardo de la Espriella

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Presidente: excelente idea la que ejecutó en la madrugada del pasado 24 de septiembre, junto al alcalde de Cali, de intervenir el Calvario y Sucre, barrios que han deteriorado considerablemente a la ciudad hermosa y pujante que alguna vez conocimos. Pero, le pregunto, ¿qué va a pasar con el habitante de calle? ¿Cuál va a ser el plan social que se establezca para aquellas personas que, por diversos o diferentes infortunios de la vida, tienen por habitación una calle de estos barrios? No podemos seguir repitiendo el error de creer que, porque ponemos un bonito edificio, los problemas que circundan la zona se van a ir.

Cali ha vivido esta situación en tres oportunidades y ninguna ha funcionado: la primera fue en los años 70, cuando los juegos Panamericanos. En aquel momento, se construyó el hotel Petecuy y se le otorgaron grandes beneficios tributarios para impulsar su sostenimiento. Desafortunadamente jamás se miró hacia la zona de una manera diferente y continuó siendo la misma zona deprimida, con un hermoso hotel. Por eso, en cuanto terminaron los alivios, el hotel tuvo que cerrar porque no era autosostenible. La gente no quería quedarse en un lugar donde no se sentía segura.

También lo vivimos con Ciudad Paraíso. En plena ‘olla de la ciudad’, como se le ha llamado al sector, se construyeron unidades residenciales para que las familias viniesen a ocuparlas. Y aunque hay alguna ocupación por ser viviendas de más fácil acceso con un objetivo aspiracional, no es común que las personas salgan a pie por las puertas de la unidad. El entorno los hace sentir inseguros.

Hoy, tenemos las obras del barrio Obrero, que embellecen y enaltecen una zona de la ciudad que está basada y pensada en uno de los iconos culturales que nos representa: la salsa. Sin embargo, una vez más, nadie pensó en qué iba a pasar con las personas que habitaban las calles de este barrio cuando comenzaran las obras… y se repitió la historia que ya habíamos padecido.

Como testigo de dos de estos tres casos, puedo confirmar que, lo único que ocasiona esta intervención física sin una verdadera intervención social, es el desplazamiento del caos. Hoy y como consecuencia de todas estas intervenciones desajustadas, usted puede recorrer barrios como Granada, Centenario, Versalles, San Vicente y hasta Santa Mónica, sólo por nombrar los más cercanos y, en algunas cuadras, encontrar hasta 3 y 4 habitantes de calle pasando sus días, muchos de ellos, nuevos en el sector.

Algunos reciclan, dejando un caos y desorden a su alrededor; otros consumen, por lo que hemos debido acostumbrarnos a que nuestro entorno esté lleno de pipas y de olor a marihuana. Otros se sientan en nuestros parques, cuya presencia intimida a mujeres y niños, quienes prefieren estar en sus casas, que disfrutando del lugar que se sostiene con sus impuestos. Otros utilizan nuestros andenes y zonas verdes de sanitarios, por lo que usted ya imaginará a qué huelen y, en muchos casos, estas personas roban para poder sobrevivir. Y se roban lo que sea, porque la esperanza de un porro o un pase, los lleva a hacer hasta lo imposible, como ponerse una unidad de aire acondicionado al hombro por varias cuadras, con tal de lograr unos pesos para satisfacer su adicción.

La solicitud que hoy, en nombre de muchos caleños le hago, es sencilla: no descuide crear un verdadero plan de choque que permita, a todas estas personas, desintoxicarse, rehabilitarse y reincorporarse a la sociedad. Para eso, puede apoyarse en las leyes que, estoy segura, usted mejor que yo, conoce: la Ley 1566 de 2012 que establece como un asunto de salud pública el consumo de sustancias psicoactivas y lo considera una enfermedad; además de la Ley 1616 de 2013, que reconoce que el consumo de SPA es una problemática relacionada con la salud mental. Esas leyes le pueden dar las herramientas legales para crear lugares donde puedan resguardar a estas personas mientras se rehabilitan, con el debido respeto de sus derechos, evitando que su comportamiento continúe perjudicando a la comunidad. Tenerlos en un ambiente controlado y alejado de aquellas prácticas que los llevan a consumir, debe hacer parte del plan de rehabilitación y reinserción a la sociedad que ellos necesitan, así que termina siendo un paso hacia el éxito.

Lo que se hace actualmente, desde la Secretaría de Bienestar Social, con la mejor de las intenciones, pero con pocos resultados, que consiste en llevarles comida a la calle donde se encuentran, con la oportunidad de una ducha y ropa limpia, no es darles verdadera dignidad, es decirles «Estás mal y te quiero así» y eso no es lo que merece nadie. Ninguno de nosotros está exento de caer en una mala situación, tomar una mala decisión o perder el norte, pero, ¿lo ideal no sería buscar una forma de salir de allí? ¿Que como Estado y sociedad los lleváramos de la mano a recuperar el rumbo?

Y nos desenfocamos aún más, cuando creemos que respetarlos es darles permiso para hacer lo indebido en la calle y a la vista de todos. Sólo piénselo: ¿Quién quiere aguantarse y cuidar al borracho de la fiesta? ¡Nadie! Y, después de la resaca, todos le caen encima y le dicen que no lo vuelva a hacer. Entonces, ¿por qué tenemos que permitir que nuestras calles sean zonas de consumo y de una serie de comportamientos indebidos o inapropiados, que el Estado ampara, bajo un falso respeto al «libre desarrollo de la personalidad»? A usted le pido que continúe trabajando por el beneficio de las mayorías, con el debido respeto por las minorías, pero que ellas también respeten y entiendan que hacen parte de una sociedad que los necesita y que quiere que encajen. No puede ser que, por ser habitante de calle, una persona considere que está más allá del bien y del mal y que nadie puede frenarlo, por lo que se dedica a delinquir sin miramientos ni pudor.

Cuando usted pueda, lo invito a conocer casos exitosos de rehabilitación en Cali, de gente que, aunque al principio no estaba tan segura de querer rehabilitarse e incluso recayó en el proceso, hoy sigue libre de drogas y por el camino de servir a la sociedad, que es lo que todos debemos hacer. Porque en nuestras manos está construir un mundo donde quepamos todos, desde el respeto y la coherencia, para evolucionar y desarrollarnos juntos.

Presidente, haga usted el milagro: pose su mirada sobre este sector poblacional y, casi que puedo garantizarle que, al ayudarlos para su recuperación tendrá, no solo solucionados gran parte de los problemas que la descomposición social ha ocasionado, también a gente dispuesta para ayudar a otros y así, trabajando en equipo, lograremos que el habitar en calle sea únicamente un corto impase en la vida de quienes habitan esta hermosa patria.

 

Con respeto,

 

Adriana Bermúdez Arango

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
  • https://virtual4.emisorasvirtuales.com:8190/live
  • Tolima Online