Opinión

Cómase una empanadita mejor

Luis Carlos Rojas García

Escritor

“El abuso del poder es una enfermedad, al parecer incurable del ser humano y, claro, que produce desorden”

(Salvador de Madariaga)

Colombia, La patria boba, Tranquilandia, Bolombia, el país del sagrado corazón de Jesús, la tierra del olvido, la tierra del amarillo, azul y rojo estigmatizada por el narco y sus derivados políticos; el mismo lugar en donde la gente sale a decirle a uno debería dejar tanta criticadera, que lo mejor es que uno se haga el pendejo y hable de cosas bonitas o “positivas” que llaman, porque de qué sirve sostener una voz de protesta por las cosas que pasan cuando es mejor seguir comiendo calladitos y barriendo la basura bajo la alfombra para que nadie se dé por enterado.

Lo que me lleva a reafirmar que son precisamente los comentarios y comportamientos de la misma gente del común que fortalece la corrupción, el abuso, los asesinatos entre otras cosas y, a la final, unos y otros terminan siendo cómplices.

Ahora bien, en verdad uno quisiera escribir sobre cosas más amables, por ejemplo, sobre cómo un gobierno es capaz de mejorar las necesidades básicas de las personas; cómo servicios de agua y luz llegan a todos los hogares colombianos, porque es bien sabido que existen en este siglo cientos de personas que todavía tienen que ir en burro a buscar agua y que no saben que es la luz más allá de una mecha envuelta en parafina; a uno le gustaría además, hablar sobre un salario mínimo decente, que alcance para vivir dignamente y, ahora en tiempos de pandemia, a uno le gustaría hablar sobre una cobertura educativa y alimentaria que permita llevar a cabo procesos esenciales y culturales en la construcción social.

Sin embargo, uno se va encontrando cada día cosas nuevas, la mayoría relacionadas con lo malo, con el abuso de poder en todas las categorías, al punto que rayan en lo absurdo. Situaciones que no tienen lógica como, por ejemplo, pensar en todos esos carteles narcos que llegaron a tener tanto poder frente a la mirada complaciente de gobernantes corruptos.  Aunque eso no ha cambiado mucho hoy en día, basta con observar la manera descarada que los patrones de la merca ambulante hacen de las suyas cuando tienen que encargarse del negocio ellos mismos ya que personajes como Escobar, los Rodríguez y otros fueron, o silenciados o desaparecidos para que no abrirán la boca. A la final todos resultaron siendo idiotas útiles que hicieron por un tiempo el trabajo sucio.

No obstante, el tema de estos carteles es más viejo que la moda de caminar a pie, como decía el abuelo. De carteles hemos visto de todo, y no solo los que tienen que ver con el narco no; desde cartel de la papa, la cebolla, el cilantro, las medicinas, las camas de hospitales, la contratación, hasta los más recientes como los son los de la empanada, el tapabocas y hasta los del Covid-19.

Justamente en estos días estaba tratando de recordar la razón por la cual hace un par de meses, tal vez menos de dos años, a la gente en nuestro país la multaban por comer empanada en la calle y me encontré con que hoy en día las autoridades colombianas, que han jugado un papel de cómplices en muchas cosas relacionadas con el narco y los carteles, ahora ponen multas a la gente que va en carro y no lleva tapabocas. Dice el meme: “¡Marica ya! Es irrisorio ver la cantidad de multas que se inventan, incluso a la gente que hace teletrabajo y hasta a los artistas que andan en el abandono total en un país en donde la cultura no es que valga tanto.

Aunque la verdad eso de estar persiguiendo a los que no tienen que perseguir no es cosa de ahora, eso ya es una tendencia y se pone de moda dependiendo la situación por la que atraviese el país.

En fin, los carteles han existido desde siempre, lo mismo que el abuso de las autoridades y de la gente que cree que todo lo puede, y por supuesto, se fortalecen gracias a la complicidad de la misma gente. Por eso, en la patria boba, que digo boba, bruta, la corrupción está a la orden del día y seguiremos encontrando que cuando menos lo pensemos haremos parte de alguno de estos carteles que más parecen una broma de mal gusto, un chiste de algún humorista sin humor.

Por esta y muchas razones más es que uno no puede estar escribiendo cosas que no son ciertas, aunque esto incomode a más de uno. De ahí que lo invito a usted que poco o nada le importa la situación del país y que se enoja con uno por las cosas que uno escribe y piensa, a que cuando pase la cuarentena vaya donde doña Marinita y sin pensarlo dos veces: ¡Cómase una empanadita, cómase una empanadita mejor!

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