Historias

Cuando no vibras en el amor vibras en el miedo

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Hay una palabra que escucho o leo casi a diario en los dos idiomas a los que estoy expuesta; la encuentro ya sea en la información que circula, con algunas personas con las que converso o al oír desprevenidamente alguna charla, es una palabra paralizante porque frena la vida y define la emoción de más baja vibración: el miedo.

El primer miedo que creo recordar lo estableció mi mente, fue imaginar la ausencia permanente de mi padre, un miedo infantil arraigado a la idea de no querer perder a la persona amada y de desear tenerla cerca corporalmente. No me sucedía igual con mi madre, mi pensamiento de niña tenía la certeza de que ella estaría conmigo muchísimo más tiempo. Luego, también en la infancia, experimenté un miedo, está vez real, fue el día en que subí a Space Mountain en Magic Kingdom, tenía alrededor de ocho años y era mi primera vez en Disney World, mi madre y yo ingresamos engañadas por nuestra acompañante a la atracción y creímos que era un trayecto con movimientos alejados del vértigo. Fueron unos minutos pavorosos, salí asustada y llorando, la situación generó mi disgusto por estos vagones que suben y bajan en circuitos y para mí no es una forma agradable de descargar adrenalina. Tampoco me he retado o he deseado vencer ese temor, me detengo ante las emociones de alto riesgo y lo más vertiginoso que he hecho desde entonces ha sido subir a la montaña rusa del Pájaro Loco y esperar en la cordillera para volar ligera y abrazar el aire en parapente, eso fue un día en el que el soplo del viento fue desfavorable e hizo que dicho desafío fuera pospuesto o cancelado.

La sensación de vacío está fuera de mi control y es posiblemente el mismo hueco que he sentido otras veces en el estómago, esa cavidad en el plexo solar y por la cual recité alguna vez historias en un diván. Seguro es el mismo vacío que mi mente de niña programó desde antes de que mi padre me dejara.

Existen varias clases de miedos y todos los padecemos en diferentes escalas, la naturaleza del miedo es la supervivencia. Hay miedos necesarios, esos que nos alertan y hacen que nos protejamos cuando estamos en una situación de alto riesgo, es cuando se detecta el peligro y es momento de correr, luchar o esconderse. Hay miedos controlados, en donde no se permite que las situaciones se salgan de las manos y hay miedos desbordados y paralizantes, es allí cuando creo que la emoción actúa como un veneno porque puede impedir alcanzar objetivos, puede matar.

Unos pocos no sienten miedo, esta minoría tiene inhibida la actividad de la amígdala cerebral, el centro nervioso de dicha emoción en el cerebro y que detecta el peligro y da respuesta para alejarnos de la amenaza. Algunas de estas personas pueden tener el Síndrome de Pontius, éste afecta la percepción ante las actividades de alto riesgo y no intimidan ya que no se advierten como un peligro. Quizás esa persona que conoce que se inclina hacia los deportes extremos, a las experiencias intensas, que siempre está buscando sensaciones, o incluso tiene conductas temerarias pueda tener dicho síndrome.

La lista de miedos puede ser larga, hay quienes temen a todo: miedo de vivir la vida, al futuro, miedo a tomar decisiones, al fracaso, a equivocarse, a la soledad, a las ausencias, al rechazo, a no encajar, al que dirán, a sufrir, a la enfermedad, la vejez y la muerte, miedo al compromiso, miedo a enamorarse y al amor mismo. Miedos conocidos y desconocidos, miedos a personas, animales, cosas y situaciones. Miedos, fobias, angustias y ansiedades.

El miedo está tan arraigado a lo cotidiano que hasta en refranes y frases coloquiales es utilizada la palabrita, no me diga que no ha sentido por ejemplo un frío de miedo.

Con el tiempo se van superando, enfrentando y venciendo temores, haciendo cosas inimaginables, desafiándonos algunas veces a nosotros mismos. También con el tiempo, se puede quedar petrificado e inmóvil en la emoción y estancado en el miedo mismo. El miedo es esa emoción perturbadora que puede obstaculizar la consecución de metas y situaciones positivas, cuántas veces nos hacemos autosabotaje por sentir tanto miedo. El miedo irracional estorba, obstruye, imposibilita, restringe, gasta la energía y los recursos vitales de nuestro cuerpo, desequilibra. De qué le sirve ser brillante si teme brillar. O se vibra en el amor o se vibra en el miedo, estudios serios manifiestan que sólo tenemos estas dos emociones y de allí se desprenden las demás.

Retornando a mi infancia, crecí en un ambiente seguro, libre y confiable, todos mis miedos fueron establecidos por mi mente y gran imaginación.

Les dejo la imagen pacífica de Tara Blanca, energía femenina de Buda, Tara nació de las lágrimas y significa libertadora, es testigo del sufrimiento de los seres, calma angustias, miedos y sana sufrimientos.

Porque es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será…porque hay miedos que fueron y se fueron, otros están, unos seguramente llegarán, porque sigo temiendo a las ausencias, a la mentira, a los silencios. Porque es momento de no magnificarlos, liberarlos y de tomar grandes riesgos. Algunas cosas hay que hacerlas porque la vida las exige.  Si no vibras en el amor, vibras en el miedo.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba