Opinión

De Medusa al Derecho de Pernada – Agresiones Sexuales en la Historia

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

Esta semana se instaló frente al Tribunal Penal del Condado de Nueva York en el Bajo Manhattan, donde Harvey Weinstein fue juzgado y sentenciado a 23 años de prisión por violación y agresión sexual, una estatua de bronce de dos metros de alta llamada “Medusa con la cabeza de Perseo”, obra del artista argentino Luciano Garbati, quien invierte la trágica historia de Medusa tratando de reivindicar a quien en la mitología griega era considerada como una de las tres gorgonas (en griego antiguo γοργώ gorgō o γοργών gorgōn, «terrible») al ser descrita como un “despiadado monstruo femenino”.

Cuenta la leyenda que Medusa fue una hermosa doncella con una esplendorosa melena que sufrió una metamorfosis al “atreverse a rivalizar” con Atenea.  La cólera de ésta se despierta cuando Poseidón viola a Medusa en uno de sus templos, razón por la cual la diosa, lejos de castigar al violador, decide más bien transformar a la víctima en un monstruo con cabeza de la que brotaban serpientes y una mirada tan penetrante que quien la sufría se convertía en piedra, esto último con el objetivo de que nadie volviera a atreverse a mirarla.

Según el mito griego, Perseo era un semidiós, hijo de Zeus y de la mortal Dánae. Polidectes, que se había enamorado de Dánae, pensó que Perseo estorbaba a sus planes y amenazó a éste con cortar la cabeza de su madre si no le traía la cabeza de Medusa.  Atenea, fiel a sus sentimientos de venganza hacia Medusa, contribuyó con la causa dándole un escudo que al tiempo funcionaba como un espejo.

Perseo utilizó el escudo para no mirar a Medusa directamente y así alcanzó a cortar la cabeza de la gorgona escapando al hacerse invisible con el casco que le había dado Hades, dios del inframundo de los muertos.

Papyrus Salt 124

La primera agresión de la historia

Un manuscrito egipcio de 3.000 años de antigüedad está siendo reevaluado como uno de los primeros registros de agresión sexual por parte de un hombre poderoso, informa “The Independent”. Se trata del papiro conocido como “Papyrus Salt 124”, que se exhibe en el Museo Británico de Londres desde principios del siglo XIX, cuando el egiptólogo Henry Salt lo sustrajo de Egipto.

El manuscrito es una demanda contra Paneb quien era el principal capataz en una comunidad de artesanos que construían tumbas reales en los años 1200 a.C. en la ciudad de Tebas. El autor del papiro, Amennakht, decidió formular sus denuncias ante el visir del faraón. Según sus acusaciones, Paneb ocupó su cargo de jefe indebidamente, gracias a sobornos, y era el autor de la denuncia quien debería ser el capataz principal.

Para dar más peso a sus alegaciones legales, Amennakht también presenta una letanía de acusaciones de agresión sexual y adulterio acusando a Paneb de abusar de una mujer llamada Yemenwaw, a la que arrancó la ropa, la «arrojó contra una pared y la violó».

Aunque no conocemos el desenlace de este hecho, es indudable que el mismo fue expuesto, no en consideración de la víctima sino como parte de un plan revanchista del capataz no seleccionado. Resultaría interesante conocer las consecuencias de esta acusación para Yemenwaw en tiempos en que la mujer siempre era considerada culpable de la violencia ejercida sobre ella.

La Violación de las Sabinas, Pablo Picasso (1962)

La violación de las Sabinas

La fundación de roma en el año 750 a.C., cuna del mundo occidental, fue inmortalizada entre otros artistas por Picasso quien la recreó en 1962 en su cuadro “La violación de las Sabinas” que actualmente se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Boston.

Según la leyenda romana Rómulo y Remo fundarían una ciudad, pero una pelea entre hermanos por el lugar exacto en el que debían establecerla terminó con la vida de Remo en manos de Rómulo que arrepentido le puso su nombre a la ciudad de Roma. En Roma habitaban hombres fuertes y valientes, pero en cambio no había mujeres para garantizar la continuidad de las generaciones.

Rómulo solicitó a los pueblos vecinos los derechos a contraer matrimonio, pero no estaban dispuestos a compartir sus mujeres. Ocultando su molestia envió a sus mensajeros para que invitaran a sus vecinos a una celebración en honor a Neptuno en la que se iban a realizan unos grandes juegos ecuestres. Entusiasmados ante la perspectiva de una fiesta de este tipo y la curiosidad de echar un vistazo a la nueva ciudad, los habitantes de la Sabina acudieron a la celebración acompañados con sus mujeres y sus hijos.

Cuando comenzaron los juegos y todos estaban distraídos, se dio la señal y los hombres romanos corrieron tras las muchachas, la mayoría mujeres de la Sabina, y se las llevaron hacia sus hogares.

Tras la captura de las sabinas Rómulo trató de ganarse el afecto del pueblo vecino prometiéndoles la honorabilidad del matrimonio, y asegurándoles que compartirían sus bienes y les ofrecerían derechos civiles para que se convirtieran en madres de hombres libres. Aseguró a las mujeres que en los maridos romanos encontrarían más afecto que en otros hombres de otros lugares. Nada de esto evito la guerra, en un bando los ahora maridos de las Sabinas y en el otro sus padres.  Ante esta perspectiva las mujeres intervinieron: “No importa quién sea el vencedor, quedaremos viudas o huérfanas”. La batalla se detuvo, los pueblos convivieron en paz y las mujeres finalmente terminaron conviviendo con quienes en un primer momento habían sido sus agresores.

Para que los romanos no olvidaran de dónde procedían sus madres se inició una tradición, los maridos llevarían a sus novias al umbral de su nuevo hogar del mismo modo que los primeros romanos habían llevado a las primeras Sabinas, cargadas en brazos. Esta tradición ha sobrevivido durante más de 2700 años y todavía se conserva en algunas culturas latinas, muy seguramente sin entender con claridad su significado.

Lucrecia Muerta, Damián Campeny (1804-1833)

Lucrecia y la caída del imperio

Las agresiones sexuales fueron frecuentes en la recién fundada Roma y fue el suicidio de una víctima de violación lo que causó la caída del imperio romano y el comienzo de la República. La violación de Lucrecia por parte de Sexto Tarquinio en el 510 a.C., generó una gran atención por parte de artistas y literatos en la historia cultural occidental, entre otros William Shakespeare. Tarquinio habría amenazado a Lucrecia con elegir a uno de sus esclavos más bellos, matarlo y poner su cadáver desnudo en su lecho, con lo que quedaría deshonrada por adúltera en la memoria de Roma y de su esposo si no accedía a sus deseos.  Obligada a someterse a la violación, Lucrecia refirió la violación a su esposo y a su padre, pidiéndoles venganza, decidiendo posteriormente suicidarse porque, al parecer, ninguna mujer podía quedar autorizada con su ejemplo a sobrevivir a su deshonor.

El derecho de pernada o «ius primae noctis»

El Derecho de Pernada

El derecho de pernada o «ius primae noctis» era el privilegio feudal por el que los nobles de la edad media tenían potestad de pasar la noche de bodas con la mujer de sus vasallos, esto es, de arrebatarles su virginidad.

Tal derecho se mantuvo hasta 1486, cuando con la Sentencia arbitral de Guadalupe, Fernando El Católico puso fin a muchos de los abusos de la nobleza contra los vasallos catalanes entre los cuales se menciona que «ni tampoco puedan [los señores] la primera noche quel payés prende mujer dormir con ella o en señal de senyoria» dando fin a dicha atrocidad.

Víctimas de la envidia, del poder, de la incomprensión o de las costumbres de la época, las mujeres agredidas sexualmente han sido culpadas por la violencia ejercida sobre ellas a lo largo de la historia.  Sus tragedias son un recordatorio de la protección que la sociedad debe brindarles cuando levantan su voz valientemente en contra de sus agresores sexuales permitiéndoles salir de los estrados simbólicamente, como lo hizo la Medusa de Garbati, con la cabeza de su victimario en su mano.

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