Historias

El primer vuelo entre dos ciudades colombianas llegó a Ibagué

Germán Niño

Economista y Bloguero.

El primero de noviembre del año 2019 pasó sin pena ni gloria en Ibagué, sin tener en cuenta que esa fecha era muy importante para la ciudad. Ese día se cumplieron 100 años del primer vuelo entre dos ciudades colombianas, incluyendo decolaje y aterrizaje, entre Flandes e Ibagué, ambas en nuestro Tolima. El piloto que realizó la hazaña fue el virginiano William Knox Martin, quien hizo historia a todo lo largo del año 1919, recién pasada la gripa española en nuestro país. En 5 alucinantes meses, William Knox Martin realizó el primer vuelo postal en Colombia junto a Mario Santodomingo, hizo varias exhibiciones aéreas en Bogotá, fundó una escuela privada de aviación en Girardot y finalmente culminó su odisea con el vuelo entre Flandes e Ibagué.

¿Quién era Knox Martin?

Knox Martin tenía 24 años a comienzos de 1919 y ya tenía una larga historia como piloto tipo Indiana Jones. Había comenzado a volar en septiembre de 1913 y llevaba 5 años de aventura en aventura. Participó en una expedición aérea al Orinoco, llena de obstáculos y grandes aventuras. Fue contratado como aviador por Pancho Villa, para bombardear posiciones enemigas, aprendiendo español en pocos meses. Viajó al lejano oriente, formando parte del ejército revolucionario de Sun Yat-Sen. En la Primera Guerra Mundial, entrenó pilotos canadienses en Inglaterra y luego fue piloto de la aviación de Estados Unidos. Al terminar la guerra en 1918, comenzó a trabajar con la Boeing y posteriormente con Glenn Curtiss, constructor de aviones en Estados Unidos.

William Knox Martin – Foto Germán Niño

En los hangares de la Curtiss se encontraba trabajando Knox Martin a comienzos de 1919, cuando fue llamado para que atendiera a dos empresarios bogotanos que querían comprar una máquina para iniciar la aviación en Colombia. William conversó en español con Carlos Obregón y Ulpiano Valenzuela y les vendió un biplano Curtiss Standard J-1, construido en madera y tela, con un motor de 150 caballos. Pero al visualizar lo podía hacer en Colombia, un país muy extenso con pocas vías de comunicación, William decidió comprar su propio avión, aprovechando las muchas unidades disponibles en Estados Unidos al fin de la Primera Guerra Mundial.

William Knox Martin Piloto – Foto Germán Niño

El viaje a Barranquilla

Knox Martin se compró un biplano Curtiss de 2 asientos, con ocho cilindros y 200 caballos de fuerza, lo adornó al costado del fuselaje con grandes letras W. KNOX MARTIN, lo embaló en cajas y tomó el primer barco hacia Puerto Colombia, donde llegó a comienzos de mayo de 1919. Se alojó en la Pensión Inglesa de Barranquilla y comenzó a buscar posibles socios. Rápidamente conoció en el Club Barranquilla a 3 entusiastas jóvenes, a quienes convenció de ser sus socios en la aventura. Eran Mario Santodomingo, Ernesto Cortissoz y Arturo de Castro. De acuerdo con varias fuentes, los muchachos pagaron 2000 dólares para poder ser socios del aviador gringo.

Apenas llegó el avión a Barranquilla, lo ensambló en compañía de improvisados mecánicos colombianos y lo exhibió ante asombrados espectadores en el Teatro Municipal de Barranquilla, que pagaron 10 centavos por las plateas. Anunció el primer vuelo para el domingo 15 de junio, cobrando por las entradas como se hacía en las ferias de Estados Unidos. En este primer vuelo al nivel del mar, Knox Martin se lució ante los asombrados barranquilleros, haciendo toda clase de piruetas, las que culminó con un “looping the loop” y un paso entre las dos torres de la Iglesia de San Nicolás en Barranquilla. El público deliraba y los nuevos socios estaban muy entusiasmados.

El miércoles 18 de junio de 1919, Knox Martin decidió hacer historia. Anunció que viajaría con un pasajero, llevando un envío postal hacia Puerto Colombia. En la Plaza 11 de noviembre de Barranquilla, repleta de espectadores, no salía ningún voluntario. Finalmente, ante la insistencia de William, el joven Mario Santodomingo se animó y se subió al Curtiss. Luego de 10 minutos de vuelo, arrojaron un paquete que contenía 164 cartas en la Plaza de Puerto Colombia. Nacía así el correo aéreo en nuestro país.

Estampilla Conmemorativa 75 años

El viaje al interior del país

Pronto se conocieron estas noticias en el interior del país. Los bogotanos no estaban muy contentos con que los barranquilleros se hubieran adelantado, pero comprendieron que debían sumarse al entusiasmo. Los hermanos Di Doménico, dueños de varios teatros en Bogotá, visualizaron la oportunidad. Aprovechando los grandes festejos que se celebrarían en Bogotá por el centenario de la Batalla de Boyacá, contactaron a William y le propusieron que montara un espectáculo en el altiplano en agosto de 1919. Una vez lograron la aprobación de Martín, llegaron a un acuerdo con la Junta Oficial de Festejos, a cargo de la organización de las grandes festividades que iban a llevar a cabo.

El contrato entre William Knox Martin, Di Doménico Hermanos & Co y la Junta Oficial de Festejos incluía 2 vuelos oficiales, uno el martes 5 de agosto sobre la ciudad de Bogotá, donde se lanzarían proclamas patrióticas sobre diversos puntos de la capital, mientras que el 7 de agosto se pensaba hacer un vuelo histórico: Martin saldría de Bogotá junto con el doctor Alfonso Villegas Restrepo (hermano de Lorencita Villegas de Santos) hacia el Puente de Boyacá, donde arrojaría coronas de laurel en presencia del presidente Marco Fidel Suárez. Luego aterrizaría en Tunja y más tarde volvería a Bogotá. Por todo ello, Knox Martin recibiría 3000 pesos.

Ilustración gráfica de la época – Foto Germán Niño

Martin desarmó el avión, lo embaló para llevarlo por el río Magdalena hacia el interior y salió hacia Girardot, donde esperaba llegar a fines de julio de 1919, a tiempo para las festividades del Centenario. Sin embargo, varios retrasos en el camino impidieron que se cumpliera esta meta. Martin terminó llegando a Bogotá en el tren de Girardot al atardecer del lunes 4 de agosto, mientras que el avión se quedaba en Girardot, a cargo del mecánico señor Fogarti, pues la compañía inglesa que operaba el Ferrocarril de la Sabana estaba poniendo toda clase de obstáculos para demorar el envío de la máquina.

Al día siguiente, martes 5 de agosto, no se pudo cumplir con el primer vuelo contratado. El avión terminó llegando el 6 de agosto a Bogotá. Knox Martin, entretanto, había localizado un lote que podría servir como base de operaciones, en la población de Fontibón, en el kilómetro 7 de la ruta del Ferrocarril de la Sabana. Anunció que necesitaba un par de días para ensamblar el avión y uno más para probarlo, por lo que tampoco podría cumplir con el compromiso del segundo vuelo del 7 de agosto. Los miembros de la Junta de Festejos trinaban de la indignación y los hermanos Di Doménico no sabían dónde esconderse.

Foto de la época – Foto Germán Niño

Los vuelos sobre Bogotá

Con una presión muy grande de la Junta y los Di Doménico, Knox Martin hizo un vuelo de prueba el sábado 9 de agosto, que levantó nuevamente el entusiasmo. Los Di Doménico planearon entonces un gran espectáculo para el domingo 10 de agosto de 1919, último día de las festividades del Centenario. Contrataron 2 trenes expresos para llevar al público hasta Fontibón, donde montaron el aeródromo. Cobraban $1.00 por la entrada al campo, incluyendo el viaje en tren ida y vuelta, $2.00 para la gente que llegara en coche y $4.00 por cada carro. Se vendían boletas en la sede de la empresa, Carrera 7 No 547 y en la Estación de la Sabana. Hubo lleno total en los trenes expresos que salieron a la 1 y 2 de la tarde.

Hacia las 3 de la tarde del domingo 10 de agosto de 1919, Knox Martin despegó y tomó la ruta de la Avenida de la República (hoy Calle 13) hacia el centro de la ciudad. Cuando llegó a la Plaza de Bolívar hizo una maniobra muy arriesgada, la llamada “Falling Leaf”, apagando el motor y acercándose hasta 25 pies de la estatua de Bolívar en la Plaza, arrojando una corona de laurel, lo que causó grandes vítores entre la multitud. De vuelta a Fontibón, realizó diversas maniobras en el aeródromo, complaciendo al público que había pagado su boleta. Las reseñas del espectáculo fueron muy favorables. Era el primer vuelo en la historia sobre la ciudad de Bogotá.

Durante su vuelo, William llegó a varias conclusiones: 1) era muy distinto volar a 2600 metros que a nivel del mar 2) Varias maniobras, incluido el “looping the loop”, eran imposibles a esa altitud 3) No podía llevar pasajeros 4) el viaje a Tunja era muy arriesgado y totalmente impredecible. Así se lo comunicó en carta a Villegas Restrepo, que iba a ser su pasajero en el programado vuelo a Tunja. Algunas fuentes señalan que Knox Martin tuvo varios incidentes callejeros con bogotanos que le reclamaban por sus incumplimientos.

El día sábado 16 de agosto de 1919, William realizó un segundo vuelo, saliendo de Fontibón hacia el Hipódromo de La Merced, entre Bogotá y Chapinero (actuales calles 36 a 39 abajo de la hoy Avenida Caracas). Sobrevoló Bogotá y luego realizó varias maniobras sobre el Hipódromo, donde se había reunido una gran concurrencia, que había pagado para asistir al espectáculo. Nuevamente Knox Martin sintió que su aparato apenas podía sostenerlo a él, cosa que le hizo saber a Villegas Restrepo en una nueva carta. En cuanto al vuelo a Tunja, indicó que solo lo haría si la Junta de Festejos respondía por la totalidad del costo del avión si llegara a tener algún siniestro. Obviamente, eso era imposible para un ente oficial en aquellos días, más cuando la impopularidad del Presidente Suárez era muy grande.

Vuelos sobre Bogotá – Foto Germán Niño

Las negociaciones entre Knox Martin, los Di Doménico y la Junta no prosperaron. Martin ofrecía reemplazar el vuelo de Tunja por un raid Fontibón – Facatativá – Zipaquirá – Bogotá – Fontibón, pero la Junta no accedió. Los Di Doménico, que ya le habían adelantado una gran cantidad a William, fueron los principales perjudicados. Se cerró el contrato de manera oficial.

El último vuelo en Bogotá y viaje a Girardot

William permaneció en Bogotá, con el avión, buscando nuevos negocios y nuevas oportunidades. Se hizo muy amigo de Carlos Padilla, un joven aviador que ya había hecho 2 cortos vuelos sobre el Puente del Común en junio de 1916.

El domingo 14 de septiembre de 1919, Martin hizo una tercera exhibición aérea en Bogotá, cediendo parte de los ingresos a favor de Padilla, quien quería comprar un avión. Esta vez el sitio escogido fue el “Paradero del Olarte” en el kilómetro 11 de la vía del Ferrocarril del Sur, cerca del actual Cementerio El Apogeo en el sur de Bogotá. Se contrataron 3 trenes expresos desde Bogotá, que salieron a la 1:00PM, 1:45PM y 2:30PM hacia El Olarte, cobrando $1.20 para los pasajeros de primera clase y $0.60 para los pasajeros de segunda clase. Para los que ingresaban en carro se cobró una tarifa de $1.00. El programa incluía toda clase de arriesgadas maniobras, incluidas el “Cart Wheeling”, el “Wing Overs”, el “Immelmann Turn”, la “Falling Leaf”, entre otras.

Vuelo sobre Bogotá – Foto Germán Niño

Después de esa última exhibición, William Knox Martin desarmó el avión, lo embaló hacia Girardot y salió de Bogotá con Carlos Padilla, jurando que volvería como un triunfador a la capital. Pensaba montar en Girardot una escuela de entrenamiento, así como hacer varias exhibiciones y vuelos cortos de recreación con pasajeros que quisieran vivir la experiencia de montarse en un biplano, ya sin el inconveniente que representaba la altura.

A finales de septiembre, Knox Martin y Padilla llegaron a Girardot y encontraron que el punto ideal para hacer sus exhibiciones estaba en Flandes, en el costado tolimense del Río Magdalena. Cuando comenzaron a ensamblar nuevamente el avión, se dieron cuenta que algo se había dañado en el embalaje en Bogotá y que el avión no funcionaba. Más de un mes estuvieron arreglando la máquina. Todo estaba listo para el sábado primero de noviembre de 1919, con un programa que incluía vuelos de exhibición, maniobras aéreas y el plato fuerte, el primer viaje por avión a la ciudad de Ibagué.

El vuelo a Ibagué

A primera hora del sábado se hizo un vuelo de ensayo, en medio del entusiasmo de las gentes de Flandes y Girardot. Inmediatamente, hizo 2 vuelos con pasajeros, cobrando 50 dólares a cada viajero. Cenón Espinosa y Francisco Clement fueron los afortunados clientes. William y Padilla volvieron a Girardot y esa misma tarde Knox Martin decidió volar a Ibagué, donde un grupo de personas le había pedido realizar un vuelo.

Publicidad del Vuelo entre Flandes e Ibagué

A las 3:30 de la tarde del primero de noviembre de 1919, William Knox Martin y Carlos Padilla salieron hacia Ibagué, acompañados de un pequeño tigrillo que había comprado Martin en Girardot. Llamaron por teléfono a sus amigos en Ibagué y les pidieron preparar grandes fogatas y armar una pista de aterrizaje en el campo de Belén. Llevaban como provisiones varias botellas de cerveza Maltina, latas de sardinas y cajas de galletas. 

Carlos Padilla preparó una bella crónica para El Tiempo de Bogotá, de las cual extraemos los siguientes apuntes:

  • En el carreteo, Martín le pasa el tigrecito a Padilla, quien apenas lo puede contener. La multitud está a lado y lado de la pista. Al comenzar a volar, el animal le clava los colmillos y uñas a Padilla, brotando charcos de sangre. Padilla lo coge por el pescuezo, lo tira al fondo del aeroplano y le echa encima la maleta de viaje.
  • En el aire, a 800 metros de altura, Padilla ve atrás las curvas del Magdalena. Enfrente, ve la hermosa llanura del Tolima, la vía en construcción del tren hacia Ibagué, al igual que el camino de herradura entre Girardot y El Espinal. Al fondo, entre una tenue neblina azul, se alcanza a divisar la hermosa ciudad de Ibagué.
  • Un poco más adelante, Padilla reconoce la población de Coello, llena de puntos blancos que corresponden a habitantes que contemplan por primera vez en la vida un avión. Aparece el río Coello, encajonado entre grandes peñas, reflejando en sus aguas purísimas el azul del cielo.
  • Absorto en la próxima llegada a la meseta de Ibagué, Padilla ha olvidado al tigrecito, que salta sobre él para morderlo nuevamente. Padilla le grita, el animal se refugia al lado de Martin y vuelve al fondo del avión.
  • Padilla decide organizar el lunch, a 2000 metros de altura. Abre las sardinas y las galletas, organiza unos sándwiches,  destapa las Maltinas y almuerzan rápidamente, mientras pasan por Gualanday y entran en la meseta de Ibagué. 
  • Siguen la ruta del tren hasta Sesteadero. Vuelan sobre esa estación y enfilan hacia Ibagué, llevando en ese momento 25 minutos de vuelo. Ya divisan el llano de Belén y las fogatas de la pista de aterrizaje. Van planeando, entre los techos rojos y oscuros de la ciudad.
  • Aterrizan en la pista de 200 metros, entre una multitud de espectadores locos de entusiasmo, 30 minutos después de haber salido de Flandes.

De acuerdo a el corresponsal de El Tiempo en la ciudad, desde que el avión pasó sobre Gualanday y entró en la meseta, alcanzó a divisarse desde algunos puntos de la ciudad, causando gran alegría. Mucha gente había llegado igualmente desde Girardot, a contemplar la hazaña.

Foto después de aterrizar en Ibagué – Foto Germán Niño

Así culminó un viaje histórico, el primero entre dos ciudades colombianas. Martin y Padilla se tomaron una foto a su llegada, junto con el tigrecito y varios espectadores. Asistieron a un té organizado en homenaje, durmieron en un hotel en el centro de Ibagué y regresaron al día siguiente a Girardot, después de hacer historia. Un emocionante día para nuestra ciudad, hace 100 años, cuya efemérides pasó desapercibida.

Recorte de Prensa de la época – Foto Germán Niño
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Un comentario

  1. Gran esfuerzo el de ustedes , gracias por proveernos con informacion y no influenciarnos. El blog de German Nino siempre educativo ,neutral y concreto.

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