Opinión

Negro futuro

Juan Carlos Aguiar

Periodista

El mensaje fue grabado en un salón impecable y ostentoso. Sin exagerar, mucho mejor que el set que usa desde que alterna sus responsabilidades como presidente con las de presentador de televisión, así no tenga rating. El escudo de Colombia, del que tanto nos enorgullecemos los colombianos desde que nos enseñan su significado en las clases de cívica, cuando cursamos primaria, se ve en tres lugares estratégicos en la intervención de Iván Duque. En el atril desde el que habla; en la bandera tricolor a un lado; y, en el banner de la pantalla, acompañado de una frase contundente: «El futuro es de todos». Es más, la fecha, Día Internacional del Trabajo, ameritaba el saludo presidencial a sus compatriotas. 

Hasta aquí todo suena muy bonito. Convincente pensarán los más altos asesores de la presidencia. Incluso, las palabras del mandatario de los colombianos, meticulosamente pronunciadas en tono pausado y suave, podrían emocionar a cualquiera que lo escuche si la realidad de Colombia no enfrentara un momento tan crítico. 

«Los frutos de una jornada honesta, la cosecha alcanzada con el sudor de la frente, enaltecen al ser humano», aseguró Duque. Maravillosa analogía. ¿Hay algo que dignifique más el trabajo de los colombianos que mencionar los esfuerzos que conllevan las labores del campo? Esas que realizan nuestros campesinos para que históricamente nos hayan echado el cuento de que Colombia es la despensa más rica del planeta. Hoy, esa despensa está vacía. Por décadas las guerrillas y los paramilitares han expulsado a los labriegos de sus parcelas bajo la mirada inerte, casi cómplice, de un Estado que no está a la altura de su propia historia.  

«Generar empleo es generar equidad, es darle a los trabajadores la oportunidad de construir su futuro y el de sus familias», continuó diciendo Duque, sin un asomo de pudor ante los millones de desempleados y de subempleados que hay en el país. Y al decir subempleados no me refiero al hecho de que muchos piensen que él es un subpresidente. Hablo de ese ejército de trabajadores informales que vieron desaparecer sus casi exiguas fuentes de ingreso ante una pandemia que, si bien, no es culpa de Duque, valga aclarar le faltó gestión presidencial, es decir gerencia real y eficiente al momento de enfrentarla.  

Puede que muchos no estén de acuerdo, pero los más de 2 millones 850 mil casos registrados en el país son elocuentes. Casi el 6% de los colombianos ha dado positivo a Covid-19. Somos, en número de casos, el puesto número doce a nivel mundial, según el registro de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos. ¿Y la vacunación? Bien, gracias; podríamos responder de forma coloquial. A mediados de esta semana que termina, solo un millón y medio de colombianos había completado su ciclo de vacunación, es decir apenas el 3%. Aunque suene increíble, esto es la mitad del total de contagiados, mientras los muertos siguen en aumento y ocupamos el puesto número 11 en decesos a nivel mundial.  

En los últimos días las protestas contra la reforma tributaria de Duque han protagonizado las principales noticias, dejando en el ambiente un mensaje desesperanzador sobre lo que viene para el país en las próximas dos semanas, cuando el sistema hospitalario está a punto de colapsar. Pero es que a quién, si no a este gobierno, se le ocurre un aumento de impuestos de ese nivel en medio de esta coyuntura de salud pública y socioeconómica. Es cierto que el país necesita generar recursos inmediatos o seremos inviables financieramente, pero es tal el grado de desespero de la población que, a pesar del peligro, sale a las calles a protestar. Al paso que vamos quedarán dos caminos: morir de coronavirus o de hambre. Entonces pregunto, ¿Cuál futuro? 

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