Opinión

¿Qué vamos a hacer cuando el conflicto en Irán nos afecte?

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

Y si te dijera que, aunque el conflicto estadounidense-israelí con Irán pareciera no dejarle nada bueno al mundo, lo cierto es que el cierre del estrecho de Ormuz ha permitido evidenciar que las necesidades básicas de los seres humanos no pueden depender de la generación de combustibles fósiles, como ocurre hoy en día.

Además del 20% del petróleo crudo, por este estrecho transita el 25% del gas natural licuado mundial, requeridos para movilizar personas y productos agrícolas, generar energía eléctrica, producir fertilizantes, productos farmacéuticos, lubricantes, asfalto y plásticos, entre otros.

Aunque los países más afectados por el cierre de este estrecho son China, India, Japón y Corea, a quienes les llega por esta ruta el 75% del petróleo crudo exportado, lo que ha demostrado el desarrollo de este conflicto es que, si bien la mayor parte del petróleo que transita por el estrecho se destina a los mercados asiáticos, el impacto de esta interrupción ha sido global debido a su efecto inmediato en los precios.

Lo mismo sucede con el gas. Su escasez ha disparado los precios, afectando especialmente a los países asiáticos, en particular Bangladesh y Pakistán, donde el 50% y el 25% de su energía eléctrica, respectivamente, se generan a partir de este combustible proveniente de Qatar y Emiratos Árabes Unidos.

En Europa la situación es diferente. En 2025, apenas el 4% del petróleo crudo y el 7% del gas licuado que atravesó el estrecho de Ormuz se dirigió a esta región, lo que la ha protegido hasta cierto punto de que el incremento del 74% en el precio del crudo en el último año solo haya aumentado el precio de la gasolina entre el 1% y el 4% en sus estados miembros durante los últimos tres meses.

Sin embargo, las expectativas de que el conflicto continúe prolongándose han llevado a los economistas del FMI a anticipar un panorama pesimista, en el que el crecimiento de la zona se desacelerará del 1,4% en 2025 al 1,1% en 2026 y al 1,2% en 2027.

Este mal augurio ha afectado al sector privado de la eurozona, que registró en abril su peor desempeño en casi un año y medio, desde noviembre de 2024, debido al conflicto en curso.

Sectores como el de servicios, que se consideraba sería el motor de la recuperación del bloque en 2025, registraron su peor dato desde los confinamientos por la pandemia a comienzos de 2021. Esto se debe principalmente al incremento de los costos de los insumos, que se dispararon hasta su nivel más alto en más de tres años, lo que derrumbó la confianza empresarial, cayendo a su punto más bajo desde finales de 2022.

Por su parte, aunque la industria manufacturera subió a su nivel más alto en casi cuatro años, este incremento resulta ficticio, ya que no responde a una mayor demanda de productos, sino a pedidos adelantados de insumos ante la expectativa de escasez futura y nuevas subidas de precios.

La advertencia de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que señala que lo que está sucediendo es “la mayor crisis energética de la historia”, es particularmente cierta para la aviación europea, cuyas reservas disponibles solo alcanzarían para unas seis semanas.

JP Morgan, en un reciente informe, destaca que “el reloj avanza” para el sector aeronáutico del Viejo Continente por una simple razón: la escasez. Más del 30% del combustible de aviación de la región es importado, y el 70% proviene de Oriente Próximo.

El precio del jet fuel —combustible utilizado por los aviones— refleja con claridad esta crisis. A finales de febrero rondaba los 99 dólares por barril, pero a inicios de abril se disparó hasta los 209 dólares, más del doble en pocas semanas.

Ante este panorama, las aerolíneas han comenzado a tomar decisiones drásticas para contener pérdidas. Diecinueve de las veinte más grandes del mundo han cancelado vuelos programados para mayo. Entre ellas figuran gigantes como American Airlines, Air France-KLM, Emirates y Qatar Airways. Otras compañías han reducido frecuencias, mientras que algunas han suspendido rutas completas, especialmente aquellas con menor demanda o mayor costo operativo.

Otra preocupación que se avecina en el mediano plazo es la de los fertilizantes nitrogenados, responsables de la mitad de los alimentos que se consumen en el planeta, de los cuales una tercera parte proviene igualmente del Golfo Pérsico.

La Organización Mundial de Agricultores (WFO, por sus siglas en inglés) prevé una caída de la producción de alimentos de hasta un 15% el próximo año si no se restablece de manera estable el comercio.

Ante los problemas derivados del bloqueo del estrecho de Ormuz, los líderes de la Unión Europea han elegido distintos caminos. España aprobó rebajas fiscales y planes para impulsar las energías renovables. Italia, Hungría y Eslovaquia piden reactivar el suministro de gas ruso. Sin embargo, ninguno de ellos está de acuerdo con la propuesta de Estados Unidos de enviar barcos militares de la Unión Europea al estrecho.

En lo único que parecen coincidir la mayoría de los miembros es en la propuesta impulsada por el francés Emmanuel Macron y el británico Keir Starmer de reunir una coalición de voluntarios con países fuera de la UE para escoltar a los buques en la zona.

El pasado viernes, este grupo de países no beligerantes declaró que está dispuesto a liderar una misión internacional para restaurar la navegación en Ormuz, aunque no antes de que termine la guerra.

Este día, tanto Irán como Estados Unidos afirmaron que el estrecho de Ormuz estaba “abierto” al transporte comercial. Sin embargo, Washington aseguró que el bloqueo de los puertos iraníes permanecería hasta que se alcanzara un acuerdo de paz con Teherán, e Irán respondió cerrando nuevamente el estrecho debido al bloqueo estadounidense.

Frente a esta reunión, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, pidió a Europa que se involucrara en el conflicto que se desarrolla en el estrecho de Ormuz, calificando el encuentro como una “conferencia ridícula” e instando a sus participantes a hacer “menos reuniones elegantes”, al asegurar que “Europa lleva décadas beneficiándose de la protección estadounidense”, pero que eso “se había acabado”.

Aunque los líderes en la reunión del viernes parecían conscientes de la necesidad de mantener a Trump de su lado, lo cierto es que cada vez resulta más difícil contener las declaraciones del presidente estadounidense, a quien parece convenirle el caos que generan sus decisiones.

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