Historias

¿Quién asesinó a Jorge Eliécer Gaitán?

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

«Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal.»

Jorge Eliécer Gaitán

Al cumplirse 74 años del hecho que marcó un antes y un después en la historia del país, son muchos los interrogantes alrededor del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán que daría comienzo al periodo de violencia más largo de la historia de Colombia del cual apenas estamos comenzando a salir.

Los hechos señalan que esa tarde Gaitán salió de su oficina y recibió tres disparos en su espalda. Para muchos, el culpable era sin lugar a duda Juan Roa Sierra. Pero si fue él: ¿Cuáles eran sus reales motivaciones para matarlo?

La turba encontró a un hombre agazapado y de inmediato emprendió su linchamiento arrastrando su cuerpo por las calles.

Juan Roa Sierra

Se dice que Roa Sierra, un albañil de 26 años, gran admirador de Gaitán, quien en múltiples ocasiones hizo proselitismo a favor del político y asistió a varias de sus conferencias, en alguna oportunidad le pidió un puesto a Gaitán a lo que él le respondió:  «Yo no doy empleos, pídaselos al Gobierno».  Esto dio para pensar que probablemente habría desatado un rencor en contra del caudillo que lo habría llevado a tomar la decisión, impulsada por el odio, de acabar con su vida. Sin embargo, no hubo testigo alguno que hubiera visto al joven disparar.

La CIA

Esta versión establece, que dos exagentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) reconocen en el libro «The Invisible Government» su participación en el asesinato de Gaitán, versión que el gobierno de Cuba ratificó en 2005 con un documental llamado «Operación Pantomima», mismo nombre del plan de la Agencia Central de Inteligencia para perpetrar el magnicidio de Gaitán por sus supuestos nexos con el partido comunista.

Gaitán había realizado una controvertida tesis de graduación como abogado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional llamada “Las ideas socialistas en Colombia” en la que además de declararse socialista, incorporó muchos de los postulados marxistas en su lectura de la realidad colombiana.

Años después y con gran esfuerzo logró ahorrar dinero y con el apoyo de su hermano Manuel José Gaitán, en julio de 1926 ingresó en la Real Universidad de Roma, la escuela más prestigiosa de derecho de Italia, dirigida por Enrico Ferri, penalista de fama mundial.  Allí obtuvo el título de doctor en jurisprudencia mereciendo la calificación Magna cum laude y el premio Enrico Ferri, por su tesis «El criterio positivo de la premeditación».

Gaitán regresó al país en 1928 siendo elegido Representante a la Cámara en marzo, actividad que para aquel entonces podría combinar con el ejercicio del litigio en su especialidad, el derecho penal.

Dichas actividades lo llevaron a visitar el municipio de Ciénaga, Magdalena, en donde investigó “la masacre de las bananeras” como es conocido el asesinato de los trabajadores de la empresa estadounidense de banano United Fruit Company a manos del ejército de Colombia, que se produjo entre el 5 y el 6 de diciembre de 1928 por orden del gobierno del conservador Miguel Abadía Méndez, decidido a poner fin a una huelga de un mes organizada por el sindicato de los trabajadores que buscaban garantizar mejores condiciones de trabajo.

Las denuncias de Gaitán sobre los graves acontecimientos se convirtieron en abiertos debates contra el gobierno de Abadía Méndez los cuales lo constituyeron como líder popular y defensor de los sectores más excluidos de la sociedad, defensa que además practicó como abogado litigante, afianzando su perfil de izquierda y valiéndole el título de «Tribuno del Pueblo».

Posteriormente, en octubre de 1933, junto con Carlos Arango Vélez fundó la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), sosteniendo que ambos partidos tradicionales compartían el mismo proyecto oligárquico.  En su partido estimulaba el principio de la militancia lo que llevó a que dos de sus agitaciones fueran disueltas a balazos dejando varios campesinos asesinados en Fusagasugá el 4 de febrero de 1934 y en la Hacienda Tolima, en Ibagué, el 14 de agosto del mismo año.

Aunque disolvió el movimiento en mayo de 1935 tras su fracaso electoral, a inicios de 1948, al saberse la noticia de la masacre de algunos miembros de su partido en varios pueblos del país a manos de conservadores, Gaitán organizó “La Marcha de las antorchas”, que partiría del popular barrio La Perseverancia, en la que él quería «un río de candela, que no se vieran filas cada tres metros, sino filas bien juntas para formar un río de fuego sobre Bogotá»; y la sobrecogedora “Marcha del silencio”, en la que multitudes nunca antes vistas y perfectamente organizadas llenaron de temor, con su mutismo, a los sectores tradicionales de ambos partidos.

Su cada vez más creciente poder caudillista y su discurso la «Oración por los humildes», en febrero de 1948, llenaba de dudas al organismo internacional respecto a la tendencia comunista de quien ya se perfilaba como el futuro presidente de Colombia.

Discurso de Jorge Eliécer Gaitán frente a la iglesia de Jesucristo Obrero, 1946.

Los Partidos Tradicionales

Poco después del asesinato del caudillo, la mitad de los Gaitanistas pensaban que lo habían matado los conservadores para impedirle el acceso al poder, y la otra mitad que fueron inteligencias de su propio partido, del ala oficialista, por la misma razón.

Se decía que en el patio del colegio de niñas burguesas donde estudiaba su hija, se sabía la víspera que iban a matar a Gaitán. Sus compañeritas habrían oído planear el sacrificio en sus casas, entre ajiacos, queso de Paipa y tamal con chocolate.

Desde 1931, cuando fue nombrado presidente de la Cámara de Representantes, criticó el orden «convivialista» donde la política se practicaba en círculos cerrados de unos cuantos “oligarcas” quienes decidían el futuro del país.

Opuesto a la reelección de López Pumarejo, Gaitán iniciaría en 1941 una carrera política que sólo se detuvo con su asesinato: senador por Nariño en 1942; presidente del Senado en septiembre de ese año; y ministro de Trabajo entre 1943 y 1944.

Como candidato presidencial lideró la oposición dentro del partido liberal contra el oficialista Gabriel Turbay, lo que facilitó el ascenso del conservador Mariano Ospina Pérez al poder en 1946 y, por ende, la derrota del partido liberal quien con la suma de ambos candidatos con seguridad hubiera alcanzado la presidencia.

Esta derrota del partido liberal no lo fue tanto para Gaitán quien, ocupando un tercer lugar, con un sorprendente e inesperado número de votos y con un apoyo mayoritario en los centros urbanos, fue elegido jefe único del partido, lo que no fue bien recibido por los frentes más oficialistas del mismo.

Los Comunistas

La organización, disciplina y fe de los Gaitanistas hicieron que muchos lo tildaran de fascista, más aún por el gusto que trajo de Italia Gaitán por los desfiles y la teatralidad de Mussolini.

Nunca en el país se volvieron a ver manifestaciones tan multitudinarias ni con tanta emoción y fe en su jefe. Sus famosos gritos de «¡A la carga! ¡Contra la oligarquía! ¡Por la restauración moral de la República!» lograron interpretar el sentimiento de las masas de una manera única y original. Sus variaciones de tono, sentido del humor e ironía, el manejo de los silencios, hicieron de Gaitán un orador telúrico que llegaba a transfigurarse por la emoción de lo que decía y la forma de decirlo, y que lograba transmitir su sentimiento al público.

Su parecido con el partido fascista republicano italiano, su declarado “antilopismo” y la distancia que guardaba de los aliados de López Pumarejo entre otros. los sindicatos, quienes durante su paso por la Alcaldía de Bogotá en la cual había sido nombrado precisamente por López, lo obligaron a renunciar por una huelga organizada contra él, ya que los estaba obligando a uniformarse y dejar de utilizar las alpargatas y la ruana, lo hacían un enemigo del comunismo y la CTC entre ellos.

El choque con el sindicalismo marcó al movimiento Gaitanista que, al contrario de otros populismos del continente como el peronista, no contó con representantes de estas organizaciones sociales lo que adicional al rígido control caudillista, hicieron que el movimiento prácticamente desapareciera a la muerte de su dirigente.

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