Opinión

Quien no quiere a su patria

Luis Carlos Rojas García

Escritor

“Quien no quiere a su patria no quiere a su madre”

(Calle 13)

Recién llegué a Canadá conocí a una familia colombiana muy especial; compatriotas arraigados en este país del norte, quienes llegaron aquí por distintas situaciones. Su calidez, amabilidad y cariño hizo que en poco tiempo les considerase verdaderos amigos. Y no es para menos, todo el tiempo están dispuestos a escuchar, consolar y a brindar ayuda en los momentos menos esperados. En resumidas cuentas, son de esa clase de colombianos que sacan la cara por el país.

Pues bien, cierto día, y mientras compartíamos unas empanaditas muy colombianas, una de mis amigas me contó sobre una situación incómoda que tuvo con una compañera de trabajo por un tema relacionado con la discriminación:

No es posible que como colombianos permitamos que denigren de nuestro país. Yo soy una de las que defiendo a capa y espada a Colombia. Aunque no deja de ser vergonzoso ver cómo muchos colombianos despotrican de la tierrita y hasta les parece gracioso cuando algún extranjero les compara con Pablo Escobar ¡Pues no, no señor! Una cosa es la situación del país y otra muy distinta es ser un mal desagradecido con la tierra que nos vio nacer”.

Le escuché decir en aquella ocasión a mi amiga mientras le brillaban los ojos y le retumbaba su voz como si llevase la bandera de Colombia metida en el alma y el corazón. Entonces, me sentí muy orgullo de conocer a personas como ella y su familia, quienes, sin importar las circunstancias, no mancillan el nombre de nuestro país.

Hace un par de días y por esas cosas de la vida en el extranjero, uno de mis compañeros de trabajo, canadiense de nacimiento, me preguntó que de dónde era yo; le respondí con mucho orgullo en su idioma francés que de mi hermosa Colombia. Grande fue mi sorpresa cuando me respondió muerto de la risa: ¡Ah! Pablo Escobar. Entonces, Colombia con su hermoso cielo, ríos y montañas, su naturaleza, su historia, su música y cultura, el rostro de la gente amable del campo y la ciudad, la tenacidad de mi raza trabajadora, mi hija, mi familia, los besos y las lágrimas de mi madre, mis estudiantes, mis compañeros de trabajo y mis amores, la sangre derramada de mi gente y todas las cosas buenas que valen la pena en mi tierra, corrieron por mis venas y mi mente y se convirtieron en un sentimiento de orgullo patrio y palabras serenas.

Fue así como le respondí a mi compañero que ¡No! Colombia, mi Colombia, no es Pablo Escobar, no es narcotráfico ni corrupción. El hombre me miró algo sorprendido, a lo mejor acostumbrado a la risa de los colombianos que creen que el comentario es muy gracioso. Continué mi explicación y le dije que yo soy de la Colombia multicultural, de la Colombia que tiene un montón de gente que lucha por hacer de ese lugar un sitio mejor. Soy de la Colombia artística, litería, deportista y musical. Soy de la Colombia guerrera, la misma de los platos típicos que lo ponen a uno a chuparse los dedos, de la salsa que se baila con sabrosura o se sueña con un vallenato, sin dejar de lado la música colombiana que nos levanta con ánimos en el amanecer o sollozar cuando se duerme el sol; soy de esa Colombia con el himno nacional más hermoso del mundo; sí, soy de una Colombia que recorrí y conocí como periodista y profesor y que llevo siempre en mi corazón porque una cosa es defender la tierra por medio de las letras por todas las injusticias y horrores que comenten algunos y otra muy distinta es ser un desagradecido que cuando está afuera mira al país como si fuese una mierda. Además, eso de creerse de mejor familia o extranjero pos moderno no hace parte de mi idiosincrasia.

Mi compañero me miró sorprendido y apenado; después me contó que su novia había viajado por Latinoamérica y que Colombia había sido uno de los países que más le gustó. Por esta razón, él esperaba conocerla algún día. Entonces comprendí que todo esto de la mala imagen de nuestro país, que se lo ha ganado a pulso por culpa de las malas administraciones, de personajes siniestros y de la mala prensa no lo voy a negar, también es cuestión de pedagogía por parte de quienes estamos aquí afuera. Comprendí además que no es tarea fácil porque hay mucho paisano que olvidó sus raíces, incluso estando de paseo; pero, las cosas pueden ser diferentes mientras existan personas como mi amiga, personas quienes defienden con argumentos claros lo que es realmente Colombia ya que como dice la canción: “Colombia es más que coca, marihuana y café”.

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Un comentario

  1. He perdido la cuenta de cuantas veces he tenido que enfrentar a la misma situación con extranjeros de todas partes del mundo. Series con Narcos, no ayudan para nada.

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