Opinión

Se armó la gorda

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Cuando pienso en el cine colombiano llega a mi mente nombres como: Cóndores no se entierran todos los días, La gente de la universal, La estrategia del caracol, La pena máxima, Golpe de estadio, La pasión de Gabriel, Diástole y sístole y otras de los 80 y 90 y algunas del 2000, para no hacer tan largo el recorrido porque, aunque parezca increíble, la historia del cine colombiano data de 1915, más o menos, cuando los hermanos Di Doménico presentaron lo que se considera el primer largometraje documental del país, el cual presentaba el asesinato del general Rafael Uribe. Dicho documental se tituló: El drama del 15 de octubre.

Sin embargo, siete años más tarde se presentó el primer largometraje de ficción titulado: María, inspirado en la obra de Jorge Isaac. A partir de ese momento el cine colombiano comenzó a crecer, por supuesto, no como el cine de norteamericano, pero, si revisamos el listado nos podremos dar cuenta que es bastante nutrido. Lo que sucede es que no todos tienen conocimiento sobre este cine porque no todas las películas producidas en nuestro país llegaron a las salas, al menos no con el valor comercial de las patéticas producciones de fin de año que, aunque llenan las salas, no tienen nada de contenido y lo más irrisorio, son un plagio de películas gringas. Pero, a la hora de la verdad eso poco o nada importa, el cine colombiano, y el de todo el mundo, no es más que un negocio que como suele suceder, manejan unos cuantos y hacen con el mismo lo que quieren; el resto de cineastas que miren a ver qué hacen para sacar sus películas adelante.

Ahora bien, de esas películas de formato repetitivo, y de escenas plagiadas, se encuentra una que se titula: Se nos armó la gorda. Una mezcla de humor de Sábados Felices con los traqueados Stand comedy que, desde hace un par de años, se han vuelto parte de la televisión y de las redes sociales. Como dato curioso debo decir que la película en mención tuvo una secuela en menos de un año, para muchos, todo un record. Para mí, la repetición de la repetidera.

Como sea, valoro, de verdad que valoro el trabajo de todo aquel que haga cine, pero, este cine comercial, aunque entretenido, no deja de causarle a uno cierta inconformidad y no es para menos.

Pese a lo anterior, el cine sigue siendo maravilloso, muestra, en medio de toda esa magia y fantasía, la situación de los pueblos, el comportamiento de los mismos, los sueños, las ilusiones, el dolor y hasta crea modelos y comportamientos; por ejemplo, actualmente Estados Unidos es la muestra fehaciente de que el cine hace lo suyo en la mente de las personas. Hemos visto los desmanes del pueblo gringo al estilo de películas como Joker, Batman y otros. Las imágenes parecen escenas de película, incluso, vemos que se armó la gorda con toda esa gente que ahora llevan armas encima y que han creado grupos para defenderse de los saqueos; varias de estas imágenes me recuerdan a series como The walking dead. Vemos además que van surgiendo todo tipo de personajes que no son más que un remake de todo lo que hemos visto en el cine y, por qué no, en series de televisión.

En resumidas cuentas, todo esto quiere decir que, llegado el momento, ya sabemos a qué atenernos si el mundo se acaba, si se desata una nueva guerra mundial, si nos convertimos en zombis, si aparece un agujero negro o el mismo Drácula, si reviven al monstruo de Frankenstein, si nos invaden los extraterrestres, Si Aliens vs depredador o Jason vs Freddy, si aparece un gorila gigante o una lagartija mutante, si robots interestelares libran una batalla en nuestra tierra, o si de Krypton nos mandan al hijo de Jor-El, si bajo las ciudades hay monstruos ancestrales que se despiertan con la única intención de destruirnos, o si simplemente se abren las puertas del infierno y el diablo nos quiere llevar a todos. Pase lo que pase, sea como sea, la gorda se va a armar y no habrá quién la detenga. Si no me creen, pregúnteles a los gringos.

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