Opinión

Te compro tu novia

Luis Carlos Rojas García

Escritor
 

Por allá por los 90, tiempo en el que el género musical denominado merengue andaba en furor, salió una canción muy pegajosa que se bailó hasta el cansancio, incluso, al igual que muchas otras canciones de este género, se volvió un salvavidas para todos los que no sabían bailar salsa ya que el merengue es un ritmo relativamente fácil de bailar. Pues bien, estoy hablando de la canción “Te compro tu novia” de Ramón Orlando & Los Cantantes. Dicha canción, aún hoy en día, pone a bailar a todo el mundo en la reunión con la familia, en la discoteca o donde sea que haya fiesta. Bueno, ahora no tanto por lo del 19, pero que pone a bailar a todo el mundo, pone a bailar.

La letra de dicha canción es bien particular ya que se refiere al ruego o súplica de un hombre que le pide a otro que le venda su novia porque esta mujer es simplemente ideal. Dicho en otras palabras, la canción habla sin querer queriendo de una trata de mujeres. Por supuesto, nadie se escandalizó ni se escandaliza cuando escucha la canción, como tampoco se escandalizan con otras canciones que hablan de cómo se rifan a las mujeres en un juego de cartas, cómo un amigo se le lleva la mujer a otro a punta de dinero y, ni hablar, de las letras actuales del reguetón que definitivamente rompen con cualquier cosa que se haya escuchado antes.

Así, la indignación humana tiene preferencias y fecha de vencimiento. De ahí, que lo ocurrido hace poco con Fabio Zuleta en su programa de radio, que si bien es cierto es reprochable por todo lado, no es más que la prueba fehaciente de la hipocresía de los seres humanos y para este caso en especial, de la hipocresía colombiana. Claro, no estoy a favor del comunicador y su invitado y mucho menos de los comentarios salidos de tono, no importa la intención de los mismos.

No obstante, no deja de causar cierta inquietud la manera tan socarrona como tratan este asunto de andar rifando a las mujeres. Lamentablemente como muchas otras cosas por este estilo, no es nuevo, lo que sucede es que con las redes todo se convierte en un espectáculo del momento. Ahora bien, se escuchan comentarios de indignación frente a lo dicho por Zuleta, y tienen toda la razón, pero, no es un secreto que muchas familias, no solo de la Guajira colombiana, ofrecen a sus hijas con o sin intención por el hecho de querer buscarles a las mismas el mejor postor, el mejor partido o el “hombre perfecto”, como lo dice la canción.

¿Quién no ha sido testigo de las innumerables críticas que se le hacen a las mujeres que se casan con alguien pobre o por eso que a muchos les parece ridículo: por amor? Mientras que existe una gran diferencia con una mujer que se casa por conveniencia, aunque no haya mucho sentimiento de por medio, pero si el partido ofrece un futuro estable, se escuchan los bombos y platillos y los comentarios de los mejores deseos y la bendición de Dios.

Lo anterior sin querer hablar de la cantidad de casos de familias que dejan a sus hijas en manos de padrinos acomodados para que por medio de la muchachita les den dinero o de esas familias acomodadas que permiten todo tipo de abusos para guardar las apariencias o para que a sus muchachas les den un buen puesto en algún ente gubernamental o donde sea.

En todo caso, el abuso en contra de las mujeres es tan antiguo, existe y seguirá existiendo porque esto no es solo cosa de hombres, es complicidad de toda la sociedad, incluso, aunque parezca mentira, las mujeres son cómplices y, a la final, todo esto no es más que un perverso negocio en donde más de uno está untado. Una suerte de canción pegajosa que todo el mundo baila sin prestarle mucha atención a la letra, porque de lo que se trata es de pasarla bien, de rumbear en esta vida que sigue siendo un carnaval.

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