Historias

Usted es el regalo

Martha Lucía Barbieri

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Me encuentro escribiendo mi relato en medio de cintas, moños, tijeras, esferos, tarjetas y papel regalo. Aquí estoy envolviendo sentimientos en cajas, empacando afectos, decorando emociones y plasmando letras en papeles que posiblemente serán atesorados o desechados junto al envoltorio que tan cuidadosamente realizo. Me encuentro aquí, expresando a través objetos, porque diciembre es sinónimo de regalos y a mí me encanta regalar, sin embargo, yo lo hago en cualquier momento del año sin ocasión o motivo particular.

La costumbre de regalar es una tradición tan antigua como el ser humano, las sociedades primitivas hacían ofrendas y trueques y se obsequiaban objetos elaborados por ellos mismos, hechos en casa o los frutos de la madre tierra. Lo hacían como símbolo de aprecio y amor y también para obtener beneficios espirituales.

El origen de los regalos de Navidad se remonta posiblemente a la Antigua Roma, en donde se regalaban monedas de latón como símbolo de riqueza y se hacían rituales en Solsticio de Invierno en honor a los dioses, estas fiestas paganas se denominaban Saturnales (en honor a Saturno) y se celebraban entre el 17 y 24 de diciembre con grandes banquetes, decoración, antorchas, velas e intercambio de presentes; de esta manera terminaba el período más oscuro del año y empezaba el Sol Invictus (el astro invencible) el 25 de diciembre, en donde los días se alargaban ya que la luz «vencía» a la oscuridad. Entre los regalos que se hacían estaban miel, colgantes, amuletos, plantas y pasteles dulces o alimentos de alta calidad. Los cristianos hicieron coincidir la fecha con el nacimiento de Jesús de Nazaret.

En algunos países quien lleva los regalos de Navidad es Santa Claus, Papá Noel, Baboo Natale, Father Christmas (Padre Navidad), o el Viejito Pascuero, esta tradición es basada en San Nicolás de Mira o de Bari, un sacerdote que destinó parte de su fortuna a ayudar a niños y desamparados y cuya figura dio origen a Santa Claus. Otros atribuyen los obsequios a los reyes magos, tal vez por las ofrendas que llevaron a Jesús en su nacimiento.

Entregamos regalos por muchos motivos y fechas como cumpleaños, bodas, nacimientos, Navidad, Día de Reyes, Día de la Madre, Día del Padre, San Valentín, en Pascua, aniversarios, por logros alcanzados, para el día del compromiso, por una nueva maternidad, como agradecimiento, al visitar a alguien en un hospital y hasta en el día de San Juan y funerales. Incluso al regresar de un viaje solemos comprar algún souvenir o recuerdo para los más cercanos. En algunas culturas se debe abrir inmediatamente el obsequio y en otras se debe esperar para hacerlo de manera privada y de esta manera no fingir en caso de que el presente no sea del agrado de quien lo recibe.

También hay tradiciones y supersticiones en el momento de otorgar regalos, ciertas culturas y personas agoreras se abstienen de obsequiar algunos objetos (objetos afilados, relojes, zapatos, medias…) para no «dañar la relación» con la persona que lo recibe o para «protegerla» e incluso ya en la antigüedad se regalaba para ahuyentar los malos espíritus y llamar a la buena suerte. Los judíos por ejemplo regalan dinero en múltiplos de 18 porque es el número de la palabra Jai (vida) en hebreo.

Hay varios tipos de regalos: los diplomáticos, que se realizan entre gobernantes (se regalaba a los monarcas para obtener favores personales o realizar alianzas), los regalos por compromiso familiar o social, regalos por etiqueta, por costumbre o tradición, los ineludibles (algunas empresas con sus colaboradores…), los que se dan porque sí, los que implican un ritual y los más importantes los que se hacen con todo el sentido. A mí me gustan mucho aquellos detalles inesperados de fina coquetería y galantería.

La finalidad de un regalo va más allá del consumismo compulsivo y del momento pasajero de entregarlo, porque más que un objeto es un emblema valioso que perdura y ayuda a fortalecer vínculos. Los regalos unen con lazos mágicos a quien los entrega y los recibe. Generalmente entregamos un obsequio para comunicar, por amor, para afianzar y transmitir un sentimiento (agradecimiento, cortesía, consideración, cariño, respeto, amistad, confianza). Quien lo da pretende agasajar y halagar a quien lo recibe, dando reconocimiento y haciendo que la persona se sienta querida e importante.

Lo mejor de los regalos es la intención que pone en ellos, por esto, su valor es simbólico y el valor económico del presente se ve desplazado. Gastar más dinero en el obsequio no le garantiza que sea mejor recibido o que le guste más a la persona. Actualmente hay que tener cuidado con los niños excesivamente regalados, hay padres que quieren compensar el tiempo con objetos y algunos niños pueden restar importancia a la generosidad y esfuerzo con el que se otorgan los presentes y tienden a ser insatisfechos e insaciables.

Dar regalos para algunos se ha convertido en un dolor de cabeza: disponer de un presupuesto, acertar en el gusto de la persona a quien va dirigido, ir al lugar a escoger, comprar, realizar una buena presentación del mismo, las largas filas y tiempos de espera. Seguramente por esto la «lluvia de sobres», los bonos de regalo y regalos virtuales se han transformado en una opción práctica para algunos y a otros los ayuda a salir del paso y cumplir con el compromiso de dar un presente. Los regalos personalizados son una moda para quienes quieren ser «creativos y originales», ya que sienten que están dando obsequios únicos.

Cuando los regalos son muchos, algunas familias han optado por jugar una especie de amigo secreto para Navidad (Secret Santa es algo parecido en los Estados Unidos), y de esta manera no desgastarse a todo nivel en múltiples compras para todos.

El regalo perfecto no existe. Debe tener mucho conocimiento de quien lo recibe, de sus intereses, de sus gustos y deseos o le sea de utilidad y necesite. Dar un obsequio desacertado puede surtir un efecto contrario a la alegría, ya que el destinatario puede sentir que no lo conocen realmente.

Muchas personas hacen su lista de regalos, pregunte si su destinatario tiene una, averigüe qué quiere o le gustaría, muchas veces existe la confianza para hacerlo o incluso arriésguese y dígale directamente a la persona que desea darle un presente y quiere asegurarse de qué le gustaría. Dejé a un lado ese tabú y el pensamiento de dañar la sorpresa, finalmente no es divertido sorprender a alguien con algo que no le guste.

En ocasiones pensamos mucho porque creemos que el receptor es complicado o porque pensamos que éste tiene «de todo» y no necesita nada.

Tenga en cuenta que aunque fugaces, las flores siempre serán un maravilloso regalo para cualquier persona. Además ahora hay regalos ecológicos, naturales, promocionales y recuerde aunque le suene «cliché», siempre los mejores serán los regalos espirituales.

Hay regalos significativos, que nos marcan, algunos perduran en presencia y otros en esencia. En lo simple hay más, las cosas tienen alma, sin embargo, el objeto en sí mismo no es más que mercancía a la cual hay que llenarla de expresión.  Yo alguna vez le regalé a un amor el cielo azul a pedacitos. Hay regalos intangibles más valiosos que los propios objetos. No todos podemos hacer como el emperador indio Shah Jahan que mandó construir el Taj Mahal en honor a su esposa como ofrenda póstuma.

Hay quienes siempre esperan recibir aunque lo nieguen y hay quienes siempre están dispuestos a dar. Cuando decida dar un regalo hágalo desde el amor y sin dudarlo y cuando reciba sea siempre agradecido. Regale y regálese calidad de tiempo, calidad de vida, calidad de servicio, libertad, compañía, un buen consejo o una palabra amable en el momento adecuado. Regale perdón, compasión y amistad.

Porque es jueves de volver a lo que fue, lo que es, lo que siempre será… porque los regalos siempre han estado y permanecerán. Deseo que sigan con sus regalos más preciados: la vida y la salud. Regale amor, luz y armonía y que la prosperidad los abrace y la vida les obsequie lo mejor. Recuerde lo que dicen por ahí, el regalo no está en el paquete sino en las manos que lo entregan.

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