Historias

Verdades sobre el príncipe no tan encantador

Martha Lucía Barbieri

Comunicadora Social -Yo soy la que soy –

Hace unos días escribí sobre el color azul y cómo hallarlo en la cotidianidad. Luego de leer sobre el tema, me contactó un amigo y a modo de pregunta y reclamo me cuestionó sobre por qué no mencioné al príncipe azul.  

– A quién? repliqué.  

– Pues al príncipe azuuul, ese del que les hablan a ustedes desde niñas y que quieren en sus vidas.  

– A mí no me hablaron de él, le respondí, pero entiendo a lo que te refieres. 

Lo olvidé por completo, para mí tiene tan poca relevancia y significado que no tuve en mi radar al personaje como para tan siquiera citarlo. Pero como sé que es un concepto popular con marcada connotación, decidí que dicho príncipe merece no sólo ser mencionado sino un escrito completamente para él.   

Magic Kingdom – Foto: Martha Lucía Barbieri

Cómo pude olvidar a ese caballero ideal, hombre amable y atento, modelo de gracia y buenos modales, colmado de virtudes, apuesto, el amante perfecto que rompe maldiciones, tiene títulos y además espera que vivas «feliz para siempre» (y con él).  

Todo esto, claro! hace parte del uso figurativo de la frase príncipe azul.  

Los cuentos de hadas nacen como relatos que llegaron inicialmente de forma oral y pasaban de generación en generación, las primeras narraciones vienen de la Antigua Roma, la Antigua Grecia y el Antiguo Egipto, tiempo después Charles Perrault, Hans Christian Andersen, los Hermanos Grimm, Walter Scott, Alexander Afanasyev (sólo por nombrar algunos), recogieron algunas de estas tradiciones de manera escrita. Los cuentos se convirtieron en literatura y se ven también sobre las tablas como en ballets (El Lago de los Cisnes, El Pájaro de Fuego…), pues bien, en dichos cuentos surge tal príncipe como personaje. 

No hay evidencia exacta de cuándo comenzó a utilizarse el adjetivo y cuál fue la primera vez en que se le dio tan maravilloso color.  Este concepto de dudosa realidad se remonta además a los novelistas y pintores victorianos cautivados por el ideal caballeresco del Rey Arturo y su corte de Camelot. (príncipes con espada, fajín y armadura).  

Algunos historiadores sugieren que la idea apareció por primera vez en el siglo XIX a raíz de una historia (que se convirtió en leyenda) de origen rumano llamada «El Príncipe Azul de la Lágrima» (Mihai Eminescu, la escribió).  

Otros relatos aseguran que se incorporó el color en virtud de que procede de las venas que se marcan en las pieles «reales» (muy blancas), o que proviene del término sangre celestial, que de traducción en traducción pasó a sangre celeste y ha quedado finalmente como sangre azul para referirse a su condición aristocrática. También hay quienes cuentan que algunos miembros de la realeza padecían una rara enfermedad cardiaca (cardiopatía cianótica debe ser) que tornaba algo azulosa la piel (eso pasa por falta de oxígeno en la sangre) y algunas culturas ancestrales europeas tienen un mito que cuenta sobre un príncipe con una herida que sangraba en un color muy extraño y que al entrar éste en el mar su sangre le dio color al mismo.  

Universal Studios – Foto Martha Lucía Barbieri

En 1959 ya mencionan a dicha alteza con nombre propio en la versión cinematográfica de Walt Disney, La Bella Durmiente. Canta la princesa Aurora en una de las escenas: «Eres tú el príncipe azul que yo soñé…». En 1997 hicieron una adaptación de la letra de la canción con algunos cambios y esta dice: «Eres tú la dulce ilusión que yo soñé…» ambas adaptaciones igual de ridículas y patéticas en su totalidad. 

En Inglés es conocido como «Prince Charming or a knight in shining armor» que traduce literalmente el príncipe encantador o el caballero de la brillante armadura. Por errores de traducción en algunos cuentos aparece como el príncipe encantado y no encantador, por lo tanto, también es ampliamente nombrado de este modo (encantado) en varias partes del mundo como en Brasil. En ruso se traduce como el príncipe en el caballo blanco que significa el mejor hombre o el hombre ideal.  Eso del hombre ideal o el mejor, es quizá una noción menos tóxica partiendo de que lo ideal para unos no lo es para otros y de que estamos llenos de imperfecciones.  

Foto Martha Lucía Barbieri

Los cuentos de hadas han clasificado el modelo de un hombre en tres categorías: el príncipe azul, la bestia y el caballero de la brillante armadura. El primero se refiere a la noción de habitantes de suntuosos castillos, hidalgos valientes que salvan a hermosas doncellas en dificultades y les encanta luchar contra dragones y brujas. La bestia es un hombre bueno pero tosco y de malos modales y el caballero de la armadura que es una combinación de ambos, está colmado de virilidad, es apasionado por la adrenalina, el peligro y quiere proteger y salvar el mundo (ese suena tentador). 

Hasta ahí la parte histórica, sin embargo, quiero retomar el concepto como tal. La expresión aunque popularizada de manera simpática y coloquial va quedando grabada en las mentes femeninas y de esta manera se empieza a estereotipar a un ser mágico e imaginario. En tiempos pasados las mujeres soñaban con escapar de su realidad y encontrar a un hombre con cualidades inexistentes (guapo, rico, valeroso) que les diera la vida que realmente deseaban, velara por su bienestar y así no conformarse con lo que su condición familiar y social les permitía. Todo esto parte de una cultura patriarcal.  

Actualmente aunque la condición de las mujeres ha cambiado y tienen libertades sociales y económicas, la incertidumbre es más emocional. Algunas no sienten que dirigen su destino afectivo y alimentan fantasías de una vida plena que colme vacíos emocionales y las llene de armonía.  Soñamos con hombres virtuales que no existen más que en la imaginación, pero la realidad es otra y cuando nuestra pareja no es lo que deseamos llega la frustración y el desencanto ya que nada nos satisface.  Encontramos de todo: guapos, buenos, malos, feos, bajos, gordos, mentirosos, tacaños, amables, bondadosos… este mito del amor ideal y romántico ha permanecido y debe desaparecer tanto para las mujeres como para los hombres porque queda claro que tampoco somos princesas.  

Claro que merecemos una pareja con determinadas características y múltiples cualidades y no el primer sapo que se atraviese en el camino, sin embargo, no hay que dar ciertas virtudes como positivas y por qué dejar en manos ajenas nuestro cuidado y felicidad. Nadie nos va a salvar de nada.  

Con expectativas desbordadas y un enfoque ilusorio y desmedido nos unimos a un extraño casi de manera ingenua para formar una pareja, tenemos  intereses, costumbres, sentires y maneras diferentes, algunas pueden elegir libremente y a otras les adjudican y escogen ese «buen partido». Se tiende a deslumbrase con facilidad y pensar con el anhelo. 

Siempre merecemos lo mejor y lo mejor es el amor propio y una autoestima sana para no dejarnos cautivar ni maltratar ni hacerlo con los otros. Enseñar esto a nuestros hijos (hombres y mujeres) es sustancial. 

En este jueves de volver a lo que fue, lo que siempre será…les deseo que su vida sea llena de amor, luz, bondad, generosidad y agradecimiento, que todo esto emane de ustedes y que no necesiten de nadie que se los provea y si llega tal consorte pues bienvenido sea.  

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