Opinión

La verdadera mirada presidencial

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Superada la etapa de “Siguiente pregunta señor periodista” de la era Uribe, hemos llegado a la época donde “Es un relato periodístico”. Así quedó evidenciado ayer, en la entrevista que dio el presidente Gustavo Petro a quien parece su amigo o seguidor, Daniel Coronell y a Federico Gómez de Cambio Colombia. En la conversación de aproximadamente 1 hora 42 minutos, se tocaron muchos puntos importantes, le hicieron preguntas sobre su familia, lo que quiere en su gobierno y lo que ha estado pasando con su gabinete. Quizás por el tiempo, no se habló de la deportación de Aída Merlano, de la vicepresidenta y su papel o del paso de Cambio Radical a ser partido de oposición. Y por tiempo, solo tocaremos aquí algunos frentes.

Para comenzar, la posición tomada frente a la situación de su hijo Nicolás Petro Burgos, quien fue salpicado por la exesposa de éste, Day Vásquez, la semana antepasada por recibir dineros ilícitos para la campaña de su padre que, al parecer no llegaron allá, es muy parecida a la de Poncio Pilatos: “Nunca tuvimos la oportunidad de convivir. No lo crie. Esa es la verdad”. Aduce que estaba en la clandestinidad (preso, realmente), cuando el niño nació. Sin embargo, eso no fue impedimento para conocerlo y, aunque no vivió con él, sí le fue posible mantenerlo cerca, por eso, cuando se lanzó a la Alcaldía de Bogotá en 2011, le sirvió como apoyo en la capital para recoger las 130.000 firmas que le permitieron inscribir su campaña. En aquel momento, Nicolás tenía 26 años, era abogado y quedó al frente del ala juvenil de la colectividad, convirtiéndose en el escudero de su padre. A los dos años de gobierno en Bogotá, el mismo alcalde Petro solicitó a la Fiscalía investigarlo porque, aunque no tenía cargo alguno en la Alcaldía Distrital, en los pasillos del Palacio Liévano se insinuaba que era el direccionador de varios contratos. Y aunque superó el impase, parece que esta cercanía no le fue suficiente al padre para inculcarle a su hijo los valores y la ética que debía tener.

Aclaró, además, que a él no le aplicaría la solicitud de renuncia que le hizo a Martha Lucía Ramírez en 2020 cuando se conoció el caso del hermano, a quien ella le firmó una garantía en Estados Unidos al pagar su condena por narcotráfico en 2002, bajo el argumento que su gobierno no tiene relaciones con narcotraficantes, ni ha recibido dinero de narcotraficantes. Lo curioso es que el caso del hermano de Ramírez fue más de una década antes de que ella fuera vicepresidenta y, hasta donde sabemos, los delitos de sangre no existen. La diferencia con el caso de Nicolás Petro es que éste se presenta mientras su padre era miembro del Senado y candidato presidencial, además, por dineros que aún requiere probar que no entraron a su campaña. La posición del presidente es clara: con la vara que mido, no me mides…

Otra curiosidad de la entrevista es que Gustavo Petro, narra el exilio al que su familia estuvo sometida por contar con su mismo apellido. Esta ocasiona que, algunos de sus hijos, aún se encuentren fuera del país. Lo curioso es que no los envió, ni les sugirió irse, ni a sus hijos ni a su hermano, a lugares con la corriente ideológica y económica que quiere implantar en el nuestro, como podrían haber sido Cuba o Rusia o, desde unos años Venezuela. En el caso de los hijos los envió a Francia y su hermano fue a Canadá. Como es sabido y la libertad de la que gozan se los ha permitido siempre, van y vienen de nuestro espacio aéreo y de nuestros medios de comunicación, como les parece. Interesante preguntarles a los hijos por qué no han escogido ninguno de los destinos comunistas o socialistas… ¿Será que, en la práctica, no están tan de acuerdo con el modelo que su papá quiere implementar?

Dentro de lo que el presidente Petro considera “relatos periodísticos”, está la creencia de que algunos nombramientos de su Gobierno parecen haber sido sugeridos por su esposa. Lo curioso es que los “relatos” son hechos por los mismos protagonistas, como cuando Concha Baracaldo, quien fuera directora del ICBF, contó en un programa radial que fue Verónica Alcocer quien la llamó para ofrecerle el cargo, como si la primera dama tuviera funciones como secretaria general de Palacio o jefe de recursos humanos. Otro caso es el del profesor Zorro, el profesor de piano de sus hijas y quien trabajó con la Bogotá Humana en la Orquesta filarmónica de Bogotá, que pasó de ser viceministro a ser ministro de Cultura cuando el presidente Petro anunció la salida de Patricia Ariza en alocución presidencial, lo que hace pensar ¿por qué no lo nombró en el Ministerio de Cultura desde el principio del gobierno si consideraba que era el indicado?

Otra de las declaraciones dadas por el presidente que genera inquietud, es su postura frente a las Fuerzas del orden. Para él, lo que pasó en el Caquetá con las comunidades indígenas, a lo que llamó “asonada”, aunque su ministro del Interior lo había llamado “cerco humanitario”, es un triunfo por parte de las fuerzas del Estado. Considera que la democracia no permite matar al civil y cree que, si los policías hubieran actuado, habría sido una tragedia. En esa conclusión estoy de acuerdo, porque 100 policías no tenían oportunidad frente a 1000 o 7000 indígenas (esta última es la cifra dada por el presidente), pero ¿por qué se demoró tanto el apoyo?, ¿Por qué los helicópteros no aparecían? La idea del presidente Petro sobre la democracia genera una inquietud a quienes vivimos y queremos seguir viviendo en ella: ¿Cambia la posición de la ley cuando el civil es un delincuente y su objetivo es hacer daño o conseguir algo a través de hacer daño? Porque este precepto nos deja ante un Gobierno que parece dispuesto a entregar la integridad, la paz y los derechos de todos, para cumplir los caprichos de cualquiera. No debemos olvidar que la democracia consiste en que sean los deseos del pueblo, de la mayoría de ellos, los que gobiernen, no los deseos de unos cuantos y que, como lo dijo el filósofo Jean-Paul Sartre «Mi libertad se termina donde empieza la de los demás». La verdadera “Paz total” debe partir del respeto de los derechos de todos, para que no se convierta en un simple “relato presidencial”.

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