Opinión

No hay que ser antipetrista

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Las situaciones ocurridas en Presidencia y con el presidente, cada día son más absurdas, inverosímiles. Lleva casi 18 meses en el poder y solo lo ha ejercido para poner a «vivir sabroso» a algunos de su círculo más cercano. Y digo «algunos», porque otros ya lo hacían: la esposa, sus hijos, el cuasi hijo Nicolás Alcocer, Roy Barreras, Armando Benedetti, Laura Sarabia y él mismo porque todos y cada uno, viven desde hace mucho tiempo y por diferentes razones, del Estado. Francia Márquez, los que llegaron al Ministerio de la Igualdad, los de la Primera Línea, son los nuevos beneficiados de las mieles de pertenecer y vivir ahora del erario, lo que se ha conservado entre sus actividades favoritas y, seguramente, no querrán cambiar nunca.

Creo que no hay que ser antipetrista para darse cuenta de que las cosas no van bien: un gabinete inestable y carente de capacidades técnicas que está llevando al país por un camino poco sensato, preparado y rentable; una aliada demasiado joven, más preocupada por seguir tocando el sol con las manos, que por ayudar al presidente a tomar decisiones que beneficien al país; una vicepresidente con un ministerio nuevo, que no tiene la menor idea qué hacer con él ni con su cargo original; una primera dama que no genera ningún programa benéfico para el país, solo una nómina adicional para mantener vigente su belleza; un canciller cuyo principal interés era que una empresa de un amigo de su hijo, se quedara con el negocio de los pasaportes, para lo que hizo cambios en el pliego, ocasionando una gran sanción que es Colombia quien debe pagar.

Todo esto, sumado a los aliados cuya integridad está en duda: Roy Barreras por su «camaleonismo» y por cargar plata en maletines que deja abandonados; Armando Benedetti, a quien hasta el propio canciller reconoció como «drogadicto» y quien manifestó haber recibido $ 15.000.000.000 para la campaña presidencial; Gustavo Bolívar, quien dejó el Senado porque no le alcanzaba el sueldo, pero decidió lanzar su precandidatura a la Alcaldía de Bogotá, a pesar de que en ésta sólo tendría la mitad del ingreso; Jaime Dussán, presidente de Colpensiones, dedicado a darle puestos a los amigos; o su hijo Nicolás Petro, quien no fue capaz de serle fiel a su esposa, con la que orquestó quedarse con un dinero ilegal que iba para la campaña de su padre.

A pesar de todo esto, el argumento del presidente en el Chocó, en donde reconoció que su gobierno incumplió con la construcción del acueducto, es que «no nos dejan gobernar», como si la oposición hubiese nombrado en sus cargos a Irene Vélez, hoy exministra de Minas y Energía, quien no tuvo nunca la menor idea de qué hacía su cartera y la convirtió en su fortín ambiental, cuando su deber era liderar una transición energética que no perjudicara la economía del país; o a la ministra del Deporte, Astrid Rodríguez, quien dejó perder los Juegos Panamericanos que se pensaban realizar en Barranquilla en 2027; o a Armando Benedetti, exembajador en Venezuela, de dónde salió por la filtración de unos audios que envió a Laura Sarabia en los que claramente argumenta que si él cae, se caen todos. O como si hubiese sido la oposición la que presentó reformas como la de la salud, que a empujones ahí va, pero no viene acompañada de un estudio técnico que indique cuánto cuesta y cuánto tiempo toma implementarla, además de qué tipo de afectaciones se presentarán en el servicio a los enfermos durante el proceso y donde ya se evidencias fallas en la entrega de medicamentos de alto costo y en la realización de exámenes de mediana complejidad.

Pero eso sí, para pelear con los entes de control, el presidente Petro está listo. Por eso, desconoce el fallo de la Procuraduría que sanciona por tres meses al canciller Leyva, por haber actuado contrario a la ley y de forma caprichosa en la licitación de los pasaportes; desacredita a la Fiscalía, sobre todo en el caso de su hijo Nicolás Petro, quien comenzó este capítulo diciendo que no se iba a inmolar por su papá y, después de una visita del propio Gustavo Petro a su casa por cárcel en Barranquilla, terminó diciendo que la Fiscalía lo estaba presionando. Afortunados que Day Vásquez sigue firme en contar todo. Y recordemos que la pelea para elegir fiscal, porque Francisco Barbosa abandona su cargo el próximo 12 de febrero, está como para alquilar balcón. Parece que el presidente no quiere que la vicefiscal Martha Mancera quede encargada y la acusa de cosas que no ha podido probar, pero no puede acelerar un proceso que, en otrora, ha tomado incluso, 18 meses para resolverse.

Al presidente Petro y al gerente de su campaña Ricardo Roa, hoy presidente de Ecopetrol, todavía les falta aclarar qué pasó con los 500 millones que ya Fecode certificó que entregó a la campaña Petro presidente, pero que no aparecen registrados en los libros, lo que significaría que se volaron los topes y el presidente -y todo lo que viene con él-, podría ser destituido; Francia Márquez todavía nos debe cuentas de qué hace su Ministerio de la Igualdad y cuál es su aporte real y tangible para el desarrollo del país; la ministra del Deporte, Astrid Rodríguez, nos debería informar qué va a hacer para recuperar los 2.2 millones de dólares que pagó Colombia para ser sede de los Juegos Panamericanos 2027 y que ella, por incompetencia u orden directa, dejó perder. Sería además interesante, que el canciller Álvaro Leyva nos cuente qué se siente tener que firmar la presentación de un «drogadicto» como Benedetti ante la FAO y si esa firma será legítima, porque la da estando sancionado.

No señor presidente, no es que no lo dejen gobernar, es que su manera de hacerlo no es la correcta. No le ha demostrado a quienes votaron por usted cuál es el cambio que tanto prometió, porque lo único que se ha dedicado a hacer es aún peor a lo que hacían gobiernos anteriores. Le ha parecido más importante un séquito de mil millones para su esposa, que pagarle a tiempo a las EPS para que nos atiendan con celeridad y diligencia; más importante comprar plumones de ganso y cobijas orgánicas para Palacio, que aumentar el presupuesto de los bomberos; más importante destinar 10.000.000.000 para remodelaciones en Palacio y en la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena, que construir el acueducto en el Chocó o alimentar a los niños de la Guajira, que en su mayoría, pertenecen a comunidades marginadas, a los “nadie” que usted prometió defender.

Y la gravedad de esto es que ahora y gracias a usted, tenemos un modelo económico que no nos permitirá continuar solventando sus necesidades y las nuestras, porque para mantener los gustos y lujos sólo de Palacio y el silencio y acompañamiento de su gabinete, ya estamos hablando de una nueva reforma tributaria, mientras usted cierra la posibilidad de la exploración y explotación de carbón, petróleo y gas, actividades que han sostenido la economía colombiana durante décadas. Confiemos en que usted tiene un “as bajo la manga” que nos permitirá salir de esta debacle en la que nos sumerge día tras día. Lo único que le pido es: sáquelo pronto, antes de que esto no tenga retorno.

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