Opinión

Absoluta desfachatez

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Lo encontrado por Revista Semana frente a los gastos de quien aún funge como primera dama, a pesar de no serlo, es una nueva estocada a los colombianos trabajadores que están, día a día, tratando de salir adelante en un país que cada vez, tiene menos oportunidades para sus habitantes.

Utilizar 23 mil millones de pesos de nuestros impuestos para que Verónica Alcocer pueda gozar de maquillador y de estilista, es más que grotesco. Lo más grave de esto es que ya sabíamos que pasaba, ya la prensa lo había informado tiempo atrás y, sin contemplación alguna, siguió ocurriendo, lo que demuestra que, a este gobierno, la insensatez y el descaro le corren por las venas.

Mientras Córdoba está inundado, el presidente se pasea por Gorgona con la compañera sentimental de turno y su esposa se dedica a gastarse el dinero de los colombianos en pantalla, en artificialidad, porque es más importante parecer que ser. Todo un lujo de familia, un matrimonio para mostrar el que dirige a Colombia.

Y no es que Verónica no tenga derecho a esos lujos, cualquiera que pueda pagarlos lo tiene, lo que pasa es que deberían salir de su bolsillo o del de su esposo, no del nuestro. Los recursos destinados por el Palacio de Nariño a la primera dama, que no tiene oficina ni presupuesto porque no es un cargo público, deberían estar enfocados en atención a la niñez, a los adultos mayores, a los animalitos, no al embellecimiento de su apariencia, que no le aporta nada al país.

Definitivamente, ese tipo de rubros no deberían poder ser pagados con dinero público. Claro está que los contratos no son hechos de manera transparente, sino que se camuflan entre diversas funciones y hacen creer que tienen actividades relevantes para el logro de objetivos del organismo a través del que son contratados. Lo que significa que, de manera hábil, a través de los contratos se engaña a la ciudadanía para que, sin protesta, pague los innecesarios lujos de una clase dirigente que abusa del poder que le fue concedido.

No somos un país solvente desde lo económico. Necesitamos cada recurso disponible para atender las necesidades que se presentan y, que se dispongan para cosas tan irrelevantes como la imagen de la primera dama, debería darnos vergüenza, sobre todo en las cantidades en que se están destinando.

Definitivamente, esa izquierda que se quejaba permanentemente de la manera en que la derecha había, durante 200 años, robado al país, fue capaz de superar con éxito y creces, cualquier daño o desfalco que se cometió contra Colombia. Con absoluta desfachatez, el alumno superó al maestro, amparado en un cambio que nunca llegamos a ver.

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