Acusaciones sin pruebas de Petro contra Ecuador terminan desmentidas por su propio Gobierno

Las declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre un supuesto bombardeo desde Ecuador provocaron una innecesaria tensión diplomática que, días después, terminó siendo desmentida por investigaciones oficiales de ambos países.
Durante un consejo de ministros televisado, el mandatario aseguró que existían indicios de ataques aéreos provenientes del país vecino. “Han aparecido bombas (…) ratificando mi sospecha de que están bombardeándonos desde Ecuador”, afirmó, sin presentar pruebas concluyentes ni la grabación que dijo tener en su poder.
Las declaraciones generaron alarma tanto a nivel nacional como internacional, y tomaron por sorpresa al Ministerio de Defensa y a las Fuerzas Militares, que activaron operativos en la zona fronteriza ante la gravedad de la denuncia.
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Desde Quito, el presidente Daniel Noboa rechazó categóricamente las acusaciones, calificándolas como falsas y explicando que las operaciones militares se desarrollaban exclusivamente en territorio ecuatoriano contra grupos criminales.
Pese a la falta de evidencia, Petro insistió durante varios días en su versión, incluso hablando de “27 cuerpos calcinados”. Sin embargo, el director de Medicina Legal, Ariel Emilio Cortés, desmintió esa cifra y aclaró que los únicos casos registrados corresponden a 14 hombres fallecidos en un incendio en Nariño, al parecer en un laboratorio de drogas. “Estamos completamente seguros de que fue un incendio, no un bombardeo”, aseguró.
Tres días después de la controversia, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, lideró un encuentro con autoridades ecuatorianas. La conclusión conjunta fue clara: no existió intención de afectar territorio colombiano. Según el informe, el artefacto cayó inicialmente en suelo ecuatoriano y, tras rebotar, ingresó unos 210 metros a Colombia sin causar daños.
El episodio dejó en evidencia un manejo errático de la política exterior por parte del presidente, cuyas afirmaciones sin sustento escalaron innecesariamente un incidente fronterizo. Analistas señalan que este tipo de pronunciamientos, lejos de fortalecer la diplomacia, generan crisis evitables que luego deben ser contenidas por canales institucionales.
Además, sectores críticos consideran que la controversia funcionó como una cortina de humo frente a problemáticas internas, desviando la atención pública hacia un conflicto internacional inexistente. Finalmente, ambos gobiernos coincidieron en la necesidad de evitar este tipo de episodios y priorizar los canales diplomáticos para futuras comunicaciones.




