Opinión

Amor entre letras

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Hace poco leí a una escritora en la red y no puede dejar de preguntarme: ¿Cómo sería una relación amorosa entre una escritora y un escritor? Pues bien, me di a la tarea de investigar un poco sobre relaciones amorosas de escritores reconocidos y me he llevado una gran sorpresa.

Así es, el listado es más largo de lo que me hubiese imaginado. Por mencionar algunos ejemplos, nos encontramos a Sofía Andréyevna Tolstáya y León Tolstói, Peter Orlovsky y Allen Ginsberg, Vera y Nabokov, Leonard Woolf, Virginia Woolf, Stephen King y Tabitha, Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, Geroge Eliot y George Henry Lewes, Henry Miller y Anaïs Nin, F. Scott Fitzgerald y Zelda Sayre Fitzgerald, Zadie Smith y Nick Laird, Michael Ondaatjie y Linda Spalding, Margaret Atwood y Graeme Gibson, Martin Amis e Isabel Fonseca, Ernest Hemingway y Martha Cellhorn, Paul Velaine y Arthur Rimbaud, Ted Hughes y Sylvia Plath, entre otros.

Disculparán ustedes que no haga referencia a las obras literarias que escribieron estos autores, la gran mayoría de ellos reconocidos. Diré entonces que lo dejo de tarea para los más curiosos. Tampoco voy a escribir sobre lo tormentoso que resultó para muchos mezclar sus vidas y, sobre todo, mezclar sus letras.

En efecto, la vida de un escritor, y asumo que la vida de una escritora, van por el mismo camino a la hora de tener una relación con alguien. Ahora bien, por lo general los escritores y escritoras se enamoran de personas que no escriben, que no comprenden cómo funciona el cerebro de un sujeto que nace para escribir, aunque muchos, dice la frase popular, “escriben para vivir”, pero ese es otro cuento o tal vez historia.

El asunto es que, resulta algo complejo cuando los escritores y escritoras se enamoran de personas que no entienden qué es una figura literaria, la razón de un verso o la intención y la intensión en la prosa; es extremadamente complejo que una persona que no escribe y a veces, sobre todo en este mundo fácil, que no leen, puedan llegar a comprender cómo nace esa inspiración y la manera cómo esos mundos, personajes, momentos, espacios, lugares se forman de la nada, como si se tratase de un constructor, pero, es un constructor de lo imaginario.

Y no es porque las personas sean iletradas o algo así, porque no escriban o no lean con la misma pasión que lo hacen los escritores y las escritoras, no. Tampoco se trata de describir a los escritores o escritoras como una cosa del otro mundo, unos iluminados, enviados por algún dios o similares, no.

Lo que sucede es que la gran mayoría de las personas que viven a través de las letras, son en extremo sensibles y no pueden ver la vida, o mejor, no podemos ver la vida, de otra manera que no sea por medio de lo que escribimos y de todas esas creaciones.

Tal vez sea un poco loco, lo sé; muchos en medio de su ignorancia, dirán que es cosa de dementes o gente bipolar. Es entendible.

De ahí que muchas personas, hombres y mujeres, al principio, aman lo que el escritor o la escritora escriben, pero, luego, la agonía se hace presente al no poder comprender toda esta vorágine. Tal vez por esta razón la gran mayoría de escritores y escritoras estamos condenados a vivir en soledad o a amar en silencio.

Por todo esto me resulta algo curioso pensar en el amor entre letras, en el amor de un hombre y una mujer que comprenden el porqué de todo lo que escriben y siente cada vez que lo hacen.

Como sea, y sin desmeritar la labor de escribir, si usted caballero o dama, se mete en una relación amorosa con un escritor o una escritora y estos, se llegan a enamorar de usted, tenga en cuenta mi querido amigo o mi quería amiga, que nunca morirán.

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