Farándula

Bad Bunny deslumbró a Medellín en una noche histórica cargada de símbolos, música y emoción

La relación entre Colombia y Benito Antonio Martínez Ocasio viene de larga data, y Medellín volvió a confirmarlo. En la noche del viernes 23 de enero, Bad Bunny inauguró en el estadio Atanasio Girardot su paso por el país con la primera de tres fechas del DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour, en un concierto cuidadosamente planeado que combinó música, silencios elocuentes, símbolos culturales y una comunión total con el público.

Desde horas antes, el escenario era una amalgama de nacionalidades. Asistentes de distintos países de América Latina y Estados Unidos, junto a colombianos llegados desde varias regiones, llenaron el estadio. La pava puertorriqueña fue el accesorio más repetido entre los fanáticos, símbolo de identidad y resistencia cultural boricua, presente en la iconografía del artista durante toda la gira.

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Bad Bunny apareció puntualmente a las 9:00 p. m., como estaba anunciado. El inicio fue marcado por un video con acento paisa que dio paso a LA MuDANZA. Luego vino uno de los sellos del concierto: el uso del silencio como recurso narrativo. Durante más de un minuto, el artista permaneció en escena sin música, observando al público, antes de romper el silencio con un emotivo mensaje a sus padres. A lo largo del show, esos silencios pausaron la euforia, crearon expectativa y dejaron postales memorables.

El artista ofreció tres actos con cambios de vestuario que reafirmaron su estatus como ícono global de la moda. También destacó la calidad de los músicos que lo acompañaron y los homenajes a Colombia, como la interpretación de Colombia tierra querida con cuatro puertorriqueño y La múcura, a cargo de Los Pleneros de la Cresta.

El repertorio incluyó éxitos como Callaita, Tití me preguntó, Yo perreo sola, Safaera y Monaco, además de la canción sorpresa para Medellín: NO ME QUIERO CASAR. Contra lo esperado, Bad Bunny rompió su propia regla y tuvo invitada en la primera noche: Li Saumet, de Bomba Estéreo, quien interpretó junto a él Ojitos lindos.

Momentos simbólicos como El apagón, con la pantalla principal apagada, reforzaron el mensaje de resistencia y denuncia social. A esto se sumaron elementos como el sapo concho —símbolo de identidad puertorriqueña— y La casita, escenario ubicado frente a la tribuna de menor costo, como declaración contra la exclusión en el entretenimiento.

Cerca de 40.000 personas asistieron al concierto, que también tuvo un impacto económico significativo: Medellín registra una ocupación hotelera cercana al 94 % y una alta dinámica comercial alrededor del evento.

Bad Bunny cerró con un mensaje de agradecimiento y amor al público. Fue solo la primera noche, pero ya dejó claro que Medellín volvió a vibrar al ritmo del Conejo Malo.

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