Opinión

Crónica de una muerte anunciada

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

El asesinato del director de la Cárcel La Modelo, coronel retirado Élmer Fernández, fue la crónica de una muerte anunciada.

Fernández asumió la dirección del centro penitenciario el pasado 4 de abril y, el 9 de mayo, recibió amenazas por parte de «Pedro Pluma», quien pertenece a La Inmaculada, banda de Tuluá, Valle del Cauca y quien estaba preso en el cuarto patio. El panfleto indicaba que, si ordenaba una requisa en dicho patio, mataría a su familia. El coronel (r) solamente informó a la Fiscalía General de la Nación y su caso, apenas se encontraba en estudio.

Supuestamente, Fernández debió avisar a la Unidad Nacional de Protección, UNP, pero ¿por qué avisar algo que era obvio? ¿Por qué un director de prisión no merece, al menos, el mismo esquema de seguridad que la hija del presidente cuando come helado en el Parque de la 93? ¿Cómo es posible que el protocolo de seguridad de la Policía y el Gobierno expongan la vida de otras personas, al despacharlas hacia sus casas en una «ruta» del Inpec junto al director de una prisión?

Recordemos que, cuando el presidente Petro llegó al poder, mandó a calificar servicios a muchos oficiales superiores, según se dijo, porque buscaba consolidar un equipo de su confianza, porque los que estaban al parecer, no lo eran. ¿No merecía Élmer Fernández dicha confianza y, sobre todo, protección por el cargo que ostentaba? Y aún, si no tenía dicha confianza, ¿por qué no merecía esquema de seguridad si lo habían designado en un cargo de alto riesgo? El «SOS nos están matando, ¿quedó sólo como estrategia de campaña o sólo aplica para determinadas personas?

No es posible que un jefe no cuide y proteja a sus subalternos, a aquellos que le ayudan a cumplir sus metas. Porque es eso lo que sienten las tropas, los miembros de la fuerza pública, que los han dejado solos en la lucha. Por eso, muchos de los nuevos han pedido la baja, porque sienten que no hay respaldo a la labor que realizan y en la que exponen sus vidas a diario.

Y así lo sentimos los colombianos de a pie, quienes vemos cómo, día a día, la labor de aquellos que exponen su vida para cuidar la nuestra, no está respaldada por el Gobierno Central, quien los instruye, por ejemplo, con que no deben levantar las armas «contra el pueblo de Colombia en su libre expresión y manifestación», sin indicar o esclarecer sus verdaderas pretensiones. Porque imagine la dificultad para cualquier miembro de la fuerza pública, que no pueda actuar contra quien quiera atentar contra su vida o contra la de otros y, parece, eso es lo que busca el presidente, quien busca en cada intervención pública, caldear los ánimos e impulsar otro estallido social.

Sólo esperemos que el caso del coronel (r) Élmer Fernández no se repita… Y que el asesino, si es capturado, pague por su crimen y no sea convertido en gestor de paz por el propio presidente.

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