Opinión

El día que la tierra se detuvo

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

Escritor

“Vi que el Cordero rompió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto. El sol se oscureció como si se hubiera vestido de luto, la luna entera se tornó roja como la sangre, y las estrellas del firmamento cayeron sobre la tierra, como caen los higos verdes de la higuera sacudida por el vendaval”.

Apocalipsis 6:12-13

Nadie supo en qué momento sucedieron las cosas que acontecieron aquel día oscuro. Las personas en todo el mundo se encontraban envueltas en las afugias cotidianas: el trabajo, la familia, las deudas, las noticias del momento, la infidelidad, la depresión, la guerra de géneros, todo acontecía como siempre. Nada extraordinario.

El asunto era tan monótono que, tal vez esa fue una de las causas por las cuales el remezón fue mucho más fuerte de lo que se podía esperar frente a un acontecimiento como este. Ni siquiera hubo una explosión, ni una trompeta que alertara la llegada de los Jinetes del Apocalipsis, nada.

Simplemente todo colapsó y la gente comenzó a salir de sus casas en medio de una algarabía ensordecedora que causaba todo tipo de escozor y espanto. La atmosfera cambió, todo se movía de manera diferente, más lento, como si a la tierra le hubiese dado por fumar un porro o meterse alguna de esas pepas que se mete la gente para soportar.

Fue así como el mundo, como lo conocemos, se vino a pique. Los aviones caían de los cielos, los cajeros enloquecieron, la bolsa se fue al piso, los barcos se hundían, los computadores enloquecidos, alarmas por todas partes sonaban, los medios intentaban dar las noticias de lo que sucedía, pero les era imposible, como cuando a los caleños les hicieron la encerrona para podernos acribillar sin tanto testigo.

Unos pensaban que se trataba de una invasión extraterrestre. Otros aseguraban que era el fin de los tiempos. Unos más contaban que era un ataque zombi y otros le echaban la culpa a Petro, a los talibanes, a los rusos, a los venezolanos y hasta a la vecina chismosa del barrio.

Pero, lo anterior fue lo de menos, lo peor vino cuando cientos de personas, por no decir miles, comenzaron el vandalismo, el canibalismo, se formaron nuevos grupos que pretendían dominar a los más débiles, las calles se volvieron peligrosas, todo ardía por doquier: iglesias, escuelas, palacios de justicia, alcaldías, almacenes de cadena y hasta los negocios chicos, de esos en donde más de uno aprovecha para enamorar y que a la vez les salga económico invitar a la susodicha o el susodicho porque hay mujeres que también pagan por el servicio.

Por si fuese poco, dentro de las casas la emancipación no se hizo esperar. El asunto fue tan dantesco que ni siquiera el Coronavirus logró despertar tantas cosas espantosas en la gente que estuvo confinada. Por eso no fue rara la ola de violencia desatada entre esposos y esposas, padres e hijos y otros familiares. Todos querían poner su cuota de sangre y terror.

No voy a mencionar la situación en los trabajos y las empresas porque ya se podrán imaginar lo que pasa en estos lugares cuando el fin del mundo está cerca. Lo cierto es que el día que la tierra se detuvo el hombre, y por supuesto la mujer, dejaron al descubierto lo enferma que está esta sociedad, sus mentes y, aunque suene romántico, sus corazones.

El caos era el amo y señor en todos los lugares del mundo que conocemos y justo cuando algún demente de estos con poder estaba a punto de presionar el botón ocurrió lo que muchos pensaban que no volvería a suceder…

Alrededor de seis horas estuvo caído WhatsApp, Facebook e Instagram, pero, fue el tiempo suficiente para entender que algo en este planeta y su gente no está bien.  Luego de ese corto tiempo sin fotos, chats, likes y otros, todo volvió a la “dizque normalidad”.

Los memes, las risas, la gente fingiendo lo que no son en sus plataformas de ensueño, nuevas aplicaciones descargadas en los teléfonos por si se vuelven a caer estas redes, estadísticas de los cientos de miles de millones que se perdieron, más humor, más fútbol, más guerra entre representantes del género urbano, más y más guerra entre feministas y el patriarcado que parece una suerte de Castrochavismo y todas esas cosas que ya conocemos, hicieron que los usuarios en todo el planeta pudieran volverse a drogar.

“Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido”.

Apocalipsis 21:1-2

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