Opinión

El tiempo no siempre es suficiente: Una reflexión sobre escribir y detenerse

Sara Moreno Ruiz

Sara Moreno Ruiz

Columnista Invitada

El 24 de diciembre fui al centro comercial para hacer una última compra. Necesitaba escoger una chaqueta, de las tres que había visto el día anterior, para el vestido que pensaba ponerme esa noche. Sin embargo, para decidir cuál de las tres me quedaba mejor, necesitaba llevar el vestido al probador.

Ya que estaba en el centro comercial, aproveché para ir a Barnes & Noble, una librería similar a nuestra Panamericana, pero en los Estados Unidos. Tengo una gran fascinación por los libros. Leer, para mí, es terapéutico; porque me transporta a otros lugares, situaciones y pensamientos que me inspiran a ver mi vida de otra manera: siempre más positiva y con esperanza.

Era la segunda vez que iba a Barnes & Noble en este viaje; la primera había sido el día anterior, cuando compré Mad Wife, una novela que habla del matrimonio —uno de mis temas favoritos— en los años cincuenta en los Estados Unidos, desde la perspectiva de una mujer a quien eventualmente señalan como “loca”. A veces estamos tan desconectados de la realidad que la verdad parece loca. Pero de todo eso puedo escribir después.

Ese día, el de la chaqueta, en el Barnes & Noble del centro comercial, tomé un libro titulado 6:40 Montreal y me senté en la cafetería que hay dentro de la librería para leer de qué se trataba. Viviendo en Montreal, el nombre llamó inmediatamente mi atención.

Supe entonces que se trataba de una historia ocurrida durante un viaje de tren a una mujer escritora a quien su marido le había regalado un pasaje de Toronto a Montreal con el fin de que, durante el trayecto, pudiera terminar de escribir su último libro. La idea de usar un viaje en tren para escribir me pareció maravillosa.

A veces pensamos que lo único que necesitamos para hacer las cosas es tiempo, pero somos más complejos que eso. También necesitamos disposición, ánimo, motivación y ciertas circunstancias especiales, como estar en un vagón de tren, con una vista agradable, sin distracciones ni la posibilidad de cambiar de situación. Forzados, de cierta manera, a escribir en este caso, pero al mismo tiempo en condiciones que lo hacen más fácil y agradable.

Pensé entonces que, para finalizar el libro que estoy por publicar, el próximo año yo también haré un viaje en tren. Ya no de Toronto a Montreal, sino al revés.

¡Feliz año, queridos lectores!

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