Opinión

Empresarios a prueba de paciencia

Alba Lucía García

Alba Lucía García

Columnista Invitada

Todos lo dicen, pero los que pueden hacerlo se hacen los sordos. Colombia está atrapada en una maraña de trámites que asfixian a los empresarios y espantan a los que sueñan con emprender. El último informe de ANIF lo confirma: las altas barreras regulatorias y de formalización están asfixiando la productividad del país.

Aquí, abrir un negocio puede tardar más que hacerlo despegar, y los emprendedores sobreviven más por terquedad que por apoyo. En Ibagué, Espinal, Chaparral o Mariquita, crear empresa es casi un acto de resistencia. No es una opinión; son datos. El 88,4 % de los micronegocios sigue en la informalidad frente a la renovación del registro mercantil. Eso quiere decir que, por cada empresa que decide seguir las reglas, hay casi nueve que prefieren quedarse al margen. ¿Y quién puede culparlas? Formalizarse se volvió más costoso y complejo que quedarse por fuera del sistema.

Y no se necesita ser economista para verlo: en Colombia, abrir o mantener un negocio es más difícil que conseguir cita médica por EPS. Cada año, los empresarios deben renovar el registro mercantil, aunque no haya pasado absolutamente nada en su empresa. ¿Qué sentido tiene pagar una y otra vez por lo mismo?
Y como si eso fuera poco, llegó el Decreto 045 de 2024, que cambió las reglas del juego con un nuevo cálculo de tarifas basado en los llamados “activos ordinarios”, un concepto que ni los contadores entienden.

Mientras tanto, los congresistas de turno no han movido un dedo para simplificar los trámites o aliviar las cargas. En cuatro años no han aprobado una sola ley que le haga la vida más fácil al emprendedor. Pero sí han encontrado cómo aumentar la nómina pública y los contratos a dedo. En Ibagué, por ejemplo, ya casi hay tantos contratistas como empleados del comercio. Una vergüenza.

El Tolima necesita reglas que empujen, no que asfixien. Necesita una economía donde crear empresa no sea una hazaña heroica. Si seguimos castigando a los que producen, pronto no habrá a quién cobrarle impuestos ni a quién pedirle empleo.

Por eso esto no es una queja más, es un llamado directo. A quienes hacen las leyes, gobiernan o deciden desde un escritorio: dejen de enredar al que trabaja y empiecen a facilitarle la vida al que produce. El Tolima merece más oportunidades para quienes quieren producir, vender, generar empleo y sentirse orgullosos de hacerlo en su tierra.

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