¿En dictadura?

Parece que comenzamos la recta final de la contienda electoral. Digo “parece”, porque las decisiones desacertadas producto del desespero, han comenzado a verse. Muestra de ello fue lo que quiso hacer una universidad en Cali, al citar de manera obligatoria a todos los empleados bajo cualquier tipo de contrato, para que presenciaran una charla de Alex Char sobre “La transformación de las grandes ciudades como estrategia del cambio: el caso Barranquilla”. Como era de esperarse, alguien filtró la circular firmada por la directora de gestión humana a las redes sociales y la indignación no se hizo esperar.
Aunque la Universidad emitió un segundo comunicado el mismo sábado, éste dirigido a la opinión pública, explicando que lo publicado en redes era falso porque la reunión a la que citaron tenía como objetivo anunciar el incremento salarial para 2022, los proyectos en infraestructura y tecnológicos y exaltar el trabajo de los grupos de investigación, el Twitter oficial de la institución educativa tenía publicada la convocatoria para la ponencia con Alex Char 20 minutos después en el mismo lugar de dicha reunión.
De este caso, me queda claro que lo único que causó la Universidad con esta citación, fue lograr total animadversión hacia el candidato, aún para quien podría tenerlo como opción, porque sentirse en dictadura no es cómodo para nadie. Sin embargo, hacia donde quiero enfocar la mirada es ¿puede una universidad hacer esto? Al parecer sí porque lo hizo, pero ¿es correcto? Invitar a un candidato presidencial a un aula educativa es ideal en época electoral, ojalá pensaran en invitarlos a todos, porque todas las propuestas deben ser escuchadas y, en su labor formativa, impulsar el ejercicio de la democracia es un deber de quienes educan.
Este caso es digno de ser visto con lupa, porque las universidades en nuestro país no deben ser usadas como plataformas políticas por ningún candidato. Quejarnos del comportamiento de los maestros de Fecode y permitir que en la educación superior se realicen este tipo de acciones, es una total incoherencia. La democracia debe ejercerse desde el conocimiento informado, pero para lograrlo, los empleadores no pueden obligar a sus empleados a asistir a una charla política. Como votantes, sea cual sea nuestra profesión u ocupación, tenemos el derecho a decidir si queremos conocer o no esas propuestas.
En esta oportunidad, los obligados a asistir no fueron los alumnos, pero los derechos del personal administrativo, algunos de ellos docentes, deben ser respetados. Recordemos que ellos, desde su cargo, también están encargados de apoyar la formación de las personas que, en corto, mediano o largo plazo, dirigirán nuestro país. ¡Ah! Una última inquietud, ¿por qué el señor Char tiene tanto poder en una Universidad que ni siquiera está en la costa Atlántica?



