Opinión

Fábula del reino de “Cambio”: Chuspin, Periquín y la Trepadora

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

Érase una vez, en un lejano y maltratado reino llamado “Cambio”, donde las montañas susurraban secretos de antaño y los ríos arrastraban promesas rotas, vivían dos curiosos personajes: Chuspin y Periquín. Ambos eran adoradores fieles de tres dioses muy particulares: Don Licor, Don Poder y Don Narcótico, con quienes hacían rituales diarios, a menudo en salones alfombrados de impunidad.

Estos dos pillastres no eran simples adictos. No, señor. Eran líderes de Cambio, un reino donde gobernar consistía en saquear con estilo y sonreír en los retratos. Junto a ellos reinaba una dama astuta y sinuosa conocida como La Trepadora, una criatura de mil caras y una sola ambición: escalar, trepar, trepar más, y si había que pisotear cabezas, pues que fueran con tacones de diseñador.

La Trepadora no solo los abastecía de sus vicios, sino que movía los hilos del poder desde las sombras como una marionetista con diplomado en manipulación emocional y contabilidad creativa. Chuspin y Periquín creían mandar, pero era ella quien decidía quién se intoxicaba, quién firmaba decretos y quién salía a dar discursos patrióticos con la corbata chueca y la moral más aún.

El reino de Cambio, mientras tanto, se desangraba. Grupos alzados en armas habían convertido los campos en zonas de guerra, las ciudades en zonas de miedo y los bolsillos del pueblo en santuarios vacíos. Pero tranquilos, que en cada crisis, Chuspin hacía una rueda de prensa y Periquín prometía reformas… después del almuerzo, claro.

Ahora se avecinaban elecciones, y todo se llenaba de banderas, jingles pegajosos y promesas recicladas. La Trepadora, con su olfato de hiena en ministerio, ya tenía a sus nuevos títeres listos: unos gritaban “¡Renovación!”, otros “¡Unidad!”, pero todos llevaban el mismo guion debajo del brazo y el mismo sobre debajo de la mesa.

Y mientras el pueblo discutía en redes sociales sobre el “mal menor”, Chuspin brindaba con whisky añejo, Periquín recitaba discursos escritos en servilletas y La Trepadora seguía trepando, sonriente, rumbo a su próximo cargo, sabiendo que en Cambio, todo cambia… para que nada cambie.

Si en algún momento encontraron un parecido con algún dirigente conocido es pura coincidencia.

Moraleja: En el reino de Cambio, los verdaderos cambios no se hacen con urnas ni pancartas, sino cuando el pueblo deja de aplaudirle a los bufones creyendo que son reyes.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
  • https://virtual4.emisorasvirtuales.com:8190/live
  • Tolima Online