Opinión

Hora de pensar

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Se reaviva la propuesta de la legalización de la droga en Colombia, esta vez, impulsada por el presidente Biden en los Estados Unidos, quien indultó a los presos por posesión de marihuana y promete revisar la aplicación de la ley, lo que podría arrojar como resultado la legalización de las empresas de cannabis, permitiéndoles acceder al sistema bancario, lo que las fortalecería.

Es claro que, lo que sucede en U.S.A afecta e impacta en Colombia, no solo por nuestras relaciones comerciales y diplomáticas, también porque vemos su modelo de desarrollo y queremos seguirlo. Sin embargo, parece que el presidente Biden, como el presidente Petro, tampoco ha leído el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito del pasado 27 de junio, donde se registra que la legalización del cannabis, en algunas partes, parece haber acelerado su consumo. Me pregunto cuál será la estrategia educativa y de salud que aplicará Estados Unidos para evitar que los adictos, de todas las edades y estratos, terminen de caer en el consumo desmedido de una droga que altera su consciencia, y cómo va a evitar que los no adictos, quizás solo por curiosidad, caigan en el mismo abismo. Y no vamos a decir que la marihuana no hace nada, porque si fuera así nadie la consumiría y no estaríamos en medio de esta discusión.

Es hora de pensar realmente, si es correcto que nuestras sociedades se rindan simplemente y legalicen todo aquello que no pueden combatir, porque como lo dijo el embajador Benedetti en su cuenta de Twitter, habría que empezar por prohibir el alcohol y, aunque quizás no estamos preparados para esa discusión por toda la industria construida alrededor, como sociedad no podemos seguir dándole cabida a todo aquello con lo que no sabemos lidiar, sobre todo si no hemos generado la educación necesaria para que nuestras nuevas generaciones tengan los argumentos de control y/o rechazo frente a lo que les hace daño. Estamos poniendo frente a los ojos de generaciones enteras, un vehículo que no saben cómo manejar y del que no tienen las llaves lo que, a mediano o largo plazo, puede ocasionar que muchos se estrellen con la realidad de consumo o dependencia, realidad que se encargará de minar o destruir personas, familias e historias.

Aún más grave es que no tenemos cómo contrarrestar lo que el consumo de marihuana traerá consigo. Las políticas de Salud Pública siguen siendo muy endebles frente a los problemas de salud mental y los nuevos adictos tendrán que ser asumidos por sus familias, amigos e instituciones educativas… hasta cuando ellos lo resistan, porque en el momento en que las cosas se salgan de control, empezarán a sentirse incapaces de manejarlas y es allí cuando veremos más de una vida destruida.

Como lo he manifestado en otras oportunidades, antes de implementar medidas como ésta, los gobiernos deberían pensar en el fortalecimiento del tejido social, en poner de primero a las familias, encargadas de formar a los miembros de la sociedad en la que todos confluimos. No parece correcto por parte de un Gobierno, dar rienda suelta a un problema del que sabe, no tiene solución.

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