La comedia de lo absurdo

Hay quienes dicen que escuchar al presidente Gustavo Petro en entrevistas, alocuciones o consejos de ministros, es como escuchar a Cantinflas. La verdad, a mí me parece una falta de respeto con Mario Moreno y su genialidad la comparación, porque escuchando a Cantinflas hay gracia, ideas y hasta reflexiones interesantes. En cambio, escuchar a Gustavo Petro solo deja confusión y, principalmente una duda: ¿Cómo puede haber colombianos que le crean a una persona que sólo se dedica a lanzar acusaciones infundadas e improperios contra todo aquel que no agache la cabeza ante sus pretensiones?
El martes 27 de enero, ante la firma del convenio para restaurar el Hospital San Juan de Dios en Bogotá, el presidente, de nuevo, aprovechó su discurso para hablar de algo más que de la salud. Mientras nos quedamos esperando soluciones frente a las fallas en el sistema de salud que el mismo gobierno ha ocasionado y que tienen a medio país sin los medicamentos necesarios, lo único que recibimos fue una nueva demostración de ‘fuego amigo’, esta vez, acusando a Laura Sarabia por el fracaso del sistema de salud que querían imponer, pero que ni siquiera sabían cómo hacerlo, según dijo, porque ella fue la responsable de escoger a los interventores de las EPS.
Y aunque muchos quedaron perplejos porque fue capaz de acusar a ‘la consentida’, a la que ha sido su escudera incondicional de todas y cada una de sus locuras, la verdad es que a mí no me sorprendió. Si el presidente es capaz de hablar de la vida sexual de Jesús y María Magdalena, ¿por qué no hablar de Laura, con quien tiene una clara relación transaccional, donde todo está basado en el ‘tú me das, yo te doy’? ¿Por qué no aprovechar el momento para arriesgar otro tiro al aire y culpar a alguien más de todo, para ver si logra salvarse ante sus áulicos? Al fin de cuentas, ya sabemos que no pasa nada, que no hay consecuencias frente a los hechos y decisiones que toman en este gobierno.
Y como el tema era la salud, habló de la suya, pero de la sexual, aclarando que en la cama «Hago cosas muy buenas… Y pienso». De su desempeño sexual no creo que sea necesario hablar, para todos es clara su capacidad para procrear y no criar a sus hijos; pero lo segundo entiendo que lo puntualice, porque de eso, cada que abre la boca quedan más dudas, así que es bueno saber en qué momentos es que funciona.
También tuvo la oportunidad de divagar sobre Miami y Cuba. Dijo que Miami es “la lentejuela del capitalismo”, que por eso es “mejor vivir en Cuba en medio de la cultura, que en Miami en medio de un trancón”. Y aunque puede tener razón en lo que a trancones se refiere, no creo que el panorama que tenemos de Cuba hoy, sea en el que muchos de nosotros esperaría vivir: calles llenas de basuras, deterioro absoluto de esa infraestructura que evoca la cultura, falta total de todo lo básico para el desarrollo de cualquier nación y un gobierno del que no es claro, cuáles son sus verdaderos intereses. Y no es que quiera menospreciar a Cuba y su cultura, pero las palabras del presidente sí me dejan una duda: si Cuba es mejor que Miami, ¿por qué Antonella, la menor de sus hijas, vacaciona en Miami con su mamá y no en Cuba? ¿Acaso es que su hija no tiene el nivel cultural que se requiere para disfrutar de la isla?
Una vez más, el presidente Petro sorprende. Su discurso, cada vez más deshilvanado y carente de sentido, está lleno de palabras y frases que sólo tocan las fibras de aquellos que se dedican a seguirlo sin buscar mayor sentido a lo que dice, mientras el resto de los colombianos seguimos esperando que, al menos, a seis meses de entregar el cargo, sea capaz de ponerse al frente del Gobierno y encontrar alguna solución para los múltiples problemas que tiene el país. Nadie pide más.




