Opinión

¡La corrupción no se justifica!

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

La corrupción ha sido una constante en la historia política de Colombia, desde los gobiernos de Julio César Turbay hasta Iván Duque. Sin embargo, justificar los escándalos de corrupción del gobierno de Gustavo Petro basándose en los errores de sus predecesores es una lógica profundamente errada y peligrosa para la democracia.

Durante su campaña, Gustavo Petro prometió un gobierno libre de corrupción, presentándose como una alternativa a la política tradicional que ha sido permeada por prácticas corruptas. Sus seguidores, al defender los escándalos actuales señalando la corrupción en administraciones anteriores, no solo socavan la credibilidad de su líder, sino que también perpetúan una cultura de impunidad.

Decir que «los demás robaban» es un argumento falaz que ignora el compromiso ético y moral que debería tener cualquier gobierno. La corrupción, independientemente del partido o el líder, es inaceptable y debe ser condenada y combatida en todas sus formas. Justificarla solo perpetúa un ciclo de malversación y abuso de poder que perjudica a todos los ciudadanos.

La corrupción desvía recursos que deberían destinarse a servicios públicos esenciales como salud, educación e infraestructura, impactando negativamente en la calidad de vida de los colombianos. Cada acto de corrupción es una traición a la confianza pública y una barrera para el desarrollo del país.

Es crucial que los ciudadanos exijan transparencia y rendición de cuentas de todos los gobiernos, sin importar su color político. La crítica constructiva y la vigilancia activa son fundamentales para asegurar que los gobernantes cumplan con sus promesas y trabajen en beneficio del pueblo.

El gobierno de Gustavo Petro tiene la responsabilidad de demostrar que es diferente y cumplir con su promesa de campaña de no tolerar la corrupción. La justificación de malas prácticas por la historia no es una excusa válida; es hora de romper el ciclo y construir una Colombia verdaderamente justa y transparente.

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