La Cruz de la justicia

Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados.
El Apóstol Pedro hace en este pasaje una alusión significativamente clara de lo sucedido en la Cruz del Calvario hace tanto tiempo y que aún para nosotros toma cada vez más vigencia.
Jesús es llevado inocente, nos solo porque no se le comprobó crimen alguno, sino porque nunca lo cometió; se le colocó una gran cruz en su espalda, cuyo peso significa el pecado humano y desagradable para Dios. La muerte en Cruz era la peor humillación de persona alguna en ese momento, era expuesto desnudo en un madero alto, para que fuese burlado y avergonzado. Todo esto hasta que muriera, hasta que ya no respirara más.
Lucas 23: 46
Entonces Jesús exclamó con fuerza:
—¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!
Y al decir esto, expiró.
Este fue su momento final allí en la Cruz. Pero recordemos las palabras de Pedro: “llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia.” El inocente e injustamente crucificado, ahora se hace instrumento de justicia, se hace la justicia misma, su muerte es ahora motivo de justificación para una humanidad condenada por el pecado, de un mundo que se entrega a la injusticia y la maldad, de un mundo sin esperanza; así como lo dijo el hombre sabio; Salomón:
Eclesiastés 7:20 RVR
Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque
Esas desesperanzadoras palabras nos condenaban, nos hundían en el fango, pero el acto más injusto de la historia, el acto más cruel, el más terrible, termina siendo el acto más noble que alguien permitió contra él; el de otorgarnos la justificación. Ahora seguimos siendo la humanidad misma de la que habla Salomón, pero con la diferencia que el único justo, murió por nosotros:
Lucas 23: 47
47 El centurión, al ver lo que había sucedido, alabó a Dios y dijo:
—Verdaderamente este hombre era justo.
El mismo soldado romano que participó en su muerte se dio cuenta al instante, se dio cuenta de tal injusticia. El sufrimiento del Señor en la cruz, es nuestra justificación, ahora ya no somos condenados, ya no se nos tacha de injustos a los que creemos en él, a los que vivimos conforme a su Palabra. Ya lo decía el profeta:
Habacuc 2: 4
El insolente no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fe.
El insolente que no ve lo que sucedió, anda en caminos chuecos, torcidos, en el camino de la injusticia, mientras el que cree y vive según su fe, ha hallado justicia, la verdadera, no la que da el mundo, sino la que viene de Dios.
Hoy vivimos en una humanidad que no se preocupa por la justicia, que no la persigue, que no la vive, que no la anhela, una humanidad muerta, que no se ha dado cuenta del regalo en la cruz, del regalo que contiene, amor, perdón y justicia.
Proverbios 21:21
El que va tras la justicia y el amor, halla vida, prosperidad y honra.
Esa es la crucifixión, un acto sublime y eterno, un nuevo pacto de Dios con los hombres, una oportunidad de salvación, una muestra magna del perfecto amor y un regalo de justicia para aquel que cree.
Romanos 3: 22-24
Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, 23 pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, 24 pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó.
Gracia, la palabra clave que significa: “gratis”; algo por lo que yo no pagué, algo por lo que Jesús ya pagó por mi… la cuenta esta pagada; ¿Qué piensas hacer? Te invito a vivir por la fe, como justificado por Dios, como lo dice el mismo pasaje al comienzo de este escrito, “sanos por las heridas del justo” que no abrió su boca para defenderse y que por amor a nosotros permitió ser colgado injustamente en la Cruz de la Justicia, para que nosotros fuéramos sanados.
Les amo en Cristo Jesús
Bendiciones




