Opinión

La debacle de la Revista Semana

Andrés Currea H.

Andrés Currea H.

Comunicador Social

La polarización política ha llegado inevitablemente a enquistarse en los medios de comunicación, deformando el propósito de informar y en ocasiones convirtiéndolos en un arma para atacar sin compasión a quienes están en la otra orilla.

Un ejemplo claro de tal situación es una la reconocida Revista Semana, otrora la gran revista del país, convertida hoy en la cauchera de un sector político para disparar según sus intereses a quienes no piensan como ellos. También es el gran escudo protector de esta colectividad inundada de cuestionamientos, para defender lo indefendible y tomar una clara postura política.

El deber misional del ejercicio periodístico no atraviesa por estos tiempos a la revista, por el contrario, ha definido una posición política y la defiende a capa y espada, por encima de la rectitud informativa y con la balanza inclinada al lado del dinero y el poder. Esto sin mencionar la calidad periodística que se desvanece con el paso de los días, por ejemplo, las últimas portadas al “mejor” estilo del desaparecido periódico El Espacio, llenas de sensacionalismo y morbo, ausentes de información y plagadas de odio, que distan abismalmente de la época dorada de la revista.

También vale la pena mencionar como los directivos de la revista han cancelado la participación de importantes columnistas, por la sencilla razón, que a través de sus escritos revelaban información y cuestionaban el proceder del actual Gobierno Nacional y su partido político. Ariel Ávila, Daniel Coronell y María Jimena Duzán, son algunos de los importantes periodistas que han salido de la revista, al tiempo que han llegado otros, afines políticamente a la nueva intencionalidad informativa del medio de comunicación, que no es otra que proteger a quienes ostentan el poder y apalear a quienes denuncian y critican sus acciones.

Romper el equilibrio informativo, es destruir de taco la finalidad del ejercicio periodístico. Parecen más una oficina de comunicaciones estatal, que un medio de comunicación libre y enfocado en informar la verdad verdadera de lo que ocurre en el país. Hoy la revista, desprestigiada por demás, y no por que defienda a un sector político y al otro no, sino por el daño que le hace a la sociedad como tal, al no presentar las cosas como son, con dos miradas, con todos los ángulos, con todas las opiniones, con un carácter periodístico y no partidario, sucumbe en audiencia, credibilidad y respeto.

No en vano las suscripciones de la revista van en caída libre, las críticas de importantes sectores académicos son muchas, y la opinión pública, que ha tomado fuerza gracias a las redes sociales, se manifiesta a diario reprochando el camino editorial que ha tomado la revista.

El grupo económico dueño de la revista, ha desamparado al periodismo crítico para darle mayor importancia a intereses propios, ya sean ideológicos o corporativos, causando la perdida de la rigurosidad informativa que por muchos años fue su impronta y fortaleza cuando era la revista más leía, con mayor credibilidad e influyente del país.

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