Opinión

La verdad de Gustavo Bolívar

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

No se demoró mucho Gustavo Bolívar en salir a contarle ‘cositas’ al país sobre el Gobierno y el presidente Petro, aunque, debo confesar, fue mucho más parco y medido que antiguos y actuales miembros del Gabinete.

Concedió una entrevista a José Manuel Acevedo de Noticias RCN y aclaró que considera “de quinta” lo que han hecho algunos antiguos compañeros suyos, “Salir a hablar mal de un gobierno que les dio la oportunidad”, lo que termina siendo, al fin de cuentas, opiniones que afectan y hablan de “mi presidente”, como él mismo le llama.

Está claro en que quiere ser candidato por el Pacto Histórico, pero sólo si esta candidatura sale de una consulta popular. Si no hay consulta “no le jalo”, dijo Bolívar.

Es muy diciente encontrarle contrariado porque las personas que hacen política decente, sin acuerdos, sin componendas que se usan para ganar, no tienen cabida en la política. Y así lo descubrió porque él hizo parte del gobierno que prometió romper con todos los esquemas y, como lo reconoció, eso no fue lo que lograron hacer.

Es consciente de que el actual Gobierno se promovió como el Gobierno del Cambio, pero no lo es ni lo ha sido, aunque es curioso que, a pesar de saberlo, siga adjudicando la responsabilidad a aquellos que están alrededor del presidente, no al mandatario en sí.

Sin embargo, el propio Bolívar es consciente de que Gustavo Petro le “vendió el alma al diablo”, porque su objetivo era sacar las reformas sociales adelante y no había otra forma de lograrlo. La política permeando todos los frentes…

Ante la Reforma Laboral, Bolívar tiene una opinión muy clara: el que los congresistas quieran discutirla ahora, después de que hace dos meses la sepultaron sin mirarla, es porque saben que los tiempos no alcanzan hasta el 20 de junio y no va a pasar. Advierte que también se puede volver a presentar, sea por la vía del Ejecutivo, lo que significa que el presidente la presente u, otra opción, es que el pueblo la presente, que dice, fue su propuesta dentro del Gobierno: recoger hasta 10 millones de firmas durante unos 3 meses, presentarla ante el Congreso y darle un mes para que decida. Para él esa propuesta es la más viable y no le importa en qué Gobierno se logre.

Reconoce que, si fuera presidente, se rodearía mejor en su círculo cercano, sin personas como Laura Sarabia, Benedetti, Carlos Ramón González. Tendría personas “probadamente decentes”, no personas “funcionales” a intereses particulares. Dice que gobernaría sin el Congreso, porque “los congresistas piden”, no votan “porque les nace la justicia social”, por eso no tranzaría con ellos.

Aunque algunos lo consideran radical, él dice ser “radical contra la corrupción” porque se ha dado cuenta de que “todo el mundo roba, todo el mundo tiene agenda, todo el mundo quiere hacer un negocio, todo el mundo hace lobby para ver cuánto le pagan”, pero para hacer acuerdos, no se considera radical.

Por eso, plantea hacer acuerdos de inversión con los empresarios, porque se considera uno de ellos. Sabe en qué consisten sus dificultades y, “desde la campaña” los contactaría, cambiando el tono de la conversación, porque considera que “son el tejido empresarial industrial de este país” y es importante saber qué quieren y qué dan, para salvar a Colombia.

Se refirió a aquel episodio del paro, cuando cuatro policías violaron a una niña en Popayán y él los llamó “cerdos”. Esa niña se suicidó, dejó una carta contando todo y dice que “Hoy, volvería a llamarlos cerdos”. Sin embargo, no dudó en minimizar el apoyo que le dio a la Primera Línea, esa que destrozaba estaciones de Transmilenio en Bogotá o del Mio en Cali, que degollaba personas con un lazo en el Portal de Las Américas, argumentando que fue un “estallido social”, “un globo que se va inflando… estalló en el Gobierno de Duque, había podido estallar en éste”. Y defendió su actuar diciendo “Yo lo que hice fue comprarles unos cascos, unas gafas, para que no les sacaran los ojos”. Curioso que diga “siempre” haber rechazado a quienes protestan con violencia, cuando él mismo reconoce que los patrocinó, porque eso fue realmente, lo que hizo.

Considera a Vicky Dávila como una fuerte competencia, si ella logra el apoyo de Uribe, porque sólo con el voto de opinión, piensa que no lo lograría. Sabe que es “en la Colombia profunda” donde se roban las elecciones y ella no tiene la estructura necesaria para evitar que eso suceda, lo que nos lleva a pensar ¿él, sí la tiene? Y, ahora que no está en los afectos del presidente ¿sí le prestaran la logística para su campaña?

De sus principales rivales, no siente temor. Considera que Colombia no le perdonará “el coscorrón a Germán Vargas,” y que Claudia López, por la indecisión frente a su postura política, es la que se encuentra en el peor escenario.

Una vez más, Gustavo Bolívar muestra una coherencia política que, en la izquierda, es casi inexistente. No así, una coherencia entre sus principios y su actuar, porque decir que no apoya la violencia cuando se dedicó a patrocinar a quienes la practicaban y que fue, por decir lo menos, inapropiado.

Es claro que sigue amando al presidente, lo que es respetable, pero no le queda que, como figura política, esté con tanta melosería. Además, eso de defender lo indefendible, puede hacerle más daño que bien, porque cada día el Gobierno Petro y principalmente el mandatario, dejan más claro que poco le importan los ciudadanos de este país y las opiniones que sobre él, tengan. Es curioso todo lo que han criticado a los “pupilos” o seguidores de Álvaro Uribe, cuando los del Pacto Histórico acostumbran hacer lo mismo. Como siempre, los opuestos se atraen.

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