Opinión

La verdadera responsable

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Llevamos 26 días de paro y la solución real y permanente parece no vislumbrarse en el horizonte. Las mesas de negociación son infructuosas. Las partes allí sentadas, continúan apuntaladas cada una en su orilla sin pensar en que fuera de allí, hay otros quienes necesitan que las cosas cambien, retornen la normalidad, si así lo queremos llamar. Como remate, existen actores externos que dicen no sentirse representados por el Comité del paro, lo que hace pensar que, si algo se acuerda, quizás no sea acogido por todos los involucrados en las manifestaciones. Ese panorama hace pensar que solución a corto plazo, no habrá.

Lo complejo es que no todos los que atizan esta hoguera están en el frente, en la llama misma MARCHANDO. No todos los que promueven el paro madrugan todos los días a manifestarse, a ponerle el pecho a ese cambio que dicen querer ver. La gran mayoría están en su casa, sentados detrás de su teclado viendo cómo exacerban ánimos, pero sin hacer nada diferente a quejarse, sea porque Petro, porque Uribe, porque Duque, porque la Policía o porque el que sea que no les parezca, haya hecho o dejado de hacer. No son ellos quienes por un ideal, han dejado de lado su oportunidad de conseguir sustento para sus familias o han arriesgado su empleo porque deciden no ir a trabajar por apoyar la causa; no son ellos quienes están con la nevera vacía pensando cómo alimentar su familia, producto del desabastecimiento que han causado. Seguramente, no tienen familiares que requieren insumos médicos periódicos para quimio o radioterapia, incluso, para diálisis peritoneal, que si no llegan a tiempo, puede tener consecuencias mortales y, afortunadamente, no son ellos quienes han tenido que transportar a un familiar en ambulancia que se ha quedado detenido quizás, perdiendo la vida.

Que hay inconformidad no es nuevo, ni novedoso. La manera en que lo resolvemos es lo que tiene que serlo. No podemos volvernos VÁNDALOS y ser nosotros mismos quienes acabemos con el país que queremos quitarle de las manos a los políticos corruptos que elegimos y perpetuamos en el poder. Destruyendo lo que hoy tenemos NO ES como vamos a salir de ésta. No somos coherentes si validamos que se tumben las estatuas de ‘opresores’ como Sebastián de Belalcázar porque se ‘aprovechó’ de los indígenas que habitaban la región que hoy es Cali en épocas de 1536, pero aprobamos destruir lo que como sociedad consciente hemos construido para nuestro beneficio y con nuestros impuestos: transporte público, bibliotecas públicas en su interior, carreteras, alumbrado, carros de bomberos; y lo que otros han construido para fortalecer, gústenos o no, nuestra sociedad: bancos, empresas.

No concibo como posible que desde ninguna orilla, pensemos que “a sangre y fuego” es la única manera que encontramos para ‘solucionar’ nuestras diferencias y lo alentemos. Comencemos por el principio, desde adentro, cada uno, pensando en PROPONER, en CONSTRUIR. La violencia debe ser la última opción, ojalá, la única que no tengamos que usar. Y, en la próximas elecciones, cuando le dé pereza ir a votar, leerse las propuestas, y escuche que alguien le cuente cuánto paga por voto, a quiénes les va a conseguir trabajo cuando sea elegido y los beneficios que le traerá a usted si eso ocurre, recuerde situaciones como ésta, donde estamos como estamos porque la corrupción solo se cumple a sí misma.

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