Las heces caninas evidente problemática de contaminación medio ambiental

Nadie podrá poner en duda, lo que representan y significan las mascotas, (pero muy especialmente las caninas) para un buen grueso de la sociedad. Es más, pienso que disfrutar de la compañía de un animalito, está de moda y es algo como dicen los de alcurnia, estar “IN”. Se ha tomado tanto aprecio por los perritos, que estos, poco a poco, se han venido considerando como un miembro más, del núcleo familiar.
A la par de los aparatos de alta tecnología, los niños en los hogares, abogan de manera por demás insistente, para la adquisición de un bello animalito. Parece ser, que la raza no interfiere a la hora de la elección. Lo importante es, que los padres los complazcan, en su lógica petición y muy sano deseo. Pero se ha constatado, que las mascotas no son solo del gusto de los infantes, estos hermosos y nobles exponentes, se han convertido en una gran compañía, para las personas de la tercera edad y para aquellas que viven y permanecen solas. Es tan alta, la aceptación, el auge y el trato amoroso que se le está brindando a las mascotas, que en algunos casos, se ha caído en excesos y se les da tratamiento humano. Y esto es desproporcionado, una cosa es el buen trato que se les debe prodigar, pero sin olvidar que son animales de compañía.
Bien, hasta ahí, todo es color de rosa, mas sin embargo las circunstancias cambian radicalmente, cuando se trata de asumir la responsabilidad, de los propietarios en relación al manejo debido adecuado e higiénico, que se le debe dar a la disposición final de las excretas de los perros. Al momento de la deposición callejera, se rompen todos los protocolos impetrados en las normatividades de saneamiento ambiental, para que sean cumplidos por parte de los dueños o amos de los perros.
Normalmente, lo que suele acontecer en la actualidad, una gran mayoría de personas, entre las que se incluyen niños y adultos, esperan a que el can termine de realizar su necesidad y muy solícitamente con una bolsa, hacen la recolección de las heces. Posteriormente, cogen la bolsita y de manera furtiva y con mirada de pilluelos, sin ningún reparo o pudor, la arrojan a los antejardines de las viviendas, o las botan en las esquinas, continuando muy orondos su recorrido. Otra buena cantidad de propietarios, no se preocupan por efectuar la recolección, simplemente se van y cuidadito con decirles algo. Rematan su faena lanzando improperios contra quien los increpa.
Indudablemente, que este comportamiento inculto, incivilizado y grotesco, no se le puede achacar a los animalitos de cuatro patas, toda la responsabilidad recae, sobre los seres vivos de dos piernas., que no son consientes que con su pésimo proceder, están originando un problema de orden sanitario de gran magnitud y connotaciones por el que estamos atravesando actualmente, en todos los barrios y parques de la ciudad.
Así es que , señores de las mascotas, en la misma medida como están en la capacidad de educarlas y adiestrarlas, para que no hagan popo en el interior de sus residencias , edúquense y adiéstrense, para que no causan este mal ambiental que vienen generando y para que se eviten enfermedades bacterianas y parasitarias producidas por los excrementos caninos.
Para terminar, creo que si esta mala práctica sanitaria, no llega a su fin, y que es bien claro quien la propicia, a mí personalmente, me tocará asumir lo expresado en una vieja frase, que ha venido haciendo carrera hace tiempito y que desde luego, no es de mi autoría. Pero con la cual me identifico totalmente. “ ENTRE MAS CONOZCO A UNAS PERSONAS MAS QUIERO A MI PERRO.”




