Las Poesías de Tito
El hambre, camino del apocalipsis
El peor enemigo del hombre
no es el hombre, es el hambre.
El hambriento no razona
no le importa la justicia,
ni escucha oraciones.
Séneca
En los primeros tiempos
el hombre en busca de alimentos
golpeó piedras,
vivió en la copa de los árboles,
se posesionó de las corrientes.
Entonces era libre,
la historia comenzaba.
Historia candente y vergonzante.
El hombre acorralado,
atado de pies y de manos,
cercado por alambradas
de puntas lacerantes,
convertido en fiera
y como las hienas paridas
enseñando los colmillos.
Las noches se volvieron inciertas
sacudidas por un tenebroso concierto
de aullidos de lobos y por un raro latir de perros.
A la tierra la envolvieron las tinieblas.
Los mares sacudidos por poderosas fuerzas telúricas,
los vientos y las lluvias azotando plantaciones,
los vientos y las lluvias barriendo los taludes,
sepultando vidas y sepultando ilusiones.
Aguas abajo
dolor, infamia y llanto.
Golpes arteros socavando las conciencias,
rostros que trascienden
los horrores de una brutal tragedia.
En los despeñaderos
el sórdido bramido de las avalanchas!
Cuerpos estragados,
espíritus mancillados,
el amor por cuotas.
Huellas humeantes,
cartas marcadas
en la madre de todas las infamias:
LA INFAMIA DEL HAMBRE!
EL HAMBRE, señora de la noche,
atrincherada en las barracas
clavando hasta el fondo
fatídicas ponzoñas,
resquebrajando los poderes terrenales,
desafiando las amenazas celestiales.
Los padres y los hijos,
los hermanos y los amigos
sumergidos en charcas enlutadas
olorientos a perversidad y orgías,
con las manos ampolladas,
con su alma hecha pedazos
y en sus rostros la historia de sus crímenes!
El paso moliente del tiempo
registra los estragos,
reseña las heridas.
Montoneras de indigentes en covachas hacinados
con su cocina menguada
y su moral calcinada.
Pieles disecadas
y costillares de alambre.
Mujeres preñadas sin amaneceres tibios,
sin pan para sus hijos.
Seres raquíticos
sedientos de proteínas y de vitaminas,
los tuberculosos, los sidosos y los marginados,
los débiles, los ciegos y los desplazados,
batallones sin banderas
empujados al desorden
a las felonías y a la indolencia.
Millones de hambreados
recorriendo los campos y las ciudades
esperando la noche paras reposar sus huesos
esperando el amanecer para seguir deambulando.
Un ir y venir para llegar a ningún puerto
llevando sobre sus hombros su propio infierno!
EL GENERO HUMANO BORDEANDO LAS PROFUNDIDADES!
LA TIERRA GRITA Y SE ESPANTA
MIRANDO EL ROSTRO DEGRADADO
DE LOS HEREDEROS DE LOS CAUDALES DEL HAMBRE!
Y los culpables
escondidos en la comunicación social,
en los parlamentos,
en las dependencias oficiales.
Refugiados en el poderío militar
en sus leyes y en sus decretos.
Maestros en frases lapidarias
y en fosas comunes encubiertas!
Madres y adolescentes
con las manos entrecruzadas,
con el corazón contrito,
con los sentimientos en vilo,
dependiendo de los hilos
y hasta del hígado
de jefes y caudillos.
Vidas desamparadas
en la balanza de los estrategas,
en la mira de las superpotencias
y del poder financiero.
Un mundo desquiciado
enfermo de esquizofrenia,
sostenido por la punta de las bayonetas
y por las amenazas del infierno.
Jefes delirantes de rodillas encallecidas
ante los poderes imperiales,
de oídos taponados
ante los clamores y los ideales.
Cavando zanjas mortuorias
horadando dignidades,
avalando las devastaciones,
las ráfagas mortales
de los mercaderes del HAMBRE!
Naciones de lástima,
con su progreso a la deriva,
con su dignidad marchita,
y con sus insignias pisoteadas.
Con su oro y su petróleo
convertido en aviones
obuses, tanques y ametralladoras,
en uniformes vistosos
para alimentar a la muerte!
Son los mandatarios predestinados,
los ungidos emperadores,
los infalibles semi dioses
los nuevos soles.
Y los cuerpos decrépitos,
las barriadas famélicas,
las cerraduras quemantes de los hospitales
las bombas lacrimógenas en las universidades,
las vías maltrechas,
las alegres deudas,
el hermano, el padre, el abuelo,
en el sueño gélido de los cementerios.
Fe, religión, bandera y moral para sus pueblos!
La ciencia vertiginosamente avanza,
la tecnología se perfecciona
y adelante las cornetas y las dianas
que como aves agoreras
preludian las revueltas.
Fábricas crujientes
de chimeneas que envenenan
y degradan el ambiente.
Locomotoras desbocadas
sobre rieles de agua.
Banqueros felones
saqueando los tesoros
de unas pobres naciones.
Los hombres opulentos
minando las aceras del progreso,
pisoteando impunemente
las barreras del honor y la decencia.
Apagando incendios
con galones de gasolina,
calentándose en las nieves,
sembrando en los desiertos,
cobrando sus cuentas
con los más altos intereses.
Entonces se inquietan las almas,
se agitan las pasiones,
se nublan los ojos,
se disparan las armas!.
FUEGO! Sobre las parturientas dobladas
como troncos sin raíces!
FUEGO! Sobre los decrépitos
de músculos flácidos
de mamas sin leche!
FUEGO! Por cielo, tierra y agua
contra los sentenciados por el HAMBRE!
El alto mando, los más grandes estrategas
sedientos de sangre, de poder y de riquezas!
Los códigos pisoteados,
la balanza de la justicia inclinada,
muda, confundida y zozobrante
sumergida en los hervideros de lodo,
en las profundidades del odio,
en las chequeras silenciosas,
en los turbios negocios.
Amortajada en lienzos morados
sindicada por los huérfanos,
maldita por las viudas,
repudiada por los inocentes,
sitiada por los mártires y los dolientes.
Cuando la justicia desciende
las sociedades envejecen
y a las puertas el crudo flagelo
“DEL OJO POR OJO Y EL DIENTE POR DIENTE”.
Y los muertos en vida rumiando su suerte
en un aparente silencio.
Silencio a gritos,
procesiones en los desfiladeros,
gritos ahogados en capas impenetrables de hielo.
HOMBRES Y MUJERES
EMPOLVADOS Y GRASIENTOS
ACUMULANDO EXPEDIENTES,
ENSARTANDO LAS CUENTAS DEL ORDEN ESTABLECIDO!
El flagelo del HAMBRE
por siglos gobernando,
recorriendo continentes,
borrando naciones
con millones y millones de dolientes!
Marcando a tantos,
deformando las ciudades,
corrompiendo autoridades.
Ha destrozado hogares,
ha triturado leyes,
ha derruido imperios!
Por el HAMBRE nuevas fronteras,
cambios exabruptos de sistemas,
asesinan presidentes.
Cáncer silencioso que destroza,
nido de víboras matreras,
mortal veneno!
Placentas fulminadas,
fetos sin ojos,
atados de pies y de manos
y acribillados por la espalda.
ES EL HAMBRE,
mirando con sus ojos de candela,
encubando odios fraticidas,
acariciando inquietantes polvorines.
Centellantes hierros,
conmovedores gritos.
Flechazos y misiles,
los rencores en carne viva!
La especie no se rinde,
camina lentamente
por los desfiladeros de la miseria,
por las escuelas del odio y del crimen.
Ciega, enmudecida,
acorralada por mandatarios en ruinas,
por enfermedades sin medicina,
por la tragedia de todos los vicios…
La especie, sigilosamente se extiende
como se extiende una mancha de aceite.
Hormigueantes los pueblos
deambulan por barriadas y veredas…
Pueblos soñolientos
de pronto despiertan
con una fuerza
capaz de quebrar los cimientos
más sólidos del planeta.
En el Asia, en África y en la América
los pueblos saldrán en montoneras,
en oleadas gigantescas,
enarbolando consignas justicieras
y con unos deseos infinitos de venganza!
Legiones sedientas
aparecerán en el firmamento
engalanadas con las insignias del pirata,
con los cuchillos afilados,
con los ojos fuera de sus órbitas
y con los dientes y las mandíbulas
enseñando los años de sus HAMBRES!
Los viejos cascarones intocables,
los nidos de las alimañas imperiales
y de las verdades sacrosantas
mañana volarán en mil pedazos
y el estruendo se escuchará
a kilómetros de distancia!
Las montoneras desbordadas no las detendrán
con palomas circundando el firmamento,
ni con millones de palabras,
y menos con unos cuántos padrenuestros.!
Cederán los cimientos
los pontífices de la verdad se llenarán de miedo!.
SERÁ “EL CRUJIR DE LOS HUESOS
Y EL RECHINAR DE LOS DIENTES”.
PÁLIDO SE QUEDARÁ ATILA.
“NO QUEDARÁ PIEDRA SOBRE PIEDRA”!.
Es la historia de los pueblos que escriben
con el dolor de sus generaciones perdidas
y con la tinta encenegada
en la charca de las peores inmundicias
y que muchos quisieran ignorarla!
Bocanadas de serpientes,
marejadas de alimañas,
la hora clara de los carniceros insaciados,
de las hienas y los chacales,
de los zamuros con sus vuelos rasantes
con su plumaje negro
y con sus garfios mordientes
preparándose para los festines de la muerte!.
Garfios y colmillos caerán fríamente
sobre las carnes vencidas
y en ráfagas fulgurantes
extirparán los ojos y secarán los vientres!
Tiempos grises,
horas difíciles.
La justicia de piedra,
de fusiles y de machetes,
fortificaciones de cadáveres,
tronos de calaveras.
Mares de infamia
circundados por naves
cargadas de morfina,
marihuana y de cocaína,
de alcoholes y tabacos
y de todos los vicios
y de todas las perversiones.
Odiados por las madres:
maldita la hora en que te parí!
Idolatrados por las putas,
nombrados y temidos
por sus vejaciones y sus crímenes!
Y la muerte embriagada
empuñando su lanza temeraria
y flameando su bandera,
con sus ojos huecos,
sobre su caballo flaco,
con su capa negra
y orlas de opal.
Con sus anillos de diamantes,
collares de perlas y de gemas
y dientes de caries!
Con sus humores de veneno
entonando canciones de la guerra,
saciando la sed con la sangre de los corderos:
y sus uñas aceradas clavándolas en las venas
para bañarse en sangre!
Y la cara bañada de sangre!
Y las manos bañadas de sangre!
Y sus chequeras bañadas de sangre!
Y su amor por la patria manchado de sangre!
Y sus libros sagrados manchados de sangre!
Y por todas partes sangre
y siempre de inocentes!
Y su festín no se detiene:
borracha, llena de aguardiente,
danzando frenética,
traqueando el esqueleto,
cortando cabezas,
amoratando los cuerpos!
Los vencedores festejando sus victorias.
Las viudas y los hijos de las viudas
llorando sus derrotas!.
Reinarán las soledades,
las ciudades destruidas,
los campos sin agricultura y sin ganados.
Pueblos errantes durmiendo en las cuevas
junto con las fieras.
Las autoridades desechas,
municiones y pertrechos
más baratos que los alimentos.
Los generales ascendidos a sargentos!.
Los zamuros en su concierto de cadáveres.!
Ya no crecerá el tomate,
ni los repollos ni las coles,
ni el ajonjolí ni los girasoles.
No se verán los verdes arrozales,
ni maizales ni sorgales,
ni el trigo ni la cebada.
Ya no crecerá nada!
La tierra con sus muertos desolada!
El tifus negro,
la fiebre amarilla,
enfermedades genitales
de cepas incurables!
Cuerpos mutilados,
entrañas carcomidas,
heridas en el cuerpo
sin medicinas en el alma!
La intervención de la O.N.U,
la condena Papal,
el repudio de los Patriarcas,
la ayuda humanitaria,
la paz de las superpotencias.
Migajas de pan,
nuevas fronteras,
las heridas bien abiertas.
El cielo como testigo
y la tierra toda cubierta de cenizas.
Tito Augusto Bustos Roa (18-06-96)




