Más allá del fútbol

El fútbol tu pasión, mi pasión, nuestra pasión poco a poco va haciendo lo suyo en un país en donde podemos encontrar con toda facilidad una cabeza, un brazo o cualquier parte del cuerpo en todos los rincones sin que esto realmente cause revuelo o al menos malestar en un gobierno que promueve este tipo de actos gracias a que su mayor preocupación obedece a los intereses personales de unos cuantos.
De la misma manera, ocurre con todos aquellos que, sin lugar a dudas, disfrutan del pan y circo que les ofrecen para que, a través del mismo justifiquen todo tipo de barbaries o para que comentan todo tipo de estupideces como salir a celebrar el triunfo de un equipo de fútbol cuando hay una situación crítica por culpa de la mala gestión del gobierno frente a la pandemia que, no se ha ido, sigue entre nosotros y día a día cobra más vidas.
No estoy diciendo que la gente deba odiar el fútbol no; este deporte no tiene la culpa de que los gobiernos lo utilicen para manipular a la gente que no ve más allá de sus narices, que un día se rasgan las vestiduras por redes sociales y al día siguiente están en las calles celebrando a lo loco porque su equipo logró la copa deseada sin importar que dicha celebración signifique la muerte.
Por supuesto, poco o nada escuchamos a los funcionarios, alcaldes, gobernadores y el mismo gobierno, pronunciarse frente a las aglomeraciones que se dan frente a este espectáculo. De hecho, vemos a un Duque Iván haciendo una suerte de berrinche porque se le quieren llevar un torneo para otro país.
Aunque si lo pensamos bien: ¿Qué le puede importar la vida de los colombianos a un dizque “presidente” que se atreve a sacar un viernes de promoción en pleno pico de pandemia?
La respuesta es ¡Nada! Pero, si hablamos de marchas y protestas ahí sí ponen el grito en el cielo porque parece ser que el tema del Covid-19, como muchas otras cosas que pasan en nuestro país, solo ha servido para seguir moviendo las fichas, para crear cortinas de humo, para acomodar a su gente, crear leyes y reformas, para seguir desfalcando el erario y todas esas cosas que suelen hacer cuando piensan que nadie los está observando.
Y como ya están acostumbrados que pueden hacer lo que se les venga en gana y no pasa nada, pues qué más da. No obstante, y más allá del fútbol, lo cierto es que Colombia sigue en decadencia, no solo por los muertos en los ríos, campos y ciudades, sino también porque cada día nos llegan más y más noticias de las personas que ayer entubaron en una sala de hospital y hoy están muertos.
A la final, y como advirtió alguien en su momento, en nuestro país se vive un literal: ¡Sálvese quien pueda!




