Opinión

“No sólo eran contradictores políticos: casi se odiaban”

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

El 30 de diciembre de 1989, el más importante periódico del país sacaba un suplemento informativo que tituló: Una década en… El Tiempo.  El costo del que se convertiría en un valioso documento histórico era de 130 pesos y traía una frase reveladora en la parte superior de su primera página de quien se inmortalizó como uno de los principales artífices del triunfo de los aliados durante la segunda guerra mundial, Winston Churchill: “La alternación fecunda el suelo de las democracias”[1].

En un recuadro de la página dedicada a los principales acontecimientos políticos de la década de los 80, se leía una frase que parecía disonar con la narrativa estricta que los periodistas de la casa editorial consignaban en este documento.  Decía: “No sólo eran contradictores políticos: casi se odiaban”.

La nota se refería a dos políticos antagonistas que habían sido protagonistas en esta década, Luis Carlos Galán y Julio César Turbay.

Para nadie era un secreto que Galán (apoyado por Carlos Lleras Restrepo) a comienzos de los ochenta se separó del oficialismo presentándose con unas listas independientes a las elecciones a Concejos y Asambleas de 1982 no sin antes denunciar las prácticas clientelistas del presidente liberal, Turbay Ayala, asegurando que el liberalismo, con él a su cabeza, “había perdido la credibilidad del pueblo” y que le estaba dando un “manejo conservador al país”[2].

El resultado no se hizo esperar.  Esta separación le causó la pérdida al Partido Liberal de cuatro curules en el Concejo de Bogotá y cuatro en la Asamblea de Cundinamarca y al oficialismo, dos en cada corporación que pasaron a manos del Nuevo Liberalismo.

Poco tiempo después, mientras el Partido Conservador anunciaba en su convención del 27 de noviembre de 1981 que su candidato único sería Belisario Betancur, los dos candidatos liberales, Galán y López, se dedicaron a despotricaron el uno del otro en la plaza pública durante toda la campaña.  ¿El resultado? Los comicios legislativos y municipales del 14 de marzo de 1982 fortalecieron al Partido Conservador[3] el cual no tuvo dificultad para ganar holgadamente la elección presidencial en mayo de ese mismo año.

En los años siguientes aparecería un nuevo enemigo ya no dentro del campo de la política sino de toda la sociedad, el narcotráfico, cuya lucha frontal lideró inicialmente el ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, amigo de Galán y cofundador del Nuevo Liberalismo, quien moriría en un doloroso atentado el 30 de abril de 1984 presagiando lo que le ocurriría a todo aquel que se enfrentara a los capos de las drogas.

La traumática experiencia electoral de 1982 parecía se repetiría en 1986.  Como lo expresó en una entrevista a El Tiempo un día antes de las elecciones legislativas, Rafael Amador Campos, quien encabezaba la lista del Nuevo Liberalismo a la Cámara de Representantes, la expectativa era obtener más de un millón de votos[i].   La realidad fue que sólo lograron 455 mil perdiendo 6 curules en las dos cámaras.

Este golpe de realidad llevó a que Galán, hasta este momento precandidato a la presidencia para las elecciones a realizarse tres meses después, renunciara y apoyara al candidato del oficialismo, Virgilio Barco[4], quien no tuvo dificultad para ganar la Presidencia.

El asesinato del director de El Espectador, Guillermo Cano, en diciembre de este mismo año, daría lugar a una propuesta de Galán a todos los partidos políticos publicada el 3 de enero de 1987 en la que los invitaba a “luchar mancomunadamente contra el flagelo del narcotráfico que afectaba el país[5]”.

En su mensaje, el fundador del Nuevo Liberalismo dejo entrever su intención de dialogar con la dirección del Partido Liberal en aras de buscar la unión, pero no de manera mecánica ni matemática sino con base en acuerdos.

Sin embargo, este proceso no fue rápido.  Un año después, en febrero de 1988, Galán admitió que podría haber un diálogo con el oficialismo liberal, lo que fue respondido por el partido en marzo designando un grupo de compromisarios para que explorara la unificación, lo que, a su vez, se concretaría en junio de este mismo año, con la elección como director de la colectividad de Turbay Ayala con el principal objetivo de sellar esta unión.

Fue así como dos antiguos enemigos, detractores y antagonistas fueron unidos por la historia para salvar la patria.  Una que se encontraba desangrada por el narcotráfico, arrodillada ante las guerrillas y sumida en un conflicto que devoraba con voracidad feroz a miles de víctimas.

Galán, quien con seguridad hubiera sido el siguiente presidente de Colombia con el apoyo de todo el Partido Liberal, el 18 de agosto de 1989 fue asesinado por balas del narcotráfico ordenadas por quienes, antes como ahora, prefieren alentar las divisiones y los odios que apoyar los esfuerzos por la unidad en la búsqueda de un mejor país para todas y todos.

[1] El Tiempo, 30 Dic. 1989.

[2] El Tiempo, 15 Feb. 1980.

[3] La Opinión, 19 Mar. 1982.

[4] El Tiempo, 13 Mar. 1986.

[5] El Tiempo, 3 Ene. 1987.

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