Opinión

Oda a la violencia

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Cada vez me convenzo más del daño que pueden llegar a producir las personas a través de las redes sociales, de cómo se les facilita tomar partido y, sin ningún tipo de ética o principio, emitir juicios frente a cualquier situación. Eso fue lo que vi ayer, cuando en Twitter rodó un video que evidencia la golpiza que le propinaron a Andrés Escobar en la noche del sábado.

Andrés Escobar fue la persona que, en el pasado paro nacional, tomó un arma traumática para defender la zona donde vivía de los manifestantes. Por eso, ya fue imputado por la justicia (sí, por la justicia), por los delitos de usurpación de funciones públicas, empleo o lanzamiento de sustancias u objetos peligrosos y amenazas agravado. Desde que su nombre salió a la luz pública, Escobar ha presentado 51 denuncias por amenazas en la Fiscalía y, hasta ahora, no ha recibido respuesta.

Sin embargo, cuando la justicia actúa, parece que para algunos es insuficiente, por eso intentaron cobrarle su actuar por mano propia el pasado sábado al salir de su oficina, cuando unos hombres comenzaron a gritarle “paramilitar, ganó Petro” y lo atacaron. La agresión fue grabada y viralizada en redes y, como una oda a la violencia que tanto criticamos y de la cual se supone, no queremos saber nada, las manifestaciones de aprobación no se hicieron esperar. Aún no puedo entender cómo, personas que condenaron el actuar de Escobar el pasado 28 de mayo, pueden alegrarse por la agresión de la que fue objeto.

Hasta que, como sociedad no comprendamos que la violencia, venga de donde venga es violencia y hagamos hasta lo imposible por erradicarla, no podremos sembrar nada que nos ayude o permita cosechar algo mejor. Vivimos rodeados de aquello que aprobamos, concebimos y promulgamos porque, queramos o no, normalizamos el hacer daño, escudados en lo que consideramos argumentos, como “Se lo merecía”, “Se lo buscó” o, como el caso de Escobar “Sin armas no es tan machito”. Nuestra costumbre de seguir la ley del talión hace que continuemos en el círculo de violencia del que decimos, queremos salir y en el que estamos formando nuevas generaciones.

Como dijo Albert Einstein “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, por eso, tenemos que cambiar nuestra mentalidad violenta, nuestra sed de venganza, esa satisfacción que sentimos cuando alguien que se ha equivocado, es víctima de otros que se equivocan tanto o más al someterlo a través de la violencia. Tenemos que tomar las medidas frente a estos hechos, denunciarlos y exigirle a la justicia que actúe, que nos proteja y defienda, porque para eso fue creada. Tenemos que darle a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, esa semilla que queremos que se siembre y coseche, con el ánimo de lograr una sociedad mejor, construida con base en la honestidad, en la igualdad, en el respeto. Si es lo que realmente, nos merecemos.

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