¿País de Miserables?

Hay una única razón por la que el costo de vida no se disparó tras los incrementos del salario mínimo del casi 10% en 2024, 12% en el 2023 y 16% en el 2022, como lo pronosticaban los orgullosos herederos de los Chicago Boys o, dicho de otra forma, los ciegos seguidores de los principios del neoliberalismo: No somos un país de miserables.
Muchos líderes de la gran industria colombiana han entendido que para obtener mayores riquezas requieren del trabajo comprometido de sus empleados por lo que empresarios como el también ex alcalde de Cali, Maurice Armitage, vienen haciendo campañas en pro de que los dueños de las empresas compartan de una manera más generosa las utilidades con sus colaboradores.
Esta filosofía comercial pareciera haber rendido sus frutos en algunos sectores de la economía intensivos en mano de obra barata, como lo son la agroindustria y los servicios, los cuales crecieron durante estos periodos a pesar del aumento de uno de sus costos más significativos, el de sus empleados.
La agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca creció el 14% entre el 2022 y el 2025. Por su parte las actividades artísticas, de entretenimiento y recreación y otras actividades de servicios subieron un significativo 28% en el mismo periodo.
Sin embargo, no todo ha sido color de rosa. A pesar de que algunos empleadores y empleados se pusieron la 10 para conseguir que sus empresas crecieran a través de un acuerdo tácito de beneficio mutuo, hubo un sector particular de la economía que pareció no haberse adaptado lo suficientemente rápido a este nuevo paradigma.
Tal es el caso de la construcción que en 2021, durante el gobierno de Iván Duque, registró el mejor año en la historia de Colombia de compra de vivienda nueva como resultado del subsidio que otorgó a los bancos para que disminuyeran sus tasas de financiación a través de los programas Mi Casa Ya y Casa Digna Vida Digna.
La llegada del gobierno del cambio con sus nuevas políticas, algunas abiertamente en contra del sector privado y en particular del financiero, no permitió la continuidad de estos programas llevando al sector a una estrepitosa caída del 4% entre 2022 y 2025.
Sin embargo, a pesar de los pronósticos, pareciera que el presidente Gustavo Petro hubiera decidido montarse en la yegua de la inflación para domarla drásticamente al disminuirla de un elevado 11.7% en el 2023 a 5.1% el año pasado, lo cual le significó, entre otros, el reconocimiento del semanario inglés, The Economist, como ya lo analizamos en artículos anteriores.
Abordar el problema de la desigualdad como política pública es un riesgo que pocos líderes asumen ya que los resultados son menores ante esfuerzos titánicos. Lo seguro es estimular la creación de empleo apoyando al sector empresarial y a los inversionistas extranjeros, sin embargo, esto implica venderle el alma al diablo permitiendo que sean ellos quienes deciden los incrementos de la base salarial sobre la cual se soporta la de sus empresas.
El otro camino que espero continúe el próximo presidente, es el de fortalecer los bolsillos de los colombianos tanto en la formalidad, manteniendo incrementos dignos al salario mínimo vital, como en la informalidad, con el aumento de la demanda de los productos y servicios de los independientes, micros, pequeñas y medianas empresas, por el incremento del gasto de quienes, ahora sí, tienen plata para gastar.



