Opinión

Pérdida de valores

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Es indiscutible que la velocidad con que avanza la locura que es este mundo, nos mantiene a todos un poco fuera de control. Es por eso que algunas de las situaciones que se presentan, suelen pasar inadvertidas ante nuestros ojos, las vemos como parte del desarrollo normal del mundo en el que vivimos y dejamos de analizarlas a consciencia, obviando la gravedad de las señales que nos presenta.

Siento que eso es lo que está pasando actualmente con los llamados therians. Ese grupo de personas que practican la teriantropía, esa identificación personal, espiritual o psicológica con un animal. Y es que este movimiento que comenzó a formarse en los años 90, ‘estalló’ en este 2026 y está dejando en evidencia muchas cosas que, quizás, no estamos viendo por estar concentrados en ‘el show’ que representa, básicamente porque lo que era una conexión espiritual, pasó a ser un show mediático dado por aquellos que perdieron aún más el norte y sus valores, deambulando por las ciudades mientras se creen lo que no son.

¿A qué hora nos pareció lógico o normal, que las personas dejaran de sentirse personas y asumieran roles en el mundo que no les corresponden? ¿Acaso es que estas familias, sin ton ni son, dejaron de tener hijos, hermanos o padres, y pasaron a tener mascotas? Porque, aunque suene exagerado y aún no haya quien los haya clasificado como un problema de salud mental, ver personas que se creen animales y se comportan como tal en diversos ambientes, es enfermizo, anormal.

Y es que este tipo de actuaciones o comportamientos no pueden normalizarse. Debemos ser claros en que las personas tenemos una labor en el mundo que no puede ser remplazada, porque no hay quién la ejecute por nosotros. Y aunque nos suene exagerado hoy, debemos tener presente en dónde derivan estas cosas cuando les damos oportunidad.

Como hemos visto a través de redes sociales, los participantes de este movimiento son jóvenes que se encuentran en la etapa de mayor productividad económica de su vida. Y aunque son adultos y pueden hacer con su vida lo que prefieran mientras no afecten a los demás, con este comportamiento es claro que necesitan mayor apoyo familiar y profesional que otros.

Es hora de que los padres dejen de ver esos comportamientos como menores, como rebeldía sin causa y se planteen conversaciones serias a nivel familiar. Es importante definir, ¿por qué asumen ese rol? ¿Acaso no se sienten conformes o cómodos siendo humanos? ¿Cómo creen que será la interacción con su familia si su papel en ella cambia? Y sí, estoy jugando a la psicóloga que no soy, pero es que no podemos normalizar nuestra desnaturalización con lo que somos, con aquello que, por naturaleza, estamos obligados a ser. Y, como sociedad, no podemos normalizarlo.

En estas personas, es importante generar consciencia frente al rol que TIENEN en la sociedad, pero son las familias las que deben tener conciencia de lo que en realidad está significando para cada uno de ellos este comportamiento. Brindarles ayuda profesional es importante. Y llevar la bolsita al parque también, por si acaso.

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