Opinión

¿Será que se avecina un divorcio?

Sandra Liliana Pinto Camacho

Sandra Liliana Pinto Camacho

Ingeniera Industrial PUJ & Administradora Hotelera AH&LA

1 de cada 3 matrimonios en el mundo se acaban por problemas con el manejo del dinero y esto es lo que esperaríamos sucediera con la relación tóxica que tienen 1 de cada 3 colombianos con el actual presidente, Gustavo Petro, al que le justifican hasta su más descabellada salida.

Mientras este vínculo destructivo se sigue manteniendo en esta mediana mayoría de electores, en los 3 años que van de su gobierno el país se sumergió en el peor de los escenarios macroeconómicos: el máximo nivel de endeudamiento en los años recientes y el déficit más alto de los últimos 21 años.

Para entenderlo mejor démosle un vistazo a la forma en que funcionan las cuentas en nuestra gran casa compartida.

El 63% de los ingresos del país provienen de los impuestos cuyo recaudo, hasta noviembre de 2025, había sido del 81%, por lo que ningún mandatario puede confiar en pagar todos los compromisos del Estado a partir de este cobro.

Para cubrir este faltante del 37% (si el recaudo de impuestos fuera del 100%), los gobiernos tienen que recurrir a otros ingresos no tributarios y lo hacen a través de los generados por las empresas estatales, las regalías, los rendimientos financieros, y la venta de bienes y servicios públicos.  Sin embargo, con estos rubros sólo consiguen el 17% de los que les hace falta.

El 20% adicional, si o si, lo consiguen accediendo a créditos internos y externos.

Quienes manejamos las finanzas en nuestros hogares sabemos que, adquirir un bien mediante un crédito encarece la cosa y esto mismo le pasa al país.  A medida que suben los créditos que año tras año van adquiriendo los distintos gobernantes, se hace necesario conseguir más y más dinero para pagar las cuotas, los intereses y otros gastos, que son cada vez más altos.

Y aunque quisiéramos creer que estas decisiones no nos afectan, lo cierto es que, para pagar este incremento de los créditos no ha habido un solo cuatrienio en el que no se haya aprobado una reforma tributaria que aumente los impuestos que terminamos pagando los colombianos en el mayor valor de los bienes y servicios que adquirimos todos los días.

La diferencia entre los ingresos y los egresos es lo que los expertos llaman déficit y, entre más alto es, quiere decir que menos está alcanzando la plata para pagar las obligaciones. Este gobierno, ha sumergido al país en el más alto en 21 años incluidos los desastrosos años de la pandemia.

Esta situación poner en riesgo las finanzas de Colombia a la que le puede pasar lo que le pasa a la mitad de los colombianos que no tienen acceso a crédito por estar reportados en datacrédito, y es que, los bancos multilaterales decidan cortarle el chorro por el incumplimiento en el pago.

Esto ya les ha sucedido a otros países como Argentina la cual adquirió el crédito más alto de toda la historia con el Fondo Monetario Internacional durante el gobierno de Mauricio Macri aumentando su deuda externa al 90% de su PIB. El default o incumplimiento de pagos durante la presidencia de Alberto Fernández, llevó al país gaucho al límite, causando un incesante aumento de la inflación, una temible devaluación de su moneda y, por supuesto, la llegada de un personaje extremo como Milei a la Casa Rosada.

El gobierno Petro, consciente de esta situación, decidió mantener los gastos de funcionamiento del Estado prácticamente inalterados del 2024 al 2025.  Sin embargo, disminuyó la inversión en áreas que representaban banderas de su gobierno como lo son la inclusión social y la reconciliación, a la que le quitó el 31% de los recursos, y la agricultura y el desarrollo rural, que ya ni siquiera apareció en el Presupuesto General de la Nación del 2025.

Estos recursos tuvieron que ser trasladados al temido incremento del capital, intereses, comisiones y otros gastos asociados al aumento de los créditos del 19% debido, como habíamos dicho anteriormente, al nivel de endeudamiento histórico alcanzado por su gobierno en el 2025.

Este sacrificio oculto de la inversión en programas relacionados con la inclusión social, la reconciliación, la agricultura o el desarrollo social han pasado desapercibidos gracias al anuncio del semanario británico «The Economist», que anunció con bombos y platillos que la economía de Colombia había sido en 2025 la que mostró un mejor rendimiento de toda América Latina y la cuarta que mejor se comportó en el mundo.

Entonces, ¿Cómo se puede explicar que, a pesar de que Colombia hubiera tenido durante 2025 niveles históricamente altos de endeudamiento y déficit, su PIB, nivel de desempleo, adquisición de acciones e inflación le hubieran otorgado este notable reconocimiento a nivel mundial?

Para no aburrirlos, lo dejaremos como tema para un próximo artículo.

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