Opinión

Simples rumores

 Luis Carlos Rojas García Kaell de Cerpa

Luis Carlos Rojas García Kaell de Cerpa

Escritor

En los últimos tiempos hemos estado asistiendo a una serie de barbaries alrededor del mundo, los cuales, no causan el más mínimo asombro, porque, de una u otra manera nos hemos vuelto normalizadores de todo tipo de violencias, guerras, genocidios y de la misma degradación humana.

Tal vez por esta razón, y como para poner un pequeño ejemplo de hasta dónde nos hemos vuelto normalizadores, está la manera pasiva como se afrontan cada una de las atrocidades que acontecen en la tierra del tío Samuel, comandado por el innombrable anciano de color naranja, amo y señor del espectáculo absurdo, el cual, no sólo orquesta guerras, sino que, además, arremete contra su propia población y la de los inmigrantes que han trabajado de sol a sol para mantener a flote ese país.

Del asunto de la normalización es tan grotesco que no podemos dejar pasar por alto que gran parte de la votación que le ayudó a Donald Trump a retomar el poder, fue precisamente de los mismos latinos y de inmigrantes que, hoy por hoy, se convirtieron en la peor plaga que ha invadido a un país tan puro y santo como lo son los gloriosos y santificados Estados Unidos de América.

Por supuesto, hemos visto a mucho gringo y gringa llorar en redes sociales en favor de los inmigrantes, sobre todo los latinos, y de paso lograr muchos likes; de la misma manera, hemos visto a algunos países criticar tímidamente las nefastas medidas de Trump, aunque, excluyo a Colombia, porque, si hay un presidente que se ha parado en la raya con el tema del ataque a los inmigrantes ha sido, y aunque a muchos les duela y no les guste, el señor Gustavo Petro.

Siendo sinceros, es importarte decir que los gringos tienen el gobierno que se merecen y que dicho gobierno representa a cabalidad los intereses de su pueblo racista y xenófobo; aunque, para ser justo, no podemos decir que son todos, así como tampoco podemos decir que todos los inmigrantes sean buenas personas, pero, una gran mayoría de personas están muy de acuerdo con el pensamiento y el proceder atroz de su representante.

Ahora bien, por estas tierras frías del norte han querido hacer ver que están en desacuerdo con lo que pasa en USA, pero, la realidad es otra, ya que, desde que Trump comenzó con su plan macabro de exiliar a todos los inmigrantes que más pueda, aquí en Canadá, unos y otros se han estado relamiendo los bigotes para hacer lo mismo.

Y aunque aquí en el paraíso quieran mantener una imagen de humanitarismo a flor de piel, la verdad es que el racismo y la xenofobia se sirven en platos pequeños o se suministran en gotitas para que no se sienta tan duro.

Pero, y tengan claro esto, basta con que el gobierno comience a aplicar sus leyes con severidad y que la maquinaria propagandística en contra de la inmigración arranque con toda, para que todos, todas y cada uno y una, dejen salir el xenófobo y la racista que llevan dentro.

Si no me creen, les recuerdo que hay personajes como François Legault, premier de Quebec, quien no ha escatimado en detalles para culpar a los inmigrantes de todo tipo de cosas negativas y eso alienta a más de uno a ver al inmigrante como escoria; es más, nos dimos cuenta de la actitud agresiva y denigrante de muchos inmigrantes radicados en este país contra otros inmigrantes en proceso de residencia cuando los comenzaron a culpar por la falta de empleo y de viviendas.

Pues bien, según cuentan los que dicen saber e informar, y aunque por ahora pareciera que son simples rumores, el actual primer ministro de Canadá, Mark J. Carney, estaría fortaleciendo el proyecto de ley C-2 que, de hecho, fue presentado el pasado 3 de junio por parte del ministro Federal de Seguridad Pública, Gary Anandasangaree.

El supuesto objetivo de dicha ley es el reforzar la seguridad fronteriza e incluye nuevos poderes en materia de inmigración, entre ellos, suspensión de procesos migratorios. Esto ha prendido las alarmas ya que muchos dicen que esto es simplemente una manera de congraciarse con los Estados Unidos, especialmente con Trump y que, si no se revisa a profundidad, el mal llamado paraíso podría estar repitiendo las malas y atroces conductas de su vecino.

Lo cierto es que en ningún país del norte, del sur o de más allá, un inmigrante estará a salvo; siempre caerá sobre nosotros la mirada transgresora, el señalamiento y hasta nos acusarán de llevar el pecado original por el simple hecho de tener otro color de piel o una lengua distinta, sin importar que en la historia de la creación y fundación de estos países la labor del inmigrante fuese fundamental para pelear sus guerras, para levantar sus muros, carreteras, fortalecimiento de sus economías y la elección de sus dirigentes.

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