Opinión

¿Somos los tolimenses unos huevones o es que nuestros congresistas nos hacen quedar como tales?

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

Por años, los tolimenses hemos cargado con ciertos estigmas que, en muchos casos, no nos representan. Nos han dicho que somos pasivos, que no reaccionamos, que nos dejamos meter goles por todas partes. Pero hay que preguntarse con franqueza: ¿de verdad somos unos “huevones” para todo o es que quienes dicen representarnos en el Congreso nos hacen ver como tales? como aparentemente se filtró en un chat durante la semana que culmina.

La gestión —o más bien, la ausencia de ella— de Delcy Isaza, Gerardo Yepes, Alejandro Martínez y Óscar Barreto, todos del Partido Conservador, da para pensar que no es el pueblo el que ha fallado, sino los representantes que ha elegido. En tres años de legislatura, poco o nada se ha sentido su voz en el escenario nacional. Su presencia en el Congreso ha sido más simbólica que efectiva, más interesada que representativa.

En el Tolima solo los vemos en época de elecciones o cuando toca tomarse la foto con el cafecito de rigor, lanzando críticas al Gobierno Petro, pero ejerciendo una “oposición de papel” que se desvanece en Bogotá, donde votan sin reparo los proyectos del Ejecutivo o al menos hacen parte del quórum necesario para que se presenten, se discutan y se aprueben. Esa doble cara no es política, es cinismo.

Y mientras tanto, los grandes temas del Tolima siguen esperando: vías inconclusas, crisis del agro, salud pública deteriorada, falta de oportunidades para los jóvenes… ¿dónde están nuestras voces en el Congreso cuando de verdad se deben defender estos asuntos?

No se trata de pedir que nuestros congresistas se enfrenten ciegamente al gobierno de turno, sino de que cumplan su papel: representar con dignidad y firmeza los intereses de su gente. El silencio cómplice, la comodidad del anonimato y la sumisión por conveniencia solo refuerzan la idea de que somos un departamento dormido, apático y conformista.

Pero no, los tolimenses no somos huevones. Hemos demostrado en múltiples ocasiones que tenemos carácter, historia y fuerza. Lo que sucede es que tenemos congresistas que no están a la altura del pueblo que los eligió, que prefieren los acuerdos en la sombra y las cuotas burocráticas a dar la pelea por el bienestar común.

Si queremos cambiar esta narrativa, tenemos que empezar por exigir resultados, coherencia y transparencia. Que los nombres que hoy se esconden detrás de una curul no nos sigan representando con vergüenza. No se trata de odiar la política, sino de dignificarla.

En resumen, el problema no está en el pueblo, sino en sus voceros. Y ya es hora de que el Tolima despierte y les pase la cuenta.

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