Opinión

Todos aman al invierno

Luis Carlos Rojas García

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Casi como un enfermo agonizante, el otoño va muriendo abrazado por el frío y la temperatura que, insolente, baja a cero grados. Entonces, un discurso encantador comienza a aparecer en la boca de unos y otros porque, aquí, en el paraíso: ¡Todos aman al invierno!

Tal vez por esta razón, el invierno entra como Pedro por su casa e inunda cada calle, avenida, rincón y hasta los corazones fríos y dispuestos a vivir de la maravillosa y encantadora ilusión libertaria que todo lo puede, que todo lo transforma y que al final de sus días, les invita a vivir en la eterna soledad de su liberada vida.

Así es, la dulce, enternecedora y escalofriante nieve blanca, juguetea con la gente y sus mentes; les conquista como una viuda negra y luego, en medio del marketing y los dólares, vemos a más de uno visitar a esos señores que formulan pildoritas de colores que hacen que el sueño sea más profundo y placentero.

Los vemos con los vasos llenos de hielo y algunos, los más soñadores, duermen en los rieles de los trenes o sentados en sus cómodos sillones seguros que ni la prensa, ni nadie, hablará de ellos porque así funciona el cuento de la espectacular calidad de vida y sus premios.

Y eso está bien, mantener la apariencia está muy bien, de lo contrario, quién querría vivir en el paraíso. Además, las redes ayudan a mantener las cosas en orden.

Ahora bien, en ese eterno enamoramiento, a unos y otros, se les escucha decir que aman los deportes de invierno, el deslizarse sobre el asfalto congelado y hasta patinar sobre hielo. Aman, según ellos, la manera como la vida se mezcla con el blanco enceguecedor, la ropita de protección y hasta ir a pescar en los ríos cubiertos por ese manto grueso.

También aseguran, en su idilio, que a pocos kilómetros de distancia se puede ir a la casa del viejo Santa y si uno anda de suerte, se puede sentar a tomar chocolatito caliente con los duendes que trabajan sin parar para llevar los regalos a todos los niños del mundo; bueno, no a todos, a los de Afganistán por ejemplo no les llevan regalos porque todo el tiempo están en guerra y a una gran parte de la población de Colombia tampoco, porque cuestiones de políticas entre gobiernos.

Yo sé que más de uno estará diciendo que nada de lo que aquí escribo es cierto, pero, uno que es bien curioso, pregunta aquí o allá y al cual más comparte la misma opinión: ¡Todos aman al invierno!

Incluso los que no aman el invierno lo aman, porque el invierno es maravilloso, espectacular y cuando llega la navidad, hasta se muestra tierno; sentir el clima del menos treinta y esa vida bajo cero es, según ellos, una sensación indescriptible y única, original, diferente a las demás.

Por esta razón, no hay que asustarse con eso del cabello mojado que se congela, para eso están todas esas prácticas de higiene que a veces… bueno, a veces dejan de ser tan higiénicas ya que se vuelven malos hábitos que luego no se curan.

Tampoco hay que temer a la carretera escarchada porque aquí, aquí sí que están preparados para todo lo que caiga del cielo. Bueno, menos para los que traen sus malas mañas, pero, eso es otro cuento.

Siguiendo con lo nuestro, no hay de qué preocuparse por nada, la vida sigue, aquí no se para, se produce, incluso los que paran y paran, siguen produciendo; para lo demás, existen todo tipo de bebidas de colores y sabores que ayudan a que todo se mueva como debe moverse, sobre todo en invierno. Son todos estos líquidos, verdaderos elixires de vida propios de estas fecundas y promiscuas tierras.

Como sea, todos aman al invierno, pero, de vez en cuando y solo de vez en cuando, se les escucha planear, soñar, evocar, rememorar, recordar, imaginar y asegurar, que cuando llegue el verano se van a ir a acampar, a montar bicicleta todos los días, van a salir a caminar, van a ir a los parques, a los bares, a las playas, van a hacer los mil y un BBQ, las fogatas, las visitas (aunque poco o nada se puedan visitar) van a usar pantalonetas y pantalones cortitos con chancla y esqueleto por si las moscas o simplemente se van a quitar la camisa para que el sol los pueda broncear y guardar un poco del mismo para cuando llegue el frío. Se les escucha decir también, que van a aprovechar al máximo la corta visita del astro rey porque en el reino de la calidad de vida, los dólares y los beneficios que el cambio harán, todos aman al invierno, incluso, los que no lo aman, lo aman.

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