Fútbol

Un 12 de mayo: Forlán se consagro, el Atlético volvió a brillar

 Juan Manuel Capera Barrero

Juan Manuel Capera Barrero

Estudiante de Comunicación Social y Periodismo

Corría la segunda semana del mes de mayo del 2010. Aunque en nuestra mente parece sonar cercano, estamos hablando de hace más de una década. El fútbol europeo recibía una nueva ola de proezas españolas. Un año antes, el Barcelona se había llevado la Champions derrotando al Manchester United de Ferguson y Cristiano Ronaldo. Casi un año después, un 12 de mayo como hoy, el fútbol volvía a citar a un equipo español y a un equipo inglés en una final europea. No era la Champions, era la Europa League, pero había un aire de revancha entre ambos antiguos reinados.

Dos equipos sin mucha gloria internacional se encontraban en el Hamburgo Arena con la ilusión de un título internacional que abriera la puerta a la grandeza. El Fulham de Inglaterra, el de Danny Murphy y Simon Davies, llegaba a la máxima instancia después de haber derrotado al Hamburgo que tenía el favoritismo y la ilusión de ser campeón de Europa en su propio estadio. Por el otro lado, llegaba el Atlético de Madrid, los colchoneros rojiblancos que sacaban la cara en ese momento por el fútbol madrileño. En el banco Quique Sánchez, en la portería De Gea, y en cancha, una combinación perfecta entre españoles y latinoamericanos que hacían del Atlético de Madrid un equipo apto al título. Destacaba el Colombiano Luis Amaranto Perea (hoy técnico del Junior), y la delantera sureña, la dupla, “Gaucho-Charrúa” que formaban Diego Forlán y un juvenil Sergio Agüero.

Sánchez Flores y toda su plantilla tenían en frente la oportunidad de volver a ser vistos por toda Europa levantando un título, situación en la que no se encontraba el Atlético desde 1962 cuando conquistó la Recopa frente a la Fiorentina.

El italiano Nicola Rizzoli señaló el inicio del partido y ante 50.000 personas, empezó una inolvidable Batalla en Hamburgo. Desde el primer minuto el “Atleti” buscó ganarlo. Era el equipo que más hambre mostraba, la gloria antigua de lo conseguido frente a la Fiorentina motivaba a cada jugador rojiblanco a dejarlo todo en la cancha. A los 11 minutos, Forlán avisó estrellando el balón en el horizontal izquierdo del australiano Mark Schwarzer, quien con el pasar de los minutos se fue haciendo figura.

Era solo una premonición de lo que iba a pasar al minuto 32, cuando el delantero uruguayo capturó un remate desviado del “Kun” y corrigió su trayectoria para mandarla al fondo de la red. Sin embargo, los ingleses fueron rápidos, fieles a su estilo, y tan solo cinco minutos más tarde, Simon Davies capturó un balón aéreo y fulminó a De Gea con un derechazo implacable.

La segunda parte fue más física, más de roce y tensión el partido fue digno de una final europea y así quedó grabado en la retina de todos los que pudieron presenciarlo ya fuera en Hamburgo o por televisión.

Los noventa minutos no fueron suficientes y hubo que ir al alargue. Cuatro minutos antes del pitazo final, cuando no piernas que resistieran ni oxígeno en las cabezas de los jugadores, apareció Cachavacha, cuál matador para enviar el balón al fondo de la portería y poner al Club Colchonero de nuevo en la Elite del fútbol europeo y mundial. Forlán se consagro como héroe colchonero. Una prefiguración de lo que vendría más adelante en Radamel Falcao. Esa noche, el rojiblanco madrileño mostró que tiene sangre de grande y comenzó a tener a su favor una deuda que el deporte rey tiene con el barrio colchonero de la castellana. Una deuda que hasta el día de hoy se sigue agrandado, pero que en algún momento el fútbol pagara. Desde esa noche el Atlético de Madrid hace fila y méritos para estar siempre en lo más alto del fútbol mundial

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