Opinión

Y la educación sexual y reproductiva, ¿para cuándo?

Adriana Bermúdez

Adriana Bermúdez

Creyente en que con la verdad, todo se puede. Comunicadora social, Magíster en Administración.

Esta semana la Corte Constitucional aprobó el aborto legal hasta la semana 24, aunque desde 2006 estaba aprobado para tres casos: cuando existe peligro para la salud física o mental de la mujer, cuando exista grave malformación del feto que haga inviable su vida extrauterina o en caso de acceso carnal violento, transferencia de óvulo fecundado o inseminación artificial no consentida; sin embargo, esto no era suficiente para quienes consideran que toda mujer es dueña de su cuerpo y que ella es la única que puede decidir sobre lo que ocurre en él, aunque al hacerlo afecte a otros: quizás a un padre, quizás a un hijo.

Y aunque es cierto que legalizando el aborto morirán menos mujeres producto de abortos clandestinos, esta decisión debió llegar acompañada de una verdadera política de educación sexual y reproductiva, porque no podemos seguir pensando que dar a las jóvenes pastillas anticonceptivas desde los 12 o 14 años, es la manera de proveerles educación sexual o evitar la concepción de hijos no deseados. Y no me refiero a que debamos enseñarles que tener relaciones sexuales es pecado, porque esto no debe partir de lo teológico, pero sí es necesario enseñarles qué pasa en ellas, en su cuerpo y en su mente, cuando comienzan su vida sexual y que una de las consecuencias a las que están expuestas es un embarazo. Informarlas es necesario para ayudarles a crear su propia decisión, para enseñarles a prevenir.

Y no son solo ellas quienes necesitan guía, la educación sexual debe ser para todos y debe darse desde temprana edad, para entregar herramientas a los niños que les permitan, quizás, hasta prevenir abusos y violaciones, porque al conocer su cuerpo, al saber cómo manejarlo y al tener claros cuáles son los límites de los otros, estarán más empoderados, sabrán protegerse y denunciar cuando sientan que alguien puede herirlos. Además, si educamos desde la infancia, podemos lograr que adolescentes y adultos sean conscientes de su papel como miembros de pareja y de familia, y aprendan a responsabilizarse de sus acciones. La falta de esa consciencia es la que hace que haya tantos niños sin padres y tantas madres solas, luchando por dar lo mejor para sus hijos.

Necesitamos enseñar a nuestros jóvenes la importancia y el valor de la vida, y eso podemos lograrlo con una política de educación sexual y reproductiva que se imparta en los colegios, a través de los medios de comunicación, una estrategia enfocada en redes sociales que permita llegar a todos, así estarán en capacidad de tomar decisiones con mayores argumentos, podrán establecer límites a su proceder al tener claras las consecuencias de su actuar y, como sociedad, nos sentiremos más tranquilos al saber que quienes elijan opciones como el aborto, lo harán porque era la única y mejor opción que tenían para garantizar la vida.

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