50 años y contando – Parte I
Soy hincha del Deportes Tolima desde mi nacimiento, pero mis primeras visitas al viejo Estadio San Bonifacio de Ibagué datan del año 1965. Como varias veces lo he contado, vivíamos muy cerca del estadio, en el Barrio Cadis (todavía no se había españolizado) y la rutina de domingos de partido era muy especial. Almorzabamos en la casa, mi papá se acostaba a dormir la siesta oyendo entre gallos y medianoche los preliminares del partido. Cuando comenzaba a sonar el Himno Nacional ejecutado por la banda del Batallón Rooke, prendía su Renault Dauphine y en 5 minutos estábamos en el estadio, alcanzando a ver salir a la banda militar por la puerta del estadio. Eran los tiempos de Fontán, Reynoso, Juanito Martínez, Oscar Jamardo, el paraguas Silva, Hernando Piñeros, Germán Castellanos y otros históricos.

El equipo no rendía en aquellos años 60s, cuando siempre estábamos dentro de los tres equipos abajo de la tabla. Pero ir al estadio era un buen programa, que disfrutaba mucho en compañía de mi papá y luego con él y mis hermanos. En 1972 llegó Maravilla Gamboa, subimos al séptimo puesto, estuvimos 10 fechas invictos y éramos felices. En aquel año viví mi primer partido fuera de Ibagué, en unas vacaciones en Barranquilla. Tolima ganó 2-0 en el viejo estadio barranquillero y en el primer gol del equipo me levanté a gritar el gol. Mi primo costeño no lo podía creer, me agarró por la espalda y me sentó gritándome “!marica, cachaco, vas a hacer que nos maten!” Terminé el partido comiendome las ganas de gritar el segundo gol y sin poder disfrutar el triunfo en cancha ajena.
En 1973 viaje a terminar mi bachillerato en la Escuela Naval, donde apenas podía recibir una que otra noticia del equipo. Quintos en el 73 y últimos en el 74, doceavos en el 75, me enteraba por carta de esas noticias, poco alentadoras. Era la época de Jorge Guzmán y Jaime Rengifo, que sostenían el equipo a base de “puros criollos”.
Llegó 1976 y ya era un universitario primíparo en Bogotá. El equipo se armó con una buena nómina, contratando a Victor Campaz, un gran jugador de aquellos años. Con varios jugadores de postín y Maravilla Gamboa como técnico, todo pintaba muy bien. Con un grupo muy grande de tolimenses llegamos al Campín, el 15 de febrero de 1976, en el primer partido del campeonato de aquel año.
Tolima se plantó bien frente al poderoso Millonarios de Willington Ortíz, Converti y Amado y logramos sacar un empate 0-0 en el primer tiempo. En el segundo Dizz derrotó al “ratón” Macías, que era figura del equipo. Millos seguía atacando, buscando ampliar la ventaja, pero Macías estaba en su tarde. Carlos Rodríguez empató para Tolima a los 40 minutos del segundo tiempo y Maravilla Gamboa, arriesgado, mandó a todo el equipo al ataque, aprovechando que Millos estaba con 10 hombres desde finales del primer tiempo. A los 44 Jaime Morón se fajó con un impresionante gol, Ballesteros nada pudo hacer. !Tolima ganando en el Campín! Los muchos tolimenses que vivímos ese triunfo llorábamos en la tribuna occidental, cantando el Bunde tolimense a todo grito. Mi primera gran alegría con el Tolima, un partido de hace 44 años que recuerdo como si fuera hoy.


Por muchas razones el equipo no pudo continuar con su buena marcha aquel 1976. Tuvimos en algún momento del año 17 fechas sin ganar y terminamos últimos. Se acababa la época de los puros criollos y llegaba Devanni con varios argentinos, entre los que recuerdo a Pianetti. Otro de los recién llegados, Daniel Sancisi, hizo historia en su debut el 31 de enero de 1976. A los 25 minutos hizo un gol a 25 metros del arco, pero a los 77 le clavó un autogol a su compatriota Georgetti. A pesar de tener buenos jugadores, tampoco pudimos en aquel año. Hector Rivera llega a la presidencia del equipo en 1978, consigue el patrocinio de la Licorera del Tolima, pero pasaron 2 años sin lograr resultados.
EL KOKORIKO TOLIMA
A finales de 1979 llegó Gabriel Camargo al Tolima. Empresario avícola, tenía muy buenos contactos con los hermanos Robayo de Kokoriko, que pusieron plata de verdad para sacar al equipo adelante. Llegaron Elmo, Ozuna, Quintabani, Victor Hugo del Río, Heberto Carrillo, Hugo y Nelson Gallego, Picapiedra Castilla, Janio Cabezas, entre otros, formando un plantel muy competitivo. Un equipo de ensueño en 1980, que brilló en el segundo semestre y quedó a un punto de entrar en las finales. Llegaba la época dorada.
1981 es un año que siempre quedará en mi memoria como hincha del equipo. El primer semestre no fue bueno, pero con la llegada de Pedro Nel Ospina como técnico las cosas se dieron. Todo el semestre actué como “cronista”, pues mi hermano Juan Manuel estaba en la Escuela Naval y cada semana yo le enviaba los periódicos con las noticias deportivas, pero también mi reseña y comentarios de lo que había pasado en el campeonato. El programa radial de deportes «La barra de las 13», con su director tolimense Alberto Piedrahita, era nuestro pan de cada día. 11 partidos invictos, algunas derrotas aisladas, pero estábamos en las finales por primera vez desde 1957. Primeros en el grupo B del segundo semestre, terceros en la reclasificación, Tolima llegaba en gran forma a los cuadrangulares.
El cuadrangular semifinal de 1981 de Tolima incluía al temible Nacional, junto a Cali y a Quindío, que en aquel año nos tenía de hijos. El 8 de noviembre de 1981 arrancamos con partidazo en Ibagué, 1-1 frente a Nacional, frente a 12.000 espectadores. Mi papá en el estadio, Juan Carlos y yo desde Bogotá por radio y mi hermano Juan Manuel en la Escuela Naval esperando carta. El 11 de noviembre logramos empate en Armenia 0-0 y el 15 estuvimos a punto de la hazaña en Cali. Tolima ganaba a los 20 minutos del primer tiempo 2-0 con un par de golazos de Cristino Centurión, pero el Cali sacó fuerzas y nos empató 2-2. La cuarta fecha era en Ibagué, contra Cali, el 18 de noviembre de 1981.
Largas filas se veían en el Murillo Toro aquel miércoles 18. Un poco antes de comenzar el partido, se derrumbó parte de la baranda de la tribuna occidental, que ya estaba repleta de aficionados, entre ellos mi papá. Murieron aplastadas 15 personas. En Bogotá no sabíamos qué hacer. Mi mamá no sabía nada de mi papá, ni de mi tío Hernando, que siempre lo acompañaba. Tras muchas horas de angustia, mi papá llegó a la casa. Médico, inmediatamente vio lo que pasaba bajó a la gramilla a atender heridos. Luego salió para el Federico Lleras, en una de las tantas ambulancias que llegaron al estadio, a seguir atendiendo aficionados. Sin celulares para avisar, Humberto Niño le dió prioridad a su deber profesional, mientras nosotros sufríamos por la falta de noticias. El estadio se desocupó en silencio, la tragedia superaba a la alegría.


Rápidamente la Dimayor y las directivas del equipo acordaron seguir la temporada en Bogotá. Una colonia de cientos de miles de tolimenses en la capital, más el entusiasta apoyo de los bogotanos, hicieron que el Campín fuera la escogencia inmediata. El 21 de noviembre, ante un estadio con 30.000 aficionados, Tolima actuaba de local con un 0-0 frente a Quindío. Todavía pesaba la tragedia y Tolima llevaba 4 empates en línea, que no eran suficientes para clasificar. El 25 de noviembre, otra gran entrada en Bogotá frente a Cali, con entusiastas tolimenses apoyando al Kokoriko Tolima. Mi hermano y yo, junto a un gran grupo de amigos, vimos ganar 1-0 al Tolima frente a Cali, con penal cobrado por Victor Hugo del Río, el goleador del campeonato. Parecía muy cerca la final.

El 29 de noviembre, en un partido en Medellín, se concretó la hazaña. Evaristo Isasi puso a ganar al Tolima 1-0 y los últimos minutos fueron de infarto. Tolima llegaba a la final como primero de su cuadrangular, dejando por fuera al Cali. Por primera vez en un cuadrangular final, frente a Nacional, América y Junior. Diciembre de 1981 se veía lleno de fútbol.
Tolima arrancó con empate en Barranquilla 0-0 y volvió a empatar 0-0 en El Campín, frente a América en un estadio lleno y la fuerza de muchos tolimenses que quedamos frustrados. En Medellín Nacional se desquitó 2-1 y la veíamos difícil. Pero en la cuarta fecha, en un Campín dividido entre tolimenses y paisas, logramos vencer 4-2 a Nacional. En una tribuna sin división alguna, nos enfrentamos a las barras paisas, en un partido que cambió varias veces de bando.
Aquella tarde de diciembre yo tenía ya 24 años y junto a mi hermano Juan Carlos vivímos 90 minutos de adrenalina pura. Les gritábamos los goles a los paisas en la cara, ellos nos contestaban con madrazos e insultos, afortunadamente sin mayores consecuencias. 4-2 y varios días para recuperarse de aquel mítico partido. En la quinta fecha, Tolima perdió 2-1 en Cali y quedaba sujeto al juego de las posibilidades y las estadísticas. Solo servía ganar en la última fecha para aspirar a ser subcampeones.
Tarde en diciembre, regresé a mi casa en Ibagué para disfrutar de las vacaciones frente a la familia. Nos perdíamos el partido decisivo frente a Junior, pero la verdad después de aquella jornada frente a Nacional tenía miedo de mi mismo. Aquel aficionado enloquecido, al borde del infarto, me parecía peligroso y lejano. El domingo 20 de diciembre de 1981 me quedé solo en mi casa, de rodillas frente a un radio todo el partido. Como frente a Nacional, el partido cambió de propietario varias veces y los 42 del segundo tiempo íbamos empatados 3-3 y se esfumaban las ilusiones. Centurión y Del Río se cuadran para cobrar un tiro libre lejos del arco, pero es Heberto Carrillo el que aparece de la nada y vence a Juan Carlos Delménico desde 35 metros. En nuestro apartamento de la calle 12 con carrera cuarta en Ibagué se oyó muy fuerte el grito de gol, cantado por millares de ibaguereños. Salí corriendo a la calle, el final del partido lo viví en la tradicional esquina de la doce con tercera en Ibagué abrazado con decenas de paisanos enloquecidos. En los minutos siguientes el centro de Ibagué se convirtió en la locura total. !Copa Libertadores! La hazaña de un modesto equipo de provincia, acostumbrado a estar siempre en los últimos lugares.
Culminaba un año que difícilmente volverá a darse para el equipo. Tolima había sido último en el primer semestre de todos contra todos con apenas 6 victorias en 26 partidos, primero en su grupo en el segundo semestre con 27 puntos en 21 partidos, en la época en que solo se daban 2 puntos por partido ganado. Había brillado en los cuadrangulares, había vivido una tragedia en su estadio y era el equipo consentido y respetado por toda Colombia. Se siente nostalgia y añoranza revivir aquel mágico diciembre de 1981 en las calles de Ibagué. Con 24 años, a punto de empezar una carrera bancaria, sentía que el mundo era nuestro, que el Tolima brillaba en lo más alto del firmamento. Volvería a vivir ese diciembre 22 años más tarde, pero eso hace parte de la segunda parte de estas memorias de aficionado.





