Anécdota viajera: Deseos cumplidos

Cuando viajamos, es fácil encontrar a nuestro paso leyendas sobre: fuentes de deseos, esculturas milagrosas, aguas benditas y todo ese tipo de historias que entretienen a los turistas ¿y por qué no?, que realmente hacen parte de la tradición cultural de los lugares que visitamos.
Yo no soy de pedir deseos, pero si soy de la filosofía de que: “al lugar que fueres has lo que vieres”, así que, en cada viaje, hago los rituales más clichés que puedan existir… prefiero arrepentirme de haberlos hecho y no de no haber actuado… por lo tanto, son muchas las experiencias que he acumulado en ese aspecto.
Pero la que más recuerdo, tal vez porque se hizo realidad, es el deseo que pedí en el Nevado del Ruiz, aquí en Colombia.
Quique y yo éramos novios, y decidimos pasar un fin de semana a Manizales e ir al Parque de los Nevados. En nuestro ascenso a la montaña íbamos haciendo múltiples paradas, y en una de ellas el guía nos explicó que, al poner una piedra sobre otra, podíamos pedir un deseo… yo motivada – tal vez por la luna de miel del fin de semana – me arriesgue a pedirle a la madre naturaleza el deseo que cualquier mujer después de 6 años de noviazgo podría hacer… pedí casarme con Quique.
Yo me sentía un poco boba haciendo eso, pero una vez que armé mi torre de piedras (tenía que asegurarme), solo me sonreí, miré a Quique y por primera vez, con mis gestos, le insinué mis oscuras intenciones y le pregunté, ¿Qué si adivinaba qué había pedido? Él pareció ignorarme y yo pensé que no me había escuchado… pero hoy escribiendo esta historia, creo que si me escuchó… es más, después de eso se enfermó y yo pensé que era por la altura, ahora lo entiendo todo.
Al fin de semana siguiente, estábamos juntos, y de repente, comenzamos a hablar sobre el futuro, y la posibilidad de unir nuestras vidas para siempre… yo no podía creerlo y me reía en mi interior. Seguimos hablando y esa noche fue la que decidimos casarnos… según él, fue el momento en que ACEPTO mi propuesta, y que saqué de debajo de la cama el vestido de novia y las tarjetas de invitación con nuestros nombres. Pero la verdad, eso es falso, pues las tarjetas tenían en blanco el nombre del esposo.
Esta es la hora que supongo que fue casualidad, pero igual desde ese día no dejo de pedir un deseo cada vez que me encuentro en un viaje ante un ritual de estos.
Hace un par de años volví al nevado del Ruiz, y muy emocionada puse de nueva las piedras, en esta ocasión como agradecimiento por haberme concedido mi deseo.
Pero la vida, así como los deseos cumplidos, dan muchas vueltas, así que siento que hoy debo regresar… pues creo que el guía no mencionó la letra chiquita y necesito hacer una reclamación por garantía.




