Opinión

¡Camarada, Compañero Presidente: despierte o ponga la alarma que nos están matando!

Juan David Rincón Galindo

Juan David Rincón Galindo

Comunicador Social y Periodista
Especialista en Periodismo Deportivo
Socio ACORD – Tolima
Director Tolima Online

Colombia sangra otra vez. Y no es un titular reciclado, es una realidad repetitiva que asfixia. Esta semana, los ojos del país se posaron sobre Cali y Amalfi, dos territorios distintos en geografía pero hermanados en tragedia. En Cali, la violencia urbana se disfraza con un vil atentado, mientras en Amalfi, Antioquia, la guerra se viste con el uniforme de los grupos armados ilegales que, en plena vigencia del siglo XXI, siguen disputándose el control del miedo.

Mientras tanto, en la Casa de Nariño, el silencio del Gobierno resulta tan ensordecedor como ofensivo. ¿Dónde está la voz del Presidente que prometió la paz total? ¿Dónde está el Estado cuando las balas suenan más fuerte que las promesas? ¿Cuántos muertos más deben aparecer en los caminos rurales o en los barrios periféricos para que se encienda la alarma en Palacio?

Lo de Amalfi no es nuevo. Esa región ha sido víctima histórica del abandono institucional. Allí, el Estado llega tarde o no llega. Y cuando lo hace, lo hace con discursos, no con soluciones. Y en Cali, ciudad que fue símbolo de alegría, respetos y civismo pareciera que regresara a los horrores de los años 90. Todo esto ante una fuerza pública desmoralizada, mal equipada y sin rumbo.

Presidente, no basta con señalar a los «enemigos de la paz». El enemigo hoy es la inacción. El enemigo es la narrativa vacía mientras las comunidades entierran a sus hijos. El enemigo es creer que el diálogo sin justicia ni presencia estatal resuelve décadas de conflicto.

Nadie le exige milagros, Presidente, pero sí presencia. No basta con recorrer el país en mítines o hablar desde la tarima. Hace falta gobernar con los pies en el barro, con el oído en la comunidad y con la mirada en las zonas donde la vida vale menos que una bala.

Es momento de entender que la «paz total» no se decreta, se construye. Y se construye con seguridad, inversión social, justicia y, sobre todo, con voluntad política. Lo que hoy vivimos en Cali y Amalfi no es una casualidad, es la consecuencia de un Estado que mira hacia otro lado mientras sus ciudadanos son asesinados.

Así que, Camarada, Compañero Presidente: despierte. O al menos, ponga la alarma. Porque mientras usted duerme entre discursos ideológicos y promesas abstractas, a nosotros nos están matando.

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